Como avisamos, esta semana arranca el FIBA, el mayor encuentro teatral de Buenos Aires y la ocasión de no solo ver espectáculos de todo el mundo sino de acercarse a cruces del lenguaje teatral con otras artes y otros lenguajes. Ya que estamos, volvemos a pedirle que no lo deje pasar, porque es de lo mejor que sucede en el panorama cultural de Buenos Aires. Y nos sirve para pensar en el cruce entre el cine y el teatro, al mismo tiempo fructífero y peligroso. El origen del peligro es aquella zoncera que se les ocurrió a principios del siglo XX a los frances, lo que llamaron “Film d’art” y que consistía en filmar como si se estuviera en una platea, con los actores frente a escenografías. Eran películas espantosas que negaban la dinámica del cine, la alternancia de planos detalle y planos generales, el montaje, etcétera. Por suerte después llego Griffith y eso cambió. No por eso el teatro dejó de influir en el cine, y en muchos casos las películas comentan el lenguaje de las tablas desde lugares inesperados.

Por ejemplo, los musicales. La mayoría de los grandes ejemplos del género hablan de la relación entre la producción de una obra y el espectáculo en sí y lo que este representa para los espectadores. Es decir, del sentido del artificio teatral. De todas estas películas, la más interesante es Brindis de amor, de la que alguna vez hablamos. Es la historia de cómo un director de teatro “intelectual” trata de montar una versión “musical y popular” de Fausto y fracasa, y cómo un bailarín de jazz logra encontrarle la vuelta al show. Obra maestra de Vincente Minelli -que empezó en el teatro, justamente- con Fred Astaire y Cyd Charisse, es al mismo tiempo pura fantasía y puro realismo, lo que combina perfecto con la tarea de las tablas.

Hitchcock solo una vez trabajó con la gran Marlene Dietrich. La película en cuestión es Pánico en la escena y es la historia de un crimen cometido en el mundo del teatro. Pero la manera de relatarlo genera pistas falsas y que nosotros creamos en la inocencia de quien no es inocente, algo que es un tópico repetido en la obra del realizador inglés. Salvo que aquí combina con la representación teatral al punto de que ambas cosas se imbrican en una sola para descubrir la verdad detrás de la ficción. La cuestión de la representación, de lo falso que oculta lo verdadero -algo que proviene del ejercicio del teatro- es capital en casi todas las películas de Hitchcock, pero aquí es directa la relación.

Probablemente la mejor película sobre el universo del teatro sea La Malvada, de Joseph Manckiewicz. El elenco es tremendo: Bette Davis, George Sanders, Anne Baxter y por ahí dando vueltas una jovencita Marilyn Monroe. Hay una gran diva de la escena que contrata a una fan para que la asista. Pero esa fan comienza a devorarle la carrera y la vida, un poco empujada por quien relata la historia, un crítico teatral demoníaco llamado Addison DeWitt (Sanders, magistral y ladino como pocas veces). La película es sobre la verdad y la falsedad, sobre la vanidad y el oficio, sobre la vocación y los escrúpulos. Y es también un melodrama superlativo con no poca ironía. Claro que es una obra maestra total más allá del tema, pero solo la relación con el teatro permite entender su trama subyacente sobre las apariencias y la verdad.

La malvada: el gran melodrama del escenario

Adaptar obras clásicas al cine siempre fue un problema: los realizadores, para que “se note” que es cine, suelen agregar secuencias o imágenes que “airean” la representación. Y suele ser un error, porque esas escenas están de más respecto del texto original. Por eso es que el mejor adaptador de Shakespeare (que era un “cineasta antes del cine” por su manejo del espacio, el tiempo y el espectáculo) fue y será Orson Welles. Más allá de que su Otelo, filmado durante años en muchas locaciones diferentes, sigue teniendo una fueza lírica increíble, su versión de Macbeth es probablemente lo mejor que hizo con el teatro en el cine. Realizada para una productora (la Republic) que se especializaba en seriales, en pocos días, no necesita “inventar” imágenes: simplemente sigue a esa pareja Macbeth-Lady Macbeth cuya ambición por forzar al destino lleva al asesinato por los escenarios de un mundo casi primitivo, mágico y peligroso, donde los reyes eran bárbaros y las brujas todavía tejían sus caminos. El uso de escenografía teatral y de blanco y negro permiten inventar espacios que son más grandes en la pantalla que en la realidad, y logra que secuencias como la del bosque andante sean tan épicas como cualquiera del gran cine.

Pero quizás la mayor película sobre las relaciones entre la vida y la representación, el cine y el teatro, sea Opening Night, de John Cassavetes, donde vemos una obra de teatro, los ensayos, las relaciones entre los actores y los problemas anímicos y personales de cada una de las personas que serán “otras” personas sobre el escenario. No solo Cassavetes busca algo que va más allá del puro presentar “cómo son las tablas” a través de un relato que es también un cuento de fantasmas, sino que deja que sus actores improvisen sin que se pierda jamás el hilo del relato. Por supuesto que Gena Rowlands como la gran actriz que soporta presiones incluso de su propia mente para llevar adelante su trabajo y Ben Gazzara (ambos parte sustancial del universo Casssavetes) como el propio realizador logran actuaciones superlativas. Sobre todo porque vemos a sus personajes arriba y abajo del escenario y se plasma la diferencia, diferencia que es otra ficción (actores haciendo de actores que actúan y no actúan alternativamente). Cuando la cebolla queda pelada, hay algo de sustancia, de humano, que, descubrimos, solo puede ser comprendido por la pura convención ficcional del teatro.

Más notas de

Leonardo Desposito

El deslumbrante debut como director de Ben Affleck

El deslumbrante debut como director de Ben Affleck

Netflix se lanza a producir El Eternauta con talento argentino y para audiencias globales

El Eternauta, clásico absoluto del cómic argentino, será serie para Netflix

Cuando el porno también fue gran cine

Cuando el porno también fue gran cine

Confirman que Netflix hará una serie de El Eternauta con producción argentina

Cómo será la serie de Netflix sobre El Eternauta

Las televisoras de EE.UU. encargan menos ficciones para 2020

Walker Texas Ranger tendrá nueva versión

Loops ajenos y creación propia: la música pop en la era de la colaboración múltiple y digital

Justin Bieber, un pionero en el uso de las plataformas para componer hits

Sonic dio la sorpresa y bajó a El robo del siglo en la taquilla nacional

Sonic, una sorpresa para el primer puesto de la taquilla

Netflix "abre" su plataforma para captar suscriptores

A todos los chicos... un éxito para adolescentes

Para que todos conozcan el mejor cine de Corea del Sur

Burning, melodrama de Lee Chang Dong

La prueba de que la secuela puede superar al original

La prueba de que la secuela puede superar al original