El gran tema -la gran preocupación, el gran miedo, como quieran llamarlo- de estos tiempos es la epidemia/pandemia de coronavirus, que ataca a los seres humanos y ha generado medidas de seguridad extraordinarias en casi todo el mundo. Aunque todos los negocios mundiales sufren por cómo se ralentiza el comercio mundial -sin contar, además, el desplome del petróleo por la crisis entre Rusia y Arabia Saudita- es lógico que uno de los sectores más inmediatamente heridos por el despliegue de la enfermedad sea el del entretenimiento. Es claro: hay que evitar aglomeraciones masivas para que el virus no se esparza de modo exponencial e imparable. Pero las consecuencias son mucho más serias de lo que parecen: no se trata solo de que, por un par de meses, se posterguen eventos, sino que abre las puertas a una crisis aún mayor.

Ejemplos: Italia está en su mínimo histórico de recaudación cinematográfica porque en ese país, el más dañado por la enfermedad, se cerraron la semana pasada casi mil cines. Eventos importantes -lo informamos ayer- como el innovador festival estadounidense SXSW fue cancelado (y un tercio de sus empleados, despedidos). Se canceló el más importante de los eventos audiovisuales de Asia continental, el festival de Beijing (algo más que previsible); probablemente se cancele el festival de Praga, quizás el de Tesalónica (también meca para nuevos realizadores) y crece el rumor de que Cannes, además el mayor mercado cinematográfico y audiovisual de cada año, no se realice este año.

Los festivales, en todo caso, si bien implican un importante movimiento económico y una vidriera de proporciones para los productos audiovisuales, no son lo que más mueve al sector. Más grave es que los grandes "tanques" comiencen a postergarse. Hasta ahora, el caso más espectacular es el de la nueva película de James Bond, Sin tiempo para morir, se posterga de abril a noviembre. La inversión de esta película es de más de u$ 200 en producción, pero es mucho más en costo de lanzamiento e instalación. Una postergación es una herida profunda que obliga a la película a ser incluso más exitosa de lo que se podía prever en primera instancia solo para recuperar el costo. Si la epidemia continúa y se siguen cerrando cines, va a suceder con muchas otras películas en los próximos meses. De hecho, el caso más complicado es el de Mulan, el film de Disney que debía tener un lanzamiento conjunto en China (allí es donde, dado el tema y la iconografía de la película, podía tener más público). Pero Disney mantiene su fecha de estreno universal (27 de marzo) y ya hubo premiere estadounidense con buenas críticas. El futuro inmediato, de todos modos, es incierto, sobre todo para Hollywood, cuyo mercado se contrajo en 2019 un 4% mientras el resto del mundo tuvo recaudaciones récord.

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Leonardo Desposito

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