Empezó como un catálogo o colección de retratos de lectores raros, singulares: un hombre que se sabe de memoria todos los libros que leyó; una mujer que, llegada a cierta edad, solo relee viejos libros siguiendo un protocolo estricto. Cosas por el estilo, que no únicamente hablan de libros sino que también pueden verse como metáforas: formas de vincularse con el mundo en general, en la clave de "dime cómo lees y te diré cómo eres" ", dice  a BAE Negocios desde Francia donde  vive al autor argentino Eduardo Berti sobre su nuevo libro. "A eso le fui sumando otras secciones: un 'método' para ser lector (que, por supuesto, plantea que no hay método ni forma única de leer). Secciones, relatos y formatos diferentes, pero siempre con una especie de tema o imagen primordial: el acto de leer", agrega.

—¿Qué son los libros?

—Son la memoria de lo ocurrido y de lo no ocurrido. Los libros nos recuerdan lo humano en nosotros, no solamente por el uso de la palabra, la escritura y el pensamiento. También nos recuerdan, como todos los objetos artísticos o culturales, que nuestros deseos van más allá de las satisfacciones más elementales o primarias, como comer o reproducirnos. Que podemos encerrar un mundo o, más aún, varios mundos posibles en esa pequeña caja mágica. Por esto mismo, supongo, un viejo proverbio árabe dice que un libro es un jardín que llevamos en el bolsillo. 

— ¿Las bibliotecas se ordenan o nos ordenan? 

—Se dijo más de una vez que ordenar una biblioteca es como querer ordenar el mundo, pero sabemos que esto último es un utopía. De manera que, en cierto punto, las bibliotecas y el mundo terminan ordenándonos también. Sobre todo porque nuestra biblioteca es como un universo en expansión en el que, con cada nuevo libro que introducimos, se disparan nuevos vínculos, nuevos ecos, nuevas relaciones que van más allá de todo lo que podíamos prever.

—¿Los personajes y los autores establecen un pacto mutuo de por vida?

—Los pactos entre los personajes y los autores me parecen irrelevantes una vez que el libro ya está terminado y publicado. Lo que importa, a mi entender, son los muchos y variados pactos que puedan ocurrir entre los libros (no solo entre los personajes ) y los lectores. El autor ya hizo todo lo que tenía para hacer; a lo sumo puede dar entrevistas, como esta, jaja… pero en su caso, como se dice, "la suerte está echada". He llegado el turno del lector.

—¿Cuánto el lector completa al escritor?

El lector completa, sobre todo, al libro. No hay libro que lo cuente, lo diga o lo muestre todo. Es desaconsejado por razones estéticas (el mejor método para aburrir es decirlo todo, como escribió Voltaire) y es simplemente imposible por razones concretas, materiales. Así que el lector suele completar algunos de estos huecos, hechos de elipsis, hechos de descripciones inevitablemente incompletas…. Sin embargo, insisto: cada lector completa a su manera: con lo que sabe, con lo que ignora, con todo lo que trae consigo. Esto explica por qué cada encuentro entre un lector y un libro es irrepetible. Incluso cuando releemos un libro: el reencuentro es distinto, también.

—¿Cómo viste la relación lector y pandemia?

Los libros nos regalan el respiro de sacar los ojos de la pantalla. Sospecho que esto último ayudó a que mucha gente se esté reencontrando con el oasis de la lectura.

—¿Cómo fue vivir la pandemia lejos de Argentina?

—Hubo un momento, el del confinamiento más extremo en Francia (hablo de marzo/junio de 2020), en el que me sentí en un "no lugar". Ya no sabía en qué país estaba. Hablaba por igual, usando el WhatsApp y otras aplicaciones parecidas, con amigos de Argentina, de España o de Francia. E incluso la diferencia horaria empezó a borronearse, a raíz de la rutina alterada o de los casos de insomnio que causó el confinamiento…

—¿En qué puede ayudar la literatura a este mundo atravesado por el coronavirus?

Una de las cosas que más nos cuesta con esta pandemia es planificar. Hacer planes para el futuro. Resulta casi imposible concebir algún proyecto, abordar algún deseo, sin incluir una especie de paréntesis o nota al pie que diga "cuando pase todo esto", "si es que alguna vez es posible", "si es que volvemos alguna vez a la normalidad", etc. Algo así es complicado, ¿no? Y peligroso. Es como si nos hubieran recortado o confiscado una parte de nuestra pulsión de vida: la de soñar, la de imaginar futuros. En este contexto, donde lógicamente mucha gente se deprime, se aliena, se angustia, creo que el arte en general (no solo la lectura) nos ayuda a no perder del todo el foco, a seguir en contacto con lo creativo y lo sensible que llevamos dentro. Ese ventana que nos abre la ficción (hacernos imaginar otros posibles, hacernos saborear otras vidas, más allá de la nuestra) cobra una dimensión especial en contextos especialmente duros. 

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Maria Helena Ripetta

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