Muchas veces hemos hablado en esta columna de la relación esquizofrénica que los estadounidenses tienen con el sexo y el entretenimiento sexual. Por un lado, fueron el primer país de América en legalizar la pornografía; por el otro, son el país de América que con más saña la persigue. La pornografía no solo es una industria gigantesca sino también una mácula indeleble en la carrera de cualquiera que pase por ella. Prácticamente, salvo como figuras marginales y "de culto", ninguna de las grandes estrellas del porno pudo pasar al entretenimiento "normal" con algo de peso. Es cierto que uno puede ver a Ron Jeremy haciendo cameos o personajes breves (siempre como alguien vinculado al porno) o incluso a Traci Lords, aquella actriz que causó un escándalo cuando se supo que hacía porno siendo menor de edad. Para la moral media estadounidense, dedicarse al entretenimiento para adultos o estar vinculado de algún modo a lo sexual es una especie de pecado que se paga caro. Puede parece raro, pero esta ambigüedad está inscripta a fuego en el puritanismo de esa país.

Las últimas noticias hablan de una campaña internacional, una petición con más de un millón y medio de firmas para que se elimine de Internet todo material pornográfico protagonizado por la modelo, personalidad web y comentadora de deportes americano-libanesa Mia Khalifa. La señorita Khalifa protagonizó pornografía durante tres meses (tres meses, eso, no hay ningún error) para PornHub y BangBross. El curioso erotómano que sigue esta sección puede poner en el buscador de PornHub el nombre de la señorita y acceder (todavía, ya veremos por qué) a esos contenidos. Que son, sí, pornográficos y duros. Hay tríos interraciales con dos hombres, tríos con una pareja, relaciones orales, anales, etcétera. Digamos que no solo es de una gran ductilidad sino que además -esto puede sonar irónico, pero aseguramos que no lo es- resulta buena actriz: uno cree las narrativas en las que las secuencias hardcore están inscriptas. Ahora bien: en muchos de esos videos utiliza hijab. Es decir, ese pañuelo típico de las mujeres musulmanas. Este detalle es sumamente importante.

Porque los videos con hijab -que es más una prenda cultural que un mandato religioso, aunque ambas cosas hoy aparecen totalmente fundidas y confundidas- hizo que ISIS amenazara de muerte repetidas veces a Khalifa. Por cierto, no parece en los videos que hiciera algo a disgusto; de hecho, originalmente este contenido estaba en su propio sitio (puede verse la marca de agua "miakhalifa.com"). Pero ahora es una señorita "respetable". Pero además, amigos, hay otro detalle: que un hombre blanco rubio americano tenga relaciones con dos chicas con hijab se lee en tiempos de corrección política cuasi fascista como un insulto a la comunidad musulmana. También -pero esto se dice menos- que haya relaciones interraciales con dos afroamericanos. Aunque parezca totalmente paradójico, la propia corrección política, el mismísimo grito de "Black Life Matters" esconde en algunos casos nada más ni nada menos que segregación. Que es, qué duda cabe, racismo. Esto es lo que hay detrás de esta petición que se llama "Justicia para Mia Khalifa", donde se pide que se eliminen todos sus videos pornográficos en todo servidor. Como saben, acciones de este tipo han funcionado en el pasado, tanto para material producido legítimamente como para fakes.

Mia era graduada en artes, bartender y criada en familia católica no practicante, alguien que debió dejar El Líbano con su familia en medio de la guerra. Por su currículum, se nota una persona con formación bastante sólida. Lo de la pornografía comenzó como algo amateur realizado con su marido, hasta que le ofrecieron dedicarse profesionalmente. Lo hizo esos pocos meses. Si en el famoso video no hubiera usado hijab, nadie hablaría tanto de él. Pero, como dijo su productor para BangBross Timothy Bella, "no era la intención explotar la etnicidad de Mia, sino celebrarla". Bueno, es una manera de ver las cosas. Lo cierto es que -aquí seguimos un poco Wikipedia, sepan disculpar- ese video es un ejemplo clarísimo del "efecto Barbra Streisand". Consiste en que algo poco visible se vuelve muy buscado justamente porque alguien dice que no debe verse. La prohibición se transforma en estímulo a la curiosidad.

De allí que Mía Khalifa fuera durante dos años (2014 y 2015) la persona más buscada en PornHub; y luego, gracias a esa popularidad, se convirtiera en una personalidad de los medios, al punto de que realizar algo que tuviese que ver con la pornografía en un país con tan fuerte doble moral se vuelve contraproducente. Cuando una persona salta el nicho del porno y comienza a ser conocido por "la familia", es imposible volver a él. No solo eso: de algún modo hay que borrar todo eso que resulta vergonzoso o vergonzante. Esto es bastante extraño, también, pero los Estados Unidos constituyen una nación llena de pequeñas "naciones", donde lo que se piense en Nueva York puede ser lo contrario de lo que se piensa en Iowa en un tipo de extensión ideológica donde lo único en común es la defensa de las libertades individuales y la idea de la América utópica, tierra de oportunidades para quien desee trabajar. En todo lo demás, la variación de fondo es la que produce estas paradojas de superficie.

El caso Mia Khalifa puede interpretarse entonces no como la hipocresía de una sociedad sino como lo que sucede en un mundo realmente diverso tanto en lo étnico como en lo social e ideológico. Hablar de "los americanos" como un todo es lo que lleva a un error constante al juzgar a los estadounidenses; también lo que nos llena de sorpresa cuando ciertos acontecimientos parecen salirse de la imagen (muchas veces perezosa) que tenemos de esa sociedad. Que hoy, dicho sea de paso, a través de las mejores intenciones está generando grados de intolerancia ideológica no vistos desde los años álgidos de la primera Guerra Fría. También por esto es que la iniciativa de "justicia" (?) para Mia Khalifa tiene éxito: paternalismo sobre la "pobre chica" que alguna vez cometió el "error" de hacer porno. Nada más errado ni más patriarcal.

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Leonardo Desposito

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