Una casa llena de gente se mete en los espacios privados y comunes de un edificio y sus habitantes para reconstruir sus historias; pero todo depende de quién lo cuente y quién lo mire. “Es la primera novela publicada antes fue un libro cuentos , y de ensayos y entrevistas”, dice Marina Sández a BAE Negocios.

“Siempre viví en edificio, en los últimos me tocaron esas construcciones que escuchas mucho a los otros. Me pasó de preguntarme cómo interpretaría un chico lo que yo estaba escuchando, me imaginaba lo que pensaría”, dice la autora.

“A veces uno reconstruye historias a partir de un sonido, de una charla en un supermercado, si vas a la farmacia regularmente esos remedios reconstruyen algo de tu vida. Una vez me puse a pensar como una empleada de un hotel imagina la vida de los que estaban en esa habitación a partir de lo que juntaba. Son suposiciones, lo que vos completas a partir de la imaginación”, sostiene.

-¿Los personajes son vecinos que tuvo?

-Ninguno es alguien. Todos son mezclas de muchas cosas. Tengo una hija de la edad de la novela, pero la empecé a escribir hace 10 años, ella era una beba. El persona se llama Charo por una nena muy Mafalda que vi en la playa una vez. Un lector, que no conozco, me dijo que se había encariñado con la familia, eso me encantó, porque eso quiere decir que los personajes son muy naturales, verídicos. Buscaba que sean reales, que le llegaran a los lectores y con eso ya estoy feliz.

-¿Siempre estamos imaginando la vida de los otros?

-Estamos todo el tiempo suponiendo. Vemos fragmentos, recortes y lo completamos con suposiciones nuestras dentro del marco limitado que conocemos de esas personas. Una vecina una vez me dijo “estaba todo bien hasta que pasó eso”, cuando le pregunté qué era eso, no me contestó más. El título lo puse yo. Me gusta el entramado de las personas, las relaciones familiares. Siempre me gustan las asociaciones.

-¿Por qué esta vez eligió escribir novela?

-Te permite mucho más desarrollar cada personaje en relación al cuento. Buscarle las mañas, los tic, los defectos, más rasgos, que lo hacen más verosímil que en los cuentos.

-¿Cuando supiste que querías escribir?

-Me gustó leer desde muy chica, en mi casa no había libros pero descubrí la biblioteca del colegio. No me acuerdo muchas cosas de mi vida pero si las que están marcadas por libros. De cada libro puedo contar un biografía con relación a mi, quien me lo regaló, cuando lo compré, donde lo lo leí. En el colegio iba a la biblioteca, después estudié Letras. Siempre quise escribir, desde muy chica. Era la que yo hacia todas las cartas, tarjetas de postales, los discursos del colegio, era la que usaba la palabra escrita para comunicar, incluso representando a otros. Me quedé sin un trabajo, trabajaba mucho, y mi marido me dijo: “Este es el momento para hacer lo que venías atrasando”. Y empecé a escribir y seguí de forma independiente con la gestión cultural , organizo actividades relacionadas con la literatura.

-¿Cómo fue ese proceso?

-Primero me costaba mucho, estaba acostumbrada a tener un salario. Ahora tengo una rutina, a la mañana no me pongo ninguna otra actividad, es el tiempo que uso para escribir. Durante el día la cabeza funciona de otra manera. Escribo en mi casa, en general trabajo en mi casa. A mi escribir me equilibró un montón, como una terapia. No tengo la energía puesta en cosas inútiles como pelearme en reuniones de consorcio. Compensó en energía por tener un tiempo que malgastaba. Después de ese rato de escritura puedo hacer cualquier otra cosa sin sentir que me falta algo. Necesito la actividad de sentir que estoy produciendo, escribiendo. Además de pensar, imaginar, necesito volcar en algún lado, más allá que después por ahí no sirva. Encuentro historias, pero tardo mucho en terminarlas, me encanta corregir, paso gran parte del tiempo puliendo. No me da el miedo a la página en blanco, porque me gusta todo el proceso. Es como terapia. A mi me sana fisicamente y psicólogicamente

 -¿Qué espacio ocupa la literatura?

-A mí me gustaría que a toda la gente le gustara. Qué hace alguien en un colectivo, en una sala de espera, en un aeropuerto, ahora está el celular, pero esa función podría estar activada en los libros. Me gustaría que todos tengan la suerte de encontrar la biblioteca en el colegio como tuve yo. A veces es leer, otras reflexionar sobre lo que leíste, es como tener amigo imaginario permanente, nunca te aburris, nunca te sentís solo, te permite imaginar, es como mentalmente no te aburrís. Voy por la calle y relaciono personas que veo con personajes de novelas que leí, es imposible aburrirse.