La semana pasada llamamos la atención sobre un sitio (zizki.com) que permite tanto al erotómano como al amante del buen dibujo contemplar algunas de las historietas para adultas mejor dibujadas de las últimas cinco décadas. Dejamos afuera de mención a muchos dibujantes, por ejemplo el gran padre del comic underground americano Robert Cumb o el maestro argentno Horacio Altuna, por mencionar dos grandes (hay muchos). También mencionamos mucho a uno de los mejores dibujantes italianos, Milo Manara, un señor con una carrera extraordinaria que trabajó tanto para Federico Fellini como para Marvel Comics sin ceder un centímetro de su propio estilo.

Manara es un dibujante realista en cuanto a formas: esto es, que las figuras se asemejan a las proporciones de la realidad. Es también muy afecto a los detalles, pero lo que más llama la atención en sus trabajos es el uso de lo que los franceses y belgas llamaron "línea clara", la casi ausencia de sombras en el dibujo. Predominan siempre las líneas, el espacio blanco y la luz, y es virtuoso cómo, con ello se logra la impresión de tres dimensiones. También Manara es un virtuoso dibujante de cuerpos femeninos, aunque debemos aclarar que las "chicas Manara", con esas piernas largas y nalgas y pechos enjundiosos, son una imposibilidad biológica. Como otros muchos dibujantes (por ejemplo Jack Kirby, el inventor del superhéroe moderno), modifican sutilmente las proporciones para que nos parezcan "reales" los personajes aunque son una pura invención gráfica. En última instancia, este uso del estilo permite transmitir cómo el artista mira al mundo y, en este caso, las mujeres. En su trabajo en colores, mantiene este sutil predominio de la forma "irreal" y de la línea se mantiene en el uso claro de la iluminación. Su uso de aguadas (muy influido por Hugo Pratt, uno de sus maestros) es similar al que Horacio Altuna emplea cuando trabaja en color.

Dicho esto, porque el cine y la historieta son hermanas de sangre, resulta que apareció en Erogarga.com, ese servidor de rarezas porno-erótico-clase Z que debería ser solaz del cinéfilo curioso, Le Déclic. Ni más ni menos la adaptación de El click, una de las historietas eróticas más conocidas de Milo Manara. En primer lugar, permite ver justamente eso de cómo el dibujante "deforma" bellamente las figuras humanas: aunque las actrices de la película (muchas de ellas, solo estampas, sin diálogo aunque sí con algunos gemidos) son muy bonitas y están filmadas siguiendo como molde -o, más bien, como storyboard- las imágenes de Manara con muchos encuadres exactos, los cuerpos son diferentes de los dibujos. No importa demasiado, igual.

El filme es francés, se realizó en 1985 y lo dirigió Jean-Louis Richard, rodada en Nueva Orleans. Pero hay además una versión estadounidense realizada por Steve Barnett. Es importante la diferencia porque Le Déclic es una historia satírica: un científico crea un aparato que desata la excitación sexual de cualquiera, y además de usarlo para cambiar su paupérrima vida erótica, lo va a utilizar para vengarse de su propio jefe. En la versión francesa, el humor va de la par del erotismo y hay muy poca ridiculez. En la estadounidense, donde se incorporó algún material y se acortaron escenas -no necesariamente las eróticas- las cosas son más burlescas, más veloces y menos enjundiosas. En cualquiera de los dos casos, lo más interesante es cómo se tralsada al cine una historieta.

Sé que nos desviamos de tema, pero es interesante, también. Hay ejemplos en los que el realizador copia el estilo del cómic y juega con él: notablemente el Dick Tracy (1989, Oscar a la mejor canción para Stephen Sondheim y Madonna por Sooner or later) de Warren Beatty, o aquellos que toman el personaje o la trama y los vuelcan a un universo personal (las película de Batman de Christopher Nolan, o las de Guardianes de la Galaxia de James Gunn). Le Déclic es un poco ambas cosas. Por un lado, tiene todo el erotismo del diseño de Manara por el procedimiento de copiar las viñetas. Por el otro, trata de construir una narrativa que, si bien sigue los tres libros originales de la tira (no se publicó en forma periódica, sino que son tres álbumes que crean el arco completo), tiene sus propios acentos y tonos.

Pero lo más extraño de la película es que, si bien hace un enorme esfuerzo por alcanzar las cimas de erotismo de la hstorieta, no lo logra. Decimos que es extraño porque, en efecto, aquí hay cuerpos reales, no dibujados, y porque se mueven. El sustrato incestuoso de algunos de los episodios es mucho más tenso, justamente por esta razón. Pero al mismo tiempo, falta algo: la elección de manara de diseñar la expresión de sus personajes en cada viñeta. El dibujante -esto sucede también con el dibujo animado- usa "lo justo" y exagera lo necesario para causar cierto efecto. El cineasta tiene la realidad tal cual es y no le queda más salida que traducir el dibujo a los límites impuestos por esa realidad. Por eso en general las mejores películas sobre cómics son las que van por otro lado (verbigracia, las dos Batman de Tim Burton, especialmente la segunda). 

De todos modos, Le Déclic es una muy buena aproximación a la obra de Manara, a la sutileza con la que es capaz de mostrar incluso las relaciones más perversas (perversión y sutileza son dos términos que parecen no poder compartir la misma oración), y a esa rara relación que existe entre las dos únicas artes nacidas en la modernidad y gracias a la Revolución Industrial. La versión de Erogarga es, por suerte, la europea, así que mucho, muchísimo más próxima a la historieta original). Pruebe sexo aparte.

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Leonardo Desposito

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