"El universo de los negocios me fascina. Es un mundo muy narrable. Así como Sarmiento estaba fascinado con los caudillos y los gauchos, yo me fascino con los gerentes, con las grandes empresas, con los departamentos de recursos humanos, con el dinero. Mis "Quiroga" son los CEOs, la barahúnda corporativa. En "Satisfaction" les di un lugar en la literatura argentina. Deberían subvencionarme, ¿no?. Ando en perpetua busca de mecenazgo".  Pablo Ottonello oscila todo el tiempo entre la reflexión profunda acerca de su narrativa y la ironía para hablar sobre su último libro. 

"La novela está inmersa en el mundo de las relaciones de trabajo, pero trata, si nos ponemos estrictos, de una cita virtual. El tema surgió porque hice un focusgroup para vender muchos libros, ser traducido a veinte lenguas, invertir en criptomonedas, y comprarme, eventualmente, la misma Maseraticero kilómetroque tiene Julia, mi protagonista. (Me gusta mucho Dante, pero también los autos italianos.)Hablando en serio. Surgió porque las plataformas de citas son una mina de literatura. Y yo, desde hace años, vivo a la pesca de algún atípico diamante", dice.

¿Por qué le pusiste ese titulo?

—Vivimos, creo, una época de hibridez linguística. Un título en inglés para una novela argentina puede parecer un gesto esnob. Pero para quien la lea, entenderá que alude a uno de los tópicos claves de la obra, que es el modo en que se configura el "habla". Por si los ínclitos lectores de la revista ignoran quien es Saussure, resumiré irresponsablemente lo que sostuvo en una de sus obras capitales. Para este tipo existe un código, que es la "lengua", y un uso de ese código, que es el "habla". El título en inglés es una derrota a la soberanía nacional. (Se lo debo a mi editora, a quien intento convencer de que conmigo se llenará de oro y gloria.) Ni siquiera pude usar mi propia lengua porque estamos, sugiere el libro, ¡colonizados!, perdidos en una trendy época de acrónimos y terminología gerencial. También coquetea con Mick Jagger, la imposición del éxito en todos sus matices. No elegí ni el título ni la tapa, y son, hay que decirlo, quizás, lo mejor del libro.

—¿Hoy las app de citas son la formas mas frecuentes de conocerse?

—No sé. Habría que preguntarle a la gente de Silicon Valley, o a ElonMusk. Ellos saben siempre todo.

—¿Te metiste en ese mundo para escribir la novela?

—Por suerte tengo una imaginación bastante frondosa, diría amazónica, y no sometida a la deforestación. Escribí la novela en 14 días sin interrupción, tomando peligrosas dosis de mate (seguido de pacificadores psicotrópicos no naturales, como el Rivotril, porque nada atenta más contra la literatura que el insomnio). Imaginé todo. Es parte, supongo, del jobdescription de ser escritor. No da dinero, pero da placer, o al menos, a mí me resulta un gozo diario. Me metí muchos años después con las plataformas de citas. Tras meses de intenso trabajo de campo, confirmé mis sospechas. Las apps son un circo de inseguridades y tristeza. Hay textos de presentación que dan risa y también pena. Pero ojo, también existe la suerte, y a veces algún match te sorprende.

Las apps son un circo de inseguridades y tristeza. Hay textos de presentación que dan risa y también pena

¿Cómo definís a Julia y Juan?

—Julia es una mujer rica, poderosa, inteligente, o mejor dicho, brillante, exageradamente locuaz, y que siempre está "en control" de la situación. Juan, en cambio, es un lector medio de esta revista: lleno de expectativas, con ideas para buenos negocios que no siempre se concretan, algo envidioso, jugador de tenis o de golf (los deportes de la elegante burguesía), dueño de un velerito, con ahorros en cuentas extranjeras, anteojos Rayban, una barriguita incipiente, y algunas ideas un poco anticuadas sobre el funcionamiento del mundo. (Por favor, no se ofendan que, como dijo Onetti, la vida es breve.) Es un machirulo, cosa que le señalan una y otra vez, en la segunda y tercera parte de libro. Un machirulo y un tipo que mira Netflix en vez de leer novelas. Juan no tiene idea de quién es Facundo Quiroga. ¡Por eso me fascina! Según estudios recientes del departamento de Neurociencias de la Universidad de Arizona, leer una buena novela (de 200 páginas, como la mía) aumenta la calidad de las sinapsis, mejora el rendimiento laboral, provoca bienestar inespecífico (a veces llamado "felicidad"), estimula la concentración (lo contrario del nefasto "multitasking" que arruina los cerebros y también la vida social) y aumenta la libido. Hagan la prueba. Se hacen descuentos por venta mayorista.

¿Por qué elegiste que sea en Chicago?

—A pesar de que escribo tres novelas al año hace una década, también me dedico a la crítica literaria en una institución muy prestigiosa, la Universidad de Chicago. En el mismo campus donde se reinventó el neoliberalismo, yo he leído mis libritos debajo de los robles, y en la brutal Biblioteca Regenstein, donde me aburría y fui feliz. Viví tres años ahí. Tengo una relación muy próxima con esa ciudad. Pienso en Chicago y lloro. Además, esa zona, el Midwest, comprendido por Wisconsin, Iowa, Illinois, Michigan, y otros estados que suelen ser ignorados, es la porción más literaria de Estados Unidos. 

—Una cosa es el encuentro virtual y otro el de los cuerpos ¿eso es lo que lo altera a Juan?

—Exacto. A Juan lo altera la inhibición, la dimensión inefable de los cuerpos.

—¿Cuándo se escribe sobre historias contemporáneas, que hay que hacer para ser creíbles y que el lector se sienta identificado?

—¡Hay que ser buen escritor!. Podría dedicarle un número entero de la revista a hablar de géneros, de realismo, de verosimilitud. Lo que llamás "credibilidad", lo entiendo, más bien, como la construcción de lo "verosímil", una categoría más amable. Significa aquello que "podría ser", que el lector acepta dentro del marco de la narración. No creo que haya trucos para la identificación, o la empatía. En mi caso, me apoyé en el registro oral. Dos grandes maestros del tópico fueron Manuel Puig y Foster Wallace, a las que este libro les debe muchísimo. Si puedo opinar, diría que la identificación se provoca en el entrecruzamiento de los elementos de ese mundo laboral concreto (que el lector conoce por sus propios hábitos, ruinas y rutinas) y aquellas emociones (frustración, éxito, aburrimiento, gloria, seudo-epifanía, etcétera) que el personaje confiere a aquello que narra.

¿Cuál es el rol de la cuarentena en tiempos de pandemia?

— El rol de la cuarentena es el estallido de la lectura de "Satisfaction", una novela ideal para gerentes con ilusiones millonarias. Hablando en serio: la cuarentena reduce el movimiento, y por lo tanto los contagios. Tiene, sin embargo, repercusiones culturales que me benefician. La quietud obligada expone al individuo a los sufrimientos de la serenidad. En este panorama de encierro algunos descubren (o redescubren) las anacrónicas artes narrativas.

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Maria Helena Ripetta

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