Cuando "Mínimos Peces" se publicó en Estados Unidos, todo el mundo esperaba un despiadado ajuste de cuentas de la autora con su padre, el mítico Steve Jobs. Durante años se había negado a reconocerla, llegó a decir que el 28% de los hombres de Estados Unidos podían ser el padre de Lisa, como le dijo a la revista Time.

Lisa Brennan-Jobs

Pero este libro es otra cosa, es una conmovedora novela de aprendizaje, es un relato de la California hippie de los setenta y los ochenta, de los sentimientos y los deseos de una joven que habita dos mundos contrapuestos (el lujoso, exigente y a menudo frío e impredecible del mítico Jobs; el caótico, disperso y volcánico de su madre).

Una novela, porque eso es, de la búsqueda de su lugar y del largo camino emocional hasta encontrarlo. Hay inteligencia en lugar de rencor; dolor y afán de comprensión, y no venganza. Es la crónica de un amor difícil entre padre e hija, como muchas. También un retrato desconocido de Steve Jobs, de su intimidad y su mundo.

Cuando tenía once años, Lisa Brennan-Jobs le preguntó a su padre cofundador de Apple, si había bautizado a la precursora de la Macintosh que la empresa había lanzado días después de su nacimiento como "Lisa" en su honor. Le respondió que la inspiración había sido una vieja ex novia. Muchos años después supo que había sido por ella.

"Small fry", traducido como Mínimos Peces en español, era la forma en la que Jobs llamaba a Lisa. Es en ese terreno ambiguo en el que se dio el vínculo entre ellos. Tras una prueba de ADN Jobs, quien entonces tenía treinta años y una fortuna de 200 millones de dólares, reconoció a su hija de siete años: "Soy tu padre. Y soy una de las personas más importantes que vas a conocer en tu vida", le dijo. Compartieron vacaciones, él se involucró en su educación y le pidió que se mudara a la casa que compartía con su esposa y sus otros tres hijos.

Lisa tenía 7 años cuando su padre la reconoció como hija

"Quise escribir este libro a pesar de que involucraba a una persona tan famosa, no son las memorias de la hija de una celebridad. Me interesaba contar la historia de una familia y de una chica que creció en los ochenta y los noventa en California porque si de verdad lograba hacerlo iba a conseguir una historia universal", contó Brennan-Jobs en una entrevista que concedió a The New Yorker.

"La idea de que le había puesto mi nombre a su primera computadora se mezclaba con la imagen que yo tenía de mí misma. Solía aferrarme a esta idea cuando, al estar con él, me sentía insignificante", cuenta en el libro sobre cómo aquella computadora la obsesionaba.

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