"Mafalda ha quedado sin su creador, pero, a la vez, Mafalda nos lo hace presente. Se vuelve el legado de Quino y el modo en que se perpetuará en las siguientes generaciones", dice a BAE Negocios Isabella Cosse, investigadora de Conicet, de la UBA, de la Unsam y autora de Mafalda: historia social y política.

_¿Cómo explica que, al leerla, Mafalda sea tan actual?

_Intervienen diferentes cuestiones. Por un lado, Quino trabajó sobre fenómenos emergentes en su época, como las consignas feministas y las confrontaciones generacionales, y también sobre dilemas universales, como la oposición entre ricos y pobres, la amistad y la diferencia, lo individual y lo colectivo. Por el otro lado, son claves las sucesivas resignificaciones de cada lector, de cada época, en la que se proyectan las propias preocupaciones. Finalmente, el humor de Quino es abierto, entonces permite esa proyección, dado que el sentido de la historieta requiere de quien lee para darle sentido.
 

_¿Cómo hizo para ser un fenómeno que atravesó las fronteras?

_En parte, ese éxito fue posible porque los temas que la historieta puso en juego eran cuestiones globales y lectores en otros espacios muy alejados podían sentirse interpelados por la contestación social, las disputas entre las madres domésticas y sus hijas, las contradicciones que abrían las promesas de modernidad y hacerlo con sus propias preocupaciones. Darle su propio significado. De allí que en cada espacio la historieta tuvo diferentes sentidos. Por ejemplo, El Globo, una revista española, presentó a Mafalda como el cómic renovador en habla hispana y la historieta expresó una sensibilidad antiautoritaria, puso en juego la capacidad de leer entrelíneas, que era tan importante en Argentina y en la España de Franco. En cambio, en México, la historieta expresaba la posibilidad de confrontar con el cómic imperialista. Otra cuestión importante ha sido el papel de editores, entrevistas y libros que hicieron un recorte propio en cada lugar. Quisiera, también, resaltar que la historieta viajó con quienes la admiraban y, especialmente, con la diáspora del cono sur, muy especialmente.
 

_¿Cómo atraviesa a las generaciones desde lo social?

_Una de las cuestiones más sorprendente es la capacidad de Mafalda de ser leída por nuevas generaciones e, incluso, muy rápidamente volverse una historieta creada para adultos y leída por niños y niñas. Creo que allí juega, por supuesto, la creatividad, el genio de Quino, capaz de interpelar a diferentes lectores y lectoras. También está el hecho de que, con Mafalda, los niños y las niñas acceden a entrever el mundo adulto, a introducirse en él, y al mismo tiempo, al hacerlo, a leer e incluso a reírse de ellos mismos.
 

_Mafalda se convirtió en símbolo del feminismo, ¿Quino era feminista?

_Mafalda expresó en su origen, sin duda, las nuevas aspiraciones de las mujeres y las chicas jóvenes que estaban abriéndose a nuevas expectativas de vida, reclamando por la igualdad con los varones, confrontando con los prototipos de chicas dulces, suaves y domésticas. Ella movilizaba las aspiraciones a realizarse, a rebelarse, a proyectarse en condiciones de igualdad. A lo largo de mi investigación, me encontré con muchas mujeres que se identificaban con Mafalda justamente por ese motivo, o que eran denominadas "Mafalda" por sus familias o sus amigos y amigas por esas características que hacen que el personaje sea ineludible en las marchas feministas en muchas partes del mundo.
 

_¿Mafalda nos identifica ante el mundo como caricatura gráfica o por lo que es ella?

_No lo sé. Quizás Mafalda sea ambas cosas en simultáneo: como caricatura impregnada de valores, corporizada. Mafalda fue un puente, en ambos planos; por ejemplo, entre los exiliados y exiliadas y los españoles, que la habían convertido en un bestseller antes de que los exiliados del cono sur llegaran masivamente a España. Sin embargo, el modo en que Mafalda es apropiada por sus lectores y lectoras muchas veces implica cierto desplazamiento de su nacionalidad.

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