En varias ocasiones contamos en estas columnas acerca de la excepción japonesa respecto del erotismo y la pornografía. Incluso hoy hay ciertas restricciones (aunque en la actualidad la censura al respecto se ha vuelto más laxa- como la muestra del vello púbico en las relaciones sexuales). Eso incluso cuando se trata de pornografía animada (probablemente Japón es el país que ha mezclado más el sexo con la animación) aunque, por la propia naturaleza plástica del dibujo, y la libertad ilimitada que permite, hay subterfugios notables. También hablamos de ciertas categorías que son propias de Japón (el futanari, por ejemplo, que es el sexo hermafrodita, con mujeres hipertrofiadas con penes y vaginas enormes) o las diferentes formas de la fantasía vinculada con lo monstruoso o a lo tentacular. Todas estas variantes están inscriptas en tradiciones ancestrales de la cultura japonesa que exceden estas columnas. Conste, sin embargo, que ha sido siempre una cultura muy volcada a lo visual y a lo ritual, lo que hizo que fuera uno de los primeros países en aceptar y desarrollar el cine, aunque gran parte del acervo del cine japonés previo a la Segunda Guerra Mundial se ha perdido.

Desde los años '60, cuando se liberalizaron bastante las costumbres gracias al contacto con los ocupantes estadounidenses y la aparición de movimientos estéticos jóvenes como la nueva ola del cine japonés (muy influidos por la nouvelle vague, entre los que se destaca un realizador como Nagisa Oshima, quien generó un escándalo en los '70 con El imperio de los sentidos), surgió un género específicamente nipón: el pink cinema. Se trata de cine erótico, rozando lo pornográfico (a veces sí lo es, pero más excepcionalmente) donde se crean secuencias sexuales con tintes bastante originales, tanto en el diseño como en lo que hacen los personajes. Ese cine se tocaba a veces con el relato de yakuzas o con las fábulas de artes marciales. Una de esas empresas dedicadas al cine, con una línea dedicada al "pink" fue la Nikkatsu, que creó la serie "Roman Porno", novelas con erotismo y sexo a mares, aunque lo de "porno", dado que pocas veces hay planos explícitos y todo el sexo parece más bien simulado, es discutible. En 1971, tuvieron un enorme éxito con una película llamada Apartmen Woman: affair in the afternoon, que narraba la historia de un hotel que debía ser conducido por una mujer, quien por la tarde tenía algunas aventuras en él. La película inspiró una serie que va por los veinticinco títulos. Uno de ellos se llama Widow Apartment: big tits (lo segundo creemos que no hace falta traducirlo, aunque vista la película cuesta entender cuál es el concepto de "big" para la cultura japonesa) y tiene una particularidad notable: fue escrito y dirigido por una mujer, Yuri Yoshiyuki.

La película comienza cuando una joven recién casada queda repentinamente viuda tras un accidente de tránsito. Queda a cargo de un complejo hotelero y se aparecen fantasmas familiares que le exigen que mantenga el negocio con éxito. Por supuesto que esto implica para la pobre mujer una presión extra, a la que se suma la tristeza de la soledad y necesidades sexuales básicas insatisfechas. Será seducida -o se dejará seducir- por varios personajes y, al mismo tiempo, observará aventuras ajenas. Sin embargo, su rostro permanecerá triste hasta el final de la película, y si bien es cierto que, como muchas películas centradas en las fantasías y la apertura sexual de una mujer, permite algo así como un autodescubrimiento, lo que el personaje obtiene es mucho menos feliz de lo que el título permite inferir.

La película es un evidente encargo, pero lo que es sumamente interesante es cómo Yoshiyuki utiliza los modos e incluso los lugares comunes del pink cinema para contar otra cosa y realizar con bastante sutileza una obra que implica crítica social. En efecto: lo que está en juego en la película es el contraste entre la necesidad de una liberación "moderna" para una mujer y la exigencia de sostener una estructura mental tradicional. A eso hay que sumarle el culto al éxito material y económico, la exigencia por la excelencia que se suele cobrar vidas jóvenes en Japón y en muchos otros países donde la competencia resulta una presión excesiva. De allí que las sucesivas aventuras de la protagonista comiencen siempre con miedo, continúen con placer y cierren con un dejo de tristeza.

Lo del "miedo" es interesante también porque en el cine erótico japonés suele suceder que las mujeres no son inmediatamente receptivas, salvo que utilicen el sexo como un instrumento de venganza (recomendamos para ello buscar Zenka-Onna: Koroshi Bushi, de 1973, donde una mujer busca venganza de los yakuza que asesinaron a su padre usando el sexo como vehículo y la katana como arma: claro que Tarantino vio todas estas películas, gente, ¿qué creían?). Hay un cierto regodeo en la insistencia, que puede parece algo así como abuso, en la manera como los personajes masculinos "fuerzan" a los femeninos a la acción sexual. Pero en esta película está justificado por la ambigüedad emocional de la protagonista. Una vez que aparece la secuencia de sexo, en esta película sucede algo extraordinario: hay mucha caricia sexual de hombre a mujer. La idea de que el hombre debe proveer toda clase de placeres a su partenaire es muy fuerte y se choca contra alguna tradición de este cine donde es la mujer la que debe velar por el placer del hombre. Por cierto, también es relativo y hay toda clase de excepciones. Pero, en este caso, el punto de vista femenino es absolutamente notable.

Por momento, la película ingresa en el surrealismo, en lo onírico incluso. Hay alusiones a la relación de respeto y a veces miedo de los japoneses con la naturaleza, todo representado a través de la metáfora del sexo. Y hay una ambigua mirada sobre el mirar, sobre el placer. En algunas circunstancias, como pasa en otros representantes del cine sexual de Japón (especialmente el animé), el sexo desemboca en la tragedia, o al menos en la tristeza, como dijimos. En general, la falta de armonía o de consentimiento genera el drama. Nada diferente del resto de la ficción japonesa, donde cualquier desequilibrio entre lo humano y lo natural, cualquier desborde del deseo, lleva a la explosión no solo simbólica. La película puede verse completa en Eroticage.net.

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