—¿Cuánto tomás de tu trabajo como asesora en comunicación a la hora de escribir?
—Vivo de escribir, en todo sentido. Estudié publicidad y me especializo en redacción. Es un trabajo difícil de describir a quienes no se encuentran en este ámbito, pero sería algo así como "escribir lo que otros quieren decir pero no saben cómo". Aunque pueda sonar pretencioso, es exactamente eso: darle forma a los pensamientos y objetivos de otras personas. Mis lectores me dicen eso muy seguido: "Pusiste en palabras algo que yo sentía pero no sabía cómo expresar". Y la verdad es que me enorgullece y me hace muy feliz poder hacerlo.

—¿Cuáles eran los temas que mas te interesaba abordar?
—Siempre me interesan temas relacionados a las emociones. Quería hablar un poco más sobre salud mental. Por suerte, cada vez está más aceptado que alguien vaya al psicólogo y al psiquiatra, pero sigo viendo mucha ignorancia y tabúes girando alrededor de ciertos temas. En animarse y saltar incluí algunas experiencias que tienen que ver con la ansiedad y la depresión, desde mi lugar de paciente, con responsabilidad y sin querer "aconsejar" ni situarme en un lugar que no me corresponde.

—¿Por qué el título?
Animarse y saltar surgió naturalmente como la continuidad de mis libros anteriores. Luego de haber tomado conciencia, de saber dónde estoy parada, qué tengo y qué me falta, de haber comprendido que la felicidad no era una situación ideal ni una meta al final de ningún camino, entonces me toca actuar. Me toca asumir los riesgos y saltar, con miedo y todo.

—¿A quiénes está dirigido el libro?
—Antes pensaba en un público adolescente y joven adulto, ahora no. Creo que se trascendieron las fronteras de las redes sociales y los lectores que se encuentran ahí. Me han leído chicos de 15 y abuelas de 80 años.

—¿En qué género lo pondrías?
—Nunca tuve muy en claro eso. Pero definitivamente no me parece que sea un libro de autoayuda. Porque ningún texto te dice qué hacer. Tampoco te brinda respuestas trascendentales para tus problemas ni te indica qué camino tomar. Es como un híbrido entre mis reflexiones y experiencias propias y algunos cuentos y relatos ficcionados.

—¿Cuál es la importancia de las redes sociales a la hora de contar historias?
—Creo que si bien el anonimato es un arma de doble filo, puede usarse de manera muy positiva. En las redes tenés la capacidad de contar tu propia historia con honestidad y sin careta. Podés darte cuenta de que no estás tan solo como pensabas y construir comunidades con personas que viven o piensan parecido a vos. Hay mucha gente que no encuentra espacios donde compartir sus opiniones, y las redes se convierten en ese lugar. Un lugar en el que se puede leer a otros e identificarse con sus relatos y un lugar donde expresarse. Como canal, para los escritores, creo que desde hace unos años se convirtió en una oportunidad invaluable para llegar a muchas personas que de otro modo jamás nos hubiesen conocido.

—¿Qué te gustaría que el lector encuentre en este libro?
—Que se cuestione, que se encuentre consigo mismo. Que pueda identificarse o reflexionar sobre sus propias historias. Como dijo Emilio José Pacheco, "no leemos a otros, nos leemos en ellos".

—Durante la cuarentena, ¿pudiste escribir?
—Absolutamente, mucho. A mí me mueven las emociones para escribir. No necesito estar relajada ni libre de preocupaciones para hacerlo, más bien todo lo contrario. Esta pandemia nos ha movido mucho interiormente a todos. Yo no conozco otra manera para canalizar todo ese flujo de pensamientos, esperanzados o no.

—¿Ya tuviste intercambio con los lectores?
—íDesde el primer momento! Tengo algo así como un club de fans que se llama "Team Bleu". Antes de que estuviera a la venta, me acompañaron virtualmente. El día que lo presenté en la feria del libro de Mendoza on line, se pusieron todos en contacto para verme. Me llegó un ramo de flores enorme a mi casa, de parte de todos ellos. Se habían organizado para eso desde distintos lugares del país, fue muy emocionante para mí. Algunos se tatuaron el nombre del libro (es algo que vienen haciendo desde el primero). Aunque tuve algunos bajones anímicos durante el 2020, como un montón de gente, siempre me mantuve en contacto con los lectores. Ellos saben que pueden escribirme y que, aunque a veces me tarde un tiempo, siempre voy a responderles.

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Maria Helena Ripetta

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