Desde Bariloche donde vive el autor e ilustrador Pablo Bernasconi dialogó con BAE Negocios sobre sus dos nuevos libros infantiles.

—¿Cómo es escribir para los más chiquitos como en el caso de Burundi: más alto?
—Bueno, por mi forma de pensar y tratar de abarcar la mayor cantidad de puntas posibles, es un desafío muy complejo. La búsqueda de la simpleza, los matices narrativos para contar una brevísima historia, exige una búsqueda muy precisa que acerque un mensaje genuino a los lectores.

—¿Por algo en especial elegiste el mono?
—Bueno, en ésta serie, cada animal responde a un estereotipo humano, pero torcido. Un perro salchicha que se cree león, una lechuza negadora y terraplanista, un conejo adorable pero sabiondo e intelectual. Y el mono, que juega en la frontera entre ser mentiroso o distraído. Me parece que en todo caso lo que el mono nos trae en Burundi es la posibilidad lúdica del humor. Este formato de libro es el primero de varios, en el que se despega una pequeña historia desde dentro de otra historia. Me gusta la idea de ramificar el texto.

—¿A la hora de ilustrar para ellos hay algo especial?
—En general, la creación de cada personaje tiene mucho que ver con la imperfección, con la cercanía a la realidad. No hay personajes ingenuos o vacíos en Burundi, traté (y voy a seguir tratando) de superponer capas de sentido a medida que vayan sumándose títulos. Por eso, las facciones, los rasgos, las actitudes de éstos personajes son muy disímiles entre sí, tratando de explorar y profundizar la analogía con los humanos.

—El otro Burundi : De Osos, Lechuzas Y Tempanos Calientes ¿Qué significa Burundi?
—Inicialmente, buscábamos un juego de palabras pegadizo, musical, que no tuviese un significado sino que simplemente nos remitiera a algún lugar lejano. Burundi, en realidad es un país de África, pero ésta serie no necesariamente se desarrolla ahí.

—¿De qué se trata esta colección?
—Mi intención es ir conformando un universo que explore, a través de las historias de éstos animales, las relaciones, los conflictos, las contradicciones, además de sugerir temas actuales como el cambio climático, la diversidad, las injusticias o el poder. Todo esto desde una mirada tamizada por el humor y la poesía que puede sumar una historia.

—¿Por qué elegiste a los animales como protagonistas?
—Los animales son funcionales a su estereotipo. Así, de cada animal puedo explorar formas entre las relaciones humanas, y sugerir temas que de otro modo serían demasiado directos. Los animales transportan las metáforas que van a ir dando forma a muchas de las situaciones y conflictos que me interesan representar.

—¿Te parece que a los chicos los puede ayudar la literatura en esta época de pandemia?
—Estoy seguro que si. La literatura provoca, exige, deconstruye, expulsa e integra; es primordialmente un instrumento expansivo de la inteligencia. Y en la pandemia, los valores trastocados y las rutinas erosionadas nos piden que busquemos refugio en algo así. Creo por otro lado que el libro, como objeto de convergencia afectiva se impone mucho más en momentos de confusión y ruptura. El libro nos protege de la desazón, es el barbijo del intelecto.

—¿Cómo viviste como artista la cuarentena?
—Bueno, la actividad del escritor y el artista no difiere tanto en cuanto a rutinas de lo que vivimos en éstos tiempos. El trabajo en casa, el encierro, la concentración, el rebusque cotidiano, la reinvención. Casi diría que vivo hace 20 años en un tipo de cuarentena...

—¿Vos que estas tan en contacto con los chicos como ves la virtualidad en la que la realidad los obliga a vivir?
—Veo un panorama muy heterogéneo de realidades. No viven la misma escena quienes están aislados en pueblos del norte del país, con difícil o nulo acceso a la virtualidad que quienes puedan acercarse desde la ciudad a la tecnología. Entonces, todos están obligados de algún modo a extraer lo mejor de su mediósfera, de su entorno cercano. Aquí, en la Patagonia por ejemplo, tenemos una cercanía con la naturaleza y el espacio que nos deja respirar de un modo distinto que quien viva en un departamento, pero nuestra calidad de conexión es malísima. La niñez saca provecho y sabe defenderse con mucha más flexibilidad de la que creemos.

—¿Te parece que esta bueno leerles por videollamada?
—Me parece que está bueno leerles. Siempre.

—¿La pandemia sacó lo mejor o lo peor de la sociedad?
—Eso lo vamos a descubrir cuando la pandemia sea historia. En el durante, al menos como yo lo veo, tengo esperanzas de que éste cimbronazo remueva viejas estructuras que necesitan terminar de una forma, u otra.

—¿Te parece que hay que incorporar lo que sucede a lo lúdico?
—Me parece que manejarse de forma lúdica incide siempre en la respuesta espontánea y flexible que uno pueda tener ante cualquier situación, buena o mala. El juego, con sus reglas, nos permite sobre todo, descubrir pensamientos y soluciones que de otra forma hubiesen quedado ocultas.

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Maria Helena Ripetta

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