La entrevista con el autor Eduardo Sacheri se realiza por Zoom, y ante el comentario de las limitaciones de estas situaciones el autor dice: "Tal vez es un síntoma de salud mental que no nos acostumbremos a esta vida".

En "El funcionamiento general del mundo", el padre hace un viaje sus hijos adolescentes. "Es larguísimo, cruzando la Patagonia. En la preparación de la novela hice ese mismo viaje. Tenía esa idea en la construcción de la novela, e hice ese viaje y fui tomando nota de voz . Fueron horas y horas solo manejando, eran montón de kilómetros todos los días , fue parte de la cocina del asunto, me gusto mucho hacerlo".

-¿Cómo la viviste la cuarentena?
-Desde lo personal la pasé y la sigo pasando mal, me resulta difícil, el enclaustramiento. Habitualmente como escritor hago mucho homme office, como trabajo en mi casa salir es una válvula de escape, conectarme con los demás, dar clases, ir a ferias. Para mí es un buen contrapeso a esa cosa introvertida aislada que tiene mi trabajo, perderlo el año pasado me complicó mucho. No me pasa nada distinto a lo que le sucede a muchos.

-En esta novela están presentes el fútbol y los hijos
-Es relativamente habitual que yo tome elementos de mi propia vida, propio universo en la ficción. Uso la ficción para repensar mi propia vida y las cosas que me interesan. En realidad para eso escribo, para eso me puse a escribir. No para convertirme en escritor profesional que viva de vender libros. Eso sucedió y me alegra, pero no fue el objetivo. Esas interrogaciones mías terminan metidas en lo que escribo. Para mi los libros son ambas cosas al mismo tiempo, como un diálogo conmigo mismo del que nadie es testigo y una historia que te cuento a vos como lectora y me encanta hacerlo. Tiene como ese doble plano en paralelo y en convivencia. Para mí el libro tiene sobre todo esa utilidad personal. Por mi manera de escribir te cuento una historia en la que los personajes hablan, esa cosa más de reflexión la enmascaro en eso. Esa cosa de que el autor está en primer plano no me interesa ni leerla ni escribirla.

-Y volviste a escribir sobre fútbol
-En algún momento de mi carrera literaria fue muy importante, mi carrera futbolística nunca llegó a explotar. El fútbol fue importante para que pudiera despegar como autor, es hasta una cuestión de gratitud.

-Federico, el protagonista, es arquero. ¿Por qué?
-Lo fui mi adolescencia. Célebres futboleros como Diego Maradona denigraron el puesto de arquero. Es un puesto raro, en cualquier juego hay un determinado modo emocional en quien lo ejerce, quien juega de arquero está en una soledad bastante distinta, está haciendo algo que los demás no hacen. Juega con las manos, no con los pies. Mi adolescencia tuvo algo de eso y me gustó transferirselo a Federico desde ese lugar.

-¿Tiene mucho de vos?
-El Federico de la escuela si, el de su casa por suerte no. Fui a un enorme colegio Nacional Normal Superior, que ya no existe más, se lo llevó la reforma educativa. Eran escuelas muy buenas, muy exigentes pero muy anónimas. Eran tan masivas que tenías que hacerte un sitio, no ser tan invisible. Jugar al fútbol fue la manera que encontré de no ser solo una sombra, la pesadilla de no tener amigos, no gustarle a nadie. En una escuela con miles de pibes ese temor era mayor.

-Ayuda a los adolescentes jugar al fútbol
-Lo que ayuda es la actividad lúdica, no solo el fútbol. Ofrece un espacio donde trasladas cosas muchos más complejas de tu vida y las vivís más simple. Cuando juego simplifico y lo que aprendo simplificando me lo llevo a la complejidad de mi vida . Mientras juego sigo experimentando la simplificación, la vida es compleja, los juegos tienen unas pocas reglas y un objetivo: en este caso meter la pelota en un arco. Me parece que todo ser humano pasa por momentos de simplificar su vida por un rato, me parece que es una labor interesante.

-¿Qué te gustaría que el lector encuentre?
-Que se lo apropie de un modo personal, que le dispare sus propias cosas, ese es mi deseo. Eso me hizo pensar en tal cosa, o recordar ya no es mío eso, es del lector. Me encanta que los lectores encuentren algo que al leerlo se lo lleven a su vida. Leo para que me impacte lo que leo, lo mismo que cuando escribo, es decir que me permita conectarme con esas cosas profundas de mi propia vida. Me encanta que yo lo escribo para mí y el lector lo lee para sí, si pasa eso, todos felices.

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Maria Helena Ripetta

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