Juan Manuel Robles visitó Buenos Aires para presentar su libro de relatos No somos cazafantasmas. A la duda instalada con respecto a la identidad de los individuos se suma ahora un componente tecnológico que sirve como base para la construcción de un mundo distópico en el cual la enajenación de las personas puede ser dirigida.

"Empecé como cronista en la revista Etiqueta Negra y de ahí me puse escribir ficción. Comencé a trabajar el tema de la memoria, de la distorsión de los recuerdos, cuando creemos recordar cosas que no pasaron, hice una novela, y luego estos relatos más cortos. Decidí ponerlos en un libro que fuera de relatos pero que a su vez fuera una unidad, que tuviera conexiones", dice a BAE Negocios el autor peruano.

"La ciencia nos dice que la memoria se puede manipular. La memoria no es confiable, los relatos sobre nosotros mismos puede ser inexactos. El solo hecho de volver a recordarlos hace que los alteremos un poco. Como especie no hemos evolucionado para tener recuerdos fijos, nuestra mente nos permite una serie de distorsiones. La mayoría de las personas no confronta sus recuerdos con documentación", explica el escritor.

"En estos cuentos reflexiono sobre una serie de inquietudes en el proceso de la tecnología. Acumulamos un montón de imágenes. Un chico de 20 años tiene miles de fotos, da la sensación de que tiene todos los recuerdos garantizados. Sin embargo, uno se da cuenta de que no se encarga de la organización de las imágenes. Antes, alguien de la familia se encargaba de ordenarlas, había una especie de curaduría familiar de las fotografías. Ahora existe un contexto de tanta cantidad de fotos que no tiene límites. Tienes miles de fotos pero que no te has tomado el trabajo de direccionarlas. No hay tiempo de imprimirlas, de elegirlas. Se mezcla la fantasía y la realidad. Si otra entidad te da ese orden, genera normativas de tu existencia. Facebook lo hace, pero hasta qué punto si uno no se ocupa de eso, y sí otra entidad, la imagen es cercana a la realidad. El recuerdo de Facebook no es que me ponga a ver las fotos de ese momento. Uno entiende que está en la nube, una cosa abstracta y segura supuestamente.Esa confianza es un poco ciega, un poco irresponsable, vulnerable a la edición de la iconografía de tu propia existencia".

—¿Cómo defines a estos cuentos?
—Podría definirlos como de paranoia tecnológica, sobre las distorsiones de la memoria, si alguien quiere verlo como ciencia ficción también podría. Son cuentos que se ponen a pensar sobre nuestros recuerdos, la posibilidad de perderlos, son muy moldeables, manipulables. Como se puede agravar en un contexto de tecnología, pronto muchas mas cosas van a hacer falsificables, parece que nosotros estuvieramos protegidos pero la posibilidad de la tecnología de distorsionar nuestros recuerdos es muy grande.

—¿Qué es lo que hace?
—Darte una ilusión de que estas seguro y que son eternos, que no hay pérdida posible. El cocepto de nube es brillante, es como un cuento para niños, la nube está "arriba". Esa sensación doble de la tecnología para archivarlo todo pero por otro lado es muy vulnerable. No tenemos la capacidad logística de inventariar todo eso. Si uno se pusiera a organizar toda la información, solamente hacer eso sería un esfuerzo tremendo. Las narrativas las tenemos que controlar nosotros, no que una máquina nos diga cinco años después que en ese momento fuimos felices.

—¿Qué te gustaría que el lector encuentre en estos cuentos?
—Me gustaría que pueda pensar si tiene algún sentido administrar sus propios recuerdos. Sería interesante que vea historias de otros y piense en su propia conciencia. Si remueve alguna conciencia sobre sus cosas yo estoy feliz.

"Es un error pensar que nos vamos liberar del esfuerzo metal de narrar, y si te liberas de ese esfuerzo otro lo hace por ti. En el libro hablo un poco de eso. Hay movimientos interesantes de gente que empieza a decir, guarden sus teléfonos, cortar esta idea absurda que todo tiene que ser registrado. Lo que realmente vives es aquello que pasa, pero vivir para registrar te genera una experiencia de menor calidad. También están los esfuerzos de los científicos para encontrar como borrar la memoria, eso te habla de la cultura que piensa en eso. Un recuerdo que pierda su conexión emocional, que se convierta es un especie de cáscara traslúcida, uno de los cuentos tiene que ver con eso", señala el autor.

—¿Qué lugar tiene la literatura en la memoria colectiva?
—Creo que las historias en general son una forma de memoria sentimental. Hay historias que nos marcan, que de alguna manera nos dan un modelo de conciencia frente a una situación hipotética. La literatura es ponerte una capacidad instalada de memoria para poder responder a situaciones similares. Es como un entrenamiento emocional. Genera un tipo de memoria para la experiencia futura que no lo genera otra cosa.

Título: No somos cazafantasmas
Autor: Juan Manuel Robles
Ediotrial: Booket
Páginas: 254
Precio: $640

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