"Toda antología es un repechaje, una segunda o acaso una última oportunidad de coincidir con los lectores", dice a BAE Negocios desde México Juan Villoro.

—"Examen Extraordinario" ¿Por qué el titulo?
—En México, el "examen extraordinario" es la última opción para aprobar una materia. Irse a "extraordinario" parece un logro, pero es un riesgo. El título juega con esa ambivalencia.

—¿Cómo fue la selección?
—Como se trata de una antología personal, sabía que no podría analizarme con rigor a mí mismo. Apelé a la sinceridad de la memoria. Los cuentos que regresaron a mi mente con mayor fuerza son los que entraron en la selección final. En esto, naturalmente, también jugaron un papel las experiencias que he tenido al leer estos cuentos en público o al recibir algún comentario, de modo que se trata de una memoria intervenida por mis circunstancias. Si hoy hiciera la selección posiblemente no sería idéntica. A veces creo que un cuento está ahí y descubro con sorpresa que fue excluido (la memoria es injusta).

—¿Pensaste en algún hilo conductor?
—Sin darle muchas vueltas, ni convertirme en crítico de mí mismo, pensé en cierto equilibrio para que los cuentos irónicos no opacaran en exceso a los melancólicos y viceversa, o para alternar escenarios, y el uso de la primera o la tercera persona. Me parece que el hilo conductor es el asombro de lo cotidiano, las sorpresas que llegan en los sitios y en las circunstancias que parecerían negar toda sorpresa.

¿Qué te gustaría que los lectores encuentren en este libro?
—Hombre, espero que encuentren lo que yo busco como lector: relatos que emocionen, que diviertan sin superficialidad, que sorprendan un poco, que exploren la vida de otro modo.

—En qué genero te sentís más cómodo?
—En ninguno, eso es lo bueno. Paso de uno a otro para ponerme nervioso de otro modo.

—¿Qué es lo que más te gusta de los cuentos?
Leer una historia sin saber que la estoy leyendo. La anécdota trata de algo evidente, pero su significado se mantiene oculto y de pronto revela un misterio profundo. Cuando eso sale a flote, el asombro es estupendo.

—¿Cuándo supiste que querías ser escritor?
—Cuando leí la novela De perfil, de José Agustín. Fue como verme en el espejo. El protagonista tenía mi edad, vivía muy cerca de mi barrio, pasaba por todos mis predicamentos. Entendí que mi vida intrascendente cobraba sentido al ser escrita.

—¿Como escritor cómo llevaste la pandemia?
—Perdí un oído por un virus de manera definitiva, lo cual es un daño menor comparado con el que sufrieron muchas gentes. Al principio me entusiasmó estar encerrado ante el escritorio, sin pretextos para salir de ahí, pero poco a poco me fue cercando la opresiva sensación de estar en pausa, convirtiendo la vida en una espera sin plazo alguno. Aun así, estar encerrado ha sido un privilegio en un país donde buena parte de la población tiene que salir a la calle para poder comer.

—¿Pensás escribir sobre la pandemia?
—He escrito artículos porque tengo una columna semanal en el periódico Reforma, pero me interesa mucho más escribir de cosas que no tengan que ver con la pandemia. Una manera de refutar la invasión mental del virus.

—¿Qué rol ocupa la literatura en esta pandemia?
Sobrevivimos al tedio del encierro y a la tentación de matarnos unos a otros gracias a la representación de la realidad. La pandemia hizo evidente que existimos en dos planos, el físico y el mental o anímico. "Necesito arroz para vivir y flores para saber que vivir vale la pena", decía Confucio. Recitar poemas, cantar canciones, compartir memes, ver series de televisión, mandar emoticones, leer libros, todo eso forma parte de la supervivencia. Cuando los gobiernos hablan de hacer frente a la crisis, aplican medidas económicas y cancelan apoyos a la cultura, ignorando que la crisis se soporta gracias a la cultura.

—¿Saldremos mejores o peores?
Las crisis son "exámenes extraordinarios", oportunidades para mostrar lo mejor o lo peor. El ser humano tiene una notable capacidad de superación, pero también una terrible capacidad de adaptación. "Lo que no te mata te fortalece", dice el dicho, pero no hay garantía de que la pandemia vaya a mejorar a la especie en su conjunto. Los problemas del planeta son más evidentes que nunca, pero cambiar las cosas es más complicado que negarlas y muchos acudirán al remedio del avestruz.

—¿Tenes miedo a la hoja en blanco?
—La hoja en blanco siempre inquieta, es una de las razones por las que escribo. Lo que vale la pena te pone nervioso.

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Maria Helena Ripetta

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