"Después de que investigué y escribí mi primera novela "Nomeolvides Armenuhi", la historia de mi abuela armenia sentí la necesidad de contar cómo es vivir en la Armenia actual. Sus conflictos contemporáneos, la forma de pensar de su gente, las costumbres tan diferentes y a su vez tan parecidas entre las mujeres de la diáspora y las armenias de Armenia. Mi primera novela está centrada en el Genocidio Armenio. A raíz de la publicación de mi primera novela, viajé a Armenia en 2016 y 2018. En esas visitas se despertó en mí la necesidad de narrar la Armenia actual. Pero tenía otro pendiente en mi vida. Contar una gran historia de amor", dice a BAE Negocios Magda Tagtachian sobre el origen de su nueva novela.

_¿Qué recibiste de la cultura armenia?

_Mi armenidad me da la fortaleza que me constituye. Me da la poesía. Me da el dolor, pero también una forma continua de elaborarlo y transformarlo en belleza. Lo aprendí de mi abuela Armenuhi, que quiere decir "Mujer armenia". Ella jamás contó cómo los turcos la habían metido a punta de fusil en un tren donde viajaban armenios hacinados, sin agua y sin comida. Mi abuela tenía siete años y la trasladaban con sus tres hermanos menores, mi bisabuelo Housepy mi bisabuela Satenig, embarazada de cinco meses, hacia Der Zor. Ese desierto, en el norte de Siria, funcionó durante el Genocidio Armenio, como un campo de concentración a cielo abierto. Allí ocurrieron las caravanas de la muerte. Los turcos hacían caminar a los armenios en redondo, con la promesa de que los reubicarían. Pero en ese derrotero, los armenios morían de extenuados y por inanición. Si alguno pedía algo o levantaba siquiera la voz, lo fusilaban delante de la familia. A las mujeres las violaban y a las embarazadas les abrían el vientre. A las otras las entregaban como esclavas sexuales a los árabes. Les tatuaban en la cara cruces para mostrar que eran cristianas. Mi bisabuelo, sabiendo que los llevaban a hacia Der Zor, esperó a que se hiciera de noche. Había descubierto un agujero en el piso del vagón. Envolvió a mi abuela en un trapo y la arrojó a las vías por ese agujero. Salvó su vida y la de su familia, a pesar de que llegaron caminando sin agua y sin comida hasta refugiarse en Alepo. Armenuhi jamás lo contó. Sin embargo, a través de la cocina, de la música y hasta de la forma en que me enseñó a tejer al crochet, mi abuela me transmitió la sabiduría y el espíritu para que pudiera buscar mi historia. Así me reencontré con la parte fundamental de mi vida. La que me da completo sentido. Mi abuela me enseñó a luchar sin levantar un arma y sin levantar la voz. Casi sin hablar.
 

_¿Cómo vivís lo que sucede con la guerra con Armenia y Artsaj?

_Con mucho dolor, pero sobre todo con mucha responsabilidad. Los planes genocidas del régimen turco, con su aliado Azerbaiyán, son manifiestos y expuestos. Erdogan y Aliyev -su par en Azerbaiyán- declararon públicamente su intención de eliminar a los armenios. Erdogan pretende instaurar un neotomanismo, reinstalar el sultanato y concluir con el plan genocida iniciado en 1915. Ni Turquía ni Azerbaiyán han reconocido el Genocidio Armenio. Hace días, turcos en el sur de Francia irrumpieron en una manifestación pacífica de armenios. Los atacaron a martillazos y a cuchillazos. En Lyon (Francia), hordas turcas también salieron por las calles en el barrio armenio al grito de "Alá es grande" mientras intimidaban "¿dónde están los armenios?" Estas cacerías se dieron en 1915 y tristemente se repiten hoy.
 

_Por qué los aromas y los sabores resultan tan importantes en esta novela?

_Porque todos nos podemos olvidar de las fechas o los lugares. Pero nadie jamás se olvida de una emoción, de una canción o de una rica comida. Nadie olvida el sabor de un leshmeyún, el almíbar de un baklavá, las nueces picadas dentro del kadaif. Nadie olvida el olor del chemen, el condimento fuertísimo y tan especial que envuelve el cabello y la ropa de todas las abuelas armenias que cocinan el bastermá. La identidad viaja en los aromas y en los sabores. En la gastronomía, en el arte y en la cultura.

 

_¿Alma Armenia tiene mucho de autobiográfico?

_Le presté a Alma Parsehyan mi carácter, mis búsquedas, mis luchas, parte de mi niñez en casa de mis abuelos, mis anhelos, mis miedos, mis emociones y mis pasiones. No es mi historia. Es una trama mucho más ambiciosa. Por suerte, la ficción está para eso.
 

_¿Cómo definís a Alma?

_Es una mujer de mediana edad que busca y se busca. Que se permite dudar. Que se permite equivocarse. Que se permite vivir un amor políticamente incorrecto. Sabe que aún en las zonas más oscuras puede encontrar respuestas. Se hace cargo del miedo. De esos resquicios se nutre. Sabe que allí nace su fortaleza y su tesoro. Y también su vulnerabilidad. Esa unión le da la sensibilidad que la empuja a seguir mirando y buscando

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