Gabriela Exilart, como en todas sus novelas, realiza una reconstrucción tanto de los hechos históricos como de la vida cotidiana, en este caso atravesados por las secuelas de la guerra civil española. "Elegí este período de posguerra porque al concluir En la arena de Gijón sentí que había mucho más para contar, en especial respecto de los hijos de la guerra civil. Ellos vivieron una infancia de carencias y de miedos, de silencios y de ausencias que marcaron a sus padres y dejaron también huella en ellos, por eso decidí contar sus vidas", dice a BAE Negocios la escritora marplatense.

—¿Te llevó mucha investigación?
—La investigación ya estaba casi completa porque había recolectado y leído mucho material para la novela anterior, solo tuve que ahondar en algunos pasajes de la historia. Al cambiar de escenario y trasladarme a la ciudad de Burgos debí interiorizarme en sus calles, en la arquitectura y en las costumbres de esa época, así como también en los pueblos aledaños.

—¿Cómo definirías a los protagonistas?
—Ella es una muchacha joven, algo impulsiva, cuyo único objetivo es descubrir el pasado de su padre. Él es un seductor, pero con una parte oscura que a veces lo inclina hacia la violencia. Ambos llevarán adelante una investigación que los pondrá frente a secretos familiares que no esperaban y que los cambiarán para siempre.

—¿Por qué elegiste que fuera periodista?
—Me servía a la trama que él trabajara en una radio, y además para poder hablar un poco de la censura que todavía se cernía sobre los medios de comunicación.

—¿Qué es lo más complejo a la hora de narrar un período histórico?
—Teniendo a mano toda la información no es complejo, solo se dificulta cuando las fuentes no son concordantes y no hay una tercera para desempatar y saber cuál es la verdad. En mi caso, lo que más tiempo me lleva, a veces, es encontrar qué tipo de ropa usaban, qué accesorios, qué comían, los detalles que tienen que ver más con lo cotidiano, con el día a día, porque eso difícilmente se encuentra en los textos de historia. La ambientación es lo que más me desvela en ciertas ocasiones.

—Cuando se escribe sobre la historia de otro país, como en este caso, ¿es más complicado?
—La primera novela, En la arena de Gijón, me costó un poco más, porque allí tuve que estudiar y entender toda la historia de la guerra civil española y sus antecedentes, algo desconocido en gran parte para mí. En Secretos al alba ya tenía medio camino recorrido y fue más fácil.

 

—¿La escribiste en pandemia? ¿Cómo fue esa experiencia?
—Secretos al alba no es producto de la pandemia, fue escrita en 2019. El primer año de pandemia fue muy prolífico para mí, escribí dos novelas, era mi manera de evadirme y de soportar el encierro, el cambio en las relaciones humanas y en el trabajo. Escribir fue mi refugio.

—¿El amor se vive de manera similar en todas las épocas?
—El amor es algo tan maravilloso como único en cada caso. No creo que dependa de las épocas, considero que es la fuerza más poderosa que mueve a los seres humanos. La época podrá influir en el tipo de encuentros, de relaciones, de adaptación al medio, pero cómo lo vive cada uno es muy particular, sin dependencia de un tiempo.

—¿Qué te gustaría que los lectores encuentren en este libro?
—Además de entretenerse y aprender algo de historia, me gustaría que pudieran descubrir las pistas que dejé adrede. La novela es un gran rompecabezas, pero hay un dato importante, que es el nombre de uno de los personajes. Un lector atento o con conocimientos de literatura podrá apreciarlo y descubrir que el gran secreto viene por allí.

—¿Cómo surgió el título?
—El título en un principio era otro. Me cuesta mucho elegir el nombre de la novela, pero luego de varias tentativas elegimos junto con mi editora Secretos al alba, porque son los secretos familiares, en definitiva, los que le dan vida a la trama.

—¿Qué pensás primero, el período histórico o el vínculo personal que querés contar?
—Ambas cosas van de la mano. En la mayoría de mis novelas, la trama no hubiera podido ser en otro contexto histórico. Pensemos en Renacer de los escombros. Mis personajes no podrían haberse encontrado de no ocurrir el terremoto. Contexto y ficción se van tejiendo a la par.

—¿Le tenés miedo a la hoja en blanco?
—No, la hoja en blanco genera un sinfín de posibilidades, nuevos mundos por crear, nuevas escenas por escribir, otros amores que llegan a mi vida. Por el contrario, me genera ilusión.

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