Si hacemos una lista de por qué nos interesa el sexo y, llegado el caso, el espectáculo del sexo (incluyendo la pornografía), podríamos ponernos sesudos y analizar razones biológicas, necesidades sociales, perversiones (tema a tratar seriamente alguna vez en esta columna), cuestiones psicológicas, y un etcétera larguísimo. En todo eso, nos olvidaríamos de una esencial: el sexo es una de las pocas cosas que genera placer en medio del diario, repetido vivir. El sexo es el que provee las muy pocas sensaciones fuertes que un ser humano adulto, común y urbano puede sentir con el propio cuerpo. Más allá de todo análisis respecto de por qué existe la pornografía, habría que arrancar por ahí: el sexo es divertido.

(Por supuesto, hablamos de sexo consentido entre personas adultas, sin abusos ni violencias, fuera de toda explotación; vivimos en una era horrible donde tenemos que aclarar todo porque no falta quien tiene que poner objeciones a cualquier opinión)

La comedia es bastante frecuente en el cine porno. Lo que es cada vez menos frecuente -lo habrán adivinado siguen semana a semana estas columnas- es el cine porno, reemplazado por performances genitales sin historia ni puesta en escena  a las que difícilmente podemos incluir (bien o mal, esto no es un juicio de valor) dentro del arte cinematográfico. Así que, para hablar de esta cuestión, deberíamos remontarnos a la década de los ochenta. Es cierto que en la primera época del porno legal en los años setenta había bastante comedia. De hecho, tanto Garganta profunda como Taboo (la segunda, según la opinión de quien escribe, la mejor película pornográfica a la fecha) son comedias. Pero aquí deberíamos discriminar dentro de las comedias aquellas que son directamente películas cómicas. La diferencia tiene que ver con el tipo de relato: más conciso y realista en la "comedia"; menos atado a las reglas de la narración y la lógica (y mucho más concentrada en el gag y el efecto) la comicidad. La línea entre ambas formas de todos modos es bastante lábil, pero para poner ejemplos, Cuando Harry conoció a Sally es una comedia y La pistola desnuda, una película cómica. Las combinaciones, de todos modos, son infinitas.

El chiste general del porno consiste en que hay sexo. Que los personajes del cine o de la realidad a los que nunca vemos en actitud íntima visceral -porque es lo que la representación elimina siempre- aparecen tal como son. Y la desnudez y la animalidad que presentan el porno no solo llevan cualquier fantasía a la hiperrealidad (incluso sin dejar de ser fantasías, claro que sexuales), sino que rompen con todo lo que esas figuras suelen representar como "valores" (positivos o negativos). En la cama somos todos iguales. Eso explica que el porno suela tener una dimensión satírica, y extrañamente, democrática. Mostrar lo que las figuras ocultan para igualarlos a cualquiera de nosotros y que eso sea un espectáculo excitante -con lo cual esas figuras pasan a ser, además, objetos de uso para nosotros- es un poco el objetivo de la pornografía narrativa.

Para ilustrar esto, me gustaría recomendarles una película pornográfica llamada Blonde Goddess, realizada en 1982 por Bill Milling, con guión de Kang T. Cruel (un más que obvio seudónimo: es el nombre de uno de los villanos de la historieta clásica Flash Gordon, y se sospecha que detrás había un muy cotizado guionista de Hollywood haciendo changas, con un muy joven aún Ron Jeremy y Susanna Britton. El filme, completo, está disponible en Eroticage.net (que sigue siendo un reservorio increíble de material rarísimo aunque hay varias obras maestras legítimas del cine como Yo te saludo, maría -Godard-, La belle noiseuse -Rivette-, Delicias turcas -Verhoeven-, Días tranquilos en Clichy -Chabrol-, La mujer pública -Zulawski-, El diablo en el cuerpo -Bellocchio-, y etcéteras; también está Las colegialas se divierten con Susana Traverso y Guillermo Francella, claro) aunque sin subtítulos.

Bien, veamos de qué se trata. Hay una arqueóloga que es capturada en una pirámide maya que brilla con extraños colores. Están a punto de sacrificar a una señorita, delante de otra, una rubia enjundiosa con permanente muy ochentosa. El "sacrificio" consiste en una sesión de sexo bastante gimnástica que excita menos de lo que nos hace temer por nuestra estructura muscular si hacemos un 1% de lo que realiza la señorita de marras. Luego, deciden sacrificar a cuchillo a la arqueóloga. Pero llega otro arqueólogo con un látigo y detiene el sacrificio. Se llama Lousiana Smith y, en vez de salvar a su colega, la hace callar colocándole un pañuelo en la boca y dirige sus atenciones a la diosa rubia enjundiosa de permanente ochentosa. Cuando estamos legando al clímax de la secuencia, descubrimos que en realidad es fruto de la mente de un guionista de cómics discutiendo un guión con colegas en la redacción. A partir de allí, varias secuencias que se hilvanan con la "discusión en la redacción", todas pornográficas en general. Bueno, no todas.

Hay una parodia de películas de ciencia ficción llena de efectos especiales bastante raros, con papeles recortados, que recuerdan las animaciones que relizaba Terry Gilliam para los Monty Python. Hay incluso cosas rarísimas como una imagen de Luke Skywalker sobre su cabalgadura del planeta Hoth (es una foto) animada, una nave que es el boceto que realizó Moebius para la versión nunca realizada de Duna por Alejandro Jodorowsky (el cinéfilo va a encontrar más detalles) y la acción sexual suele interrumpirse con gags visuales en general efectivos. La idea es ver la parte de atrás de esas ficciones fantasiosas que inundaban Hollywood. Lo único raro de la película es que la imaginería que satiriza es cinematográfica pero se supone que están escribiendo historietas. Detalles, detalles.

¿Qué es lo mejor de la película? Que no deja de ofrecer lo que el cine porno en general tiene para ofrecer pero, al mismo tiempo, busca divertir al espectador más allá del viejo uno dos o el estímulo erótico inmediato. Por supuesto, ya nadie hace esta clase de filmes libres, excéntricos y desvergonzados. Pero lo bueno es que existen. Busque y comente.

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