Hace bastante tiempo que quería presentarles a quienes hacen porno en la Argentina. Créase o no, esa industria existe y se produce, especialmente gracias a Internet. Gracias a mi colega Diego Papic, pude contactar a César Jones (en Twitter, @CsarJones2, que viene haciendo películas -más o menos de a una por año- desde el comienzo del siglo. Primera advertencia al lector: abandone todo prejuicio antes de entrar a la nota. No estamos ni ante un mercachifle que pone sexo explícito para vender, ni ante un cinéfilo que hace porno porque no le quedó otra, ni ante un pervertido que vuelva sus obsesiones en la pantalla. Estamos ante alguien que eligió hacer porno, que disfruta con su trabajo, y que también cree que es un buen negocio.

Antes que nada: la mayoría de sus películas se encuentran disponibles en lpsexxx, y aclaramos que es estrictamente porno, para mayores de edad que saben que va a haber explicitudes de todo tipo. Luego: vistas varias películas, Jones tiene una mirada, una manera de encuadrar y contar el sexo que es absolutamente personal. Algo lo diferencia del más adocenado porno industrial: los cuerpos no son necesariamente perfectos y en muchas ocasiones el filme mezcla lo hétero con lo bisexual, lo visceral con lo erótico. Si quieren ver cómo acá sí hay alguien que sabe filmar, presten atención a las secuencias no sexuales, a los planos de espacios abiertos, a las escenas de conversación. Incluso al humor irónico que aparece entre lo explícito.

"Hay cierta tendencia a la incertidumbre pulsional en mis pelis, aunque las dos últimas [Vicios de familia y Adictas al juego sucio] fueron hétero a morir. Había lesbianismo, pero todos sabemos que el lesbianismo pornográfico es gustosamente heterosexual. Igual son categorías que ya me sirven poco. Lo más interesante del estallido porno post Internet es la posibilidad de encontrar lo que sea que busques, y si tu demanda todavía no está satisfecha, será cuestión de minutos. Adoro al capitalismo.", dice César sobre su trabajo. Y uno entonces pregunta si hay, detrás del pornógrafo, un cineasta frustrado, alguien que quería hacer otra cosa y terminó a su pesar "en esto". La respuesta es brillante: "A mí me interesa el porno. Antes tal vez necesitaba revestirlo con otras resonancias, y a veces los resultados fueron felices, pero en el fondo se agitaba la idea culposa que reza: '¿y vas a hacer películas sólo para que la gente se masturbe?' Tardé años en responder: '¿Te parece poco?"

Una de las preguntas más interesantes al respecto es de dónde salen los actores porno, y si los hay en la Argentina. "Nunca me entusiasmó la idea de formar un clan y hacerlo migrar de película en película. Sí celebro que haya un plantel, aunque reducido, de actores y actrices con experiencia a los que poder recurrir y de quiénes sé qué me pueden brindar. Mis pelis suelen ser un mix entre noveles, debutantes y experientes. En cuánto a cómo se trabaja con un performer, lo tiño de la propuesta, recibo y tomo sugerencias, progresamos juntos hasta el día del rodaje y saltamos al set, uno de cada lado." ¿Y la elección, el casting? "Necesito características físicas bien marcadas, en muchas ocasiones, pero si no tienen el soporte psíquico, o el marco de personalidad adecuado, de poco me sirven."

Hay algo, sin embargo, un comentario, que está siempre asociado al porno y quizás es lo que más repite alguien que no es aficionado al género (y muchos aficionados, confesemos, también): "es aburrido". ¿Cuánto dura, entonces, un plano en el porno? "Depende de lo que estés encuadrando. El gran embole son los primeros planos de penetración eternos, descontextualizados. Después es más una cuestión de percepción, un decir 'ya está', incluso esto se revela en miradas entre los integrantes del equipo. Listo, conseguimos todo lo que queríamos de este plano, o nos dio todo lo que tenía para darnos, según se lo mire."

En un tiempo en el que se habla, sobre todo en los márgenes, de disidencias, de pornografía no hegemónica, es interesante lo que César -que además es poeta, escritor, real cinéfilo, músico- tiene para decir: "es una propuesta alienante, moralizante y deslibidinizada. Al concebir al cuerpo como herramienta (alienación total) y al porno como plataforma político-ideológica, decime dónde queda el placer. Te lo digo yo: en el porno, a secas. No hay operación más burda que intentar hacer reinar el superyó en un territorio que es por definición el imperio del ello. No se consigue más torpe, intentar hacer del porno una serie de cursillos de libido bien vista, por favor."

Tampoco quedan dudas de que el negocio del porno funciona porque existe Internet. "Es una protoindustria, ahora floreciendo de un modo distinto, renovado, a través de las producciones autogestivas de modelos que utilizan el profuso entramado de redes (desde instagram a onlyfans, para crear y ofrecer su propio material). También hay algunas productoras al estilo "tradicional", sirviéndose, como yo también lo hago, de todo ese precioso entramado online. Hay demasiados factores, teniendo en cuenta que hay grandes brechas presupuestarias de productora a productora e incluso de film a film, sobre todo en el impredecible panorama económico argentino. Lo mismo con el recupero, ya de se va dando en el tiempo y a través de numerosas bocas de expendio, por así decirlo, por lo cual se hace difícil expresarlo en números taxativos. Esto es por lo que te va devolviendo en el tiempo el mercado Pay per View & VOD, más comercialización online para Argentina y países vecinos a través de Mercado Pago y un suplemento mínimo por una tirada limitada en DVD, más que nada para atender a ese nicho de público que todavía gusta de atesorar las pelis en formato físico".

Y si hay un negocio porno argentino, ¿hay un porno argentino, distinguible, nacional y popular? "Podría ser en el trazo grueso de algunas pelis de Víctor Maytland, el grotesco nacional, el ser argentino, el "fulbo", la' mina' y esas cosas. Pero la gente (incluidos los realizadores y los actores) dicen de dónde son sin necesidad de declamarlo. Hay una canción de Julieta Venegas, hermosa: "aunque mi memoria mienta / traigo una historia en mí / la digo sin darme cuenta / la cuento sin decir". A Freud le habría gustado.

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