Paula Quiñones llega a Azafrán para localizar fosas de la Guerra Civil. Nada más poner su pie en el pueblo, siente que el cielo se encapsula sobre ella y una goma invisible tira de su cuerpo para alejarla de su destino: el hotel de los Beato, ubicado junto a un cartel en el que se lee "Azufrón". Ese verano Paula mantendrá correspondencia con Luz, suegra del detective Zarco, y junto con él, uno de los personajes principales de Black, black, black: le contará sus amores con David Beato en un hermoso jardín. También le descubrirá sus temores respecto de la existencia de un delator y le relatará las leyendas familiares. Mientras tanto, Analía, madre de David, cuida amorosamente de Jesús Beato, dulce patriarca que acaba de cumplir un siglo. Y con Zarco ausente, viviendo las peripecias de Un buen detective no se casa jamás, una atmósfera endogámica amenaza con aplastar a Paula. En un homenaje a Hammett y Rulfo, a Peter Pan y Alicia en el País de las Maravillas, Sanz disecciona los relatos sobre la memoria. Pequeñas mujeres rojas prolonga la posibilidad de la novela política: las voces de la ficción amplifican los miedos de quien toma la palabra y escribe, de modo que todas las voces son la misma y, a la vez, esa sola voz. Un fresco sobre la violencia, económica y cultural, que se encarniza contra el cuerpo de mujeres que, rotas, no son hermosos fetiches sino carne que duele. Con pequeñas mujeres rojas se cierra la trilogía del detective Arturo Zarco.

Pequeñas mujeres rojas

Autora: Marta Sanz  
Editorial: Anagrama  
Páginas: 340
Precio: $2.095