En tres días, Harry Potter y la Piedra Filosofal, primera película de la serie estrenada originalmente en 2001, recaudó en China más que en su lanzamiento original, poco más de u$ 21 millones. Como curiosidad, logró convertirse en la segunda película de toda la serie en superar la barrera de los u$ 1000 millones acumulados (en total, u$ 1001 millones en salas). Es cierto: en 2001 China estaba aún muy lejos de convertirse en uno de los dos mercados cinematográficos más grandes del mundo. Y veintiún millones hoy, de no mediar la pandemia, sería una pequeña anécdota en una plaza donde un tanque puede recaudar cientos de millones (La Tierra errante, película local de gran presupuesto, debutó con u$ 360 millones el 8 de febrero de 2019). Pero las características de este lanzamiento permiten entender la tendencia mundial del negocio, acelerada por el contexto de salud global.

En la última década y media, el negocio del cine se asienta casi exclusivamente en el gran espectáculo para público amplio. Es lo que sostiene a los estudios y le permiten hacer otras películas. Para que funcione, los "tanques" deben ser atractivos, enormes, tener versiones Imax y 3D, y girar alrededor de material previamente conocido. Eso es Harry Potter, Avengers, El Señor de los Anillos, Star Wars, Toy Story, Batman, etcétera. Solo en ocasiones hay algo "nuevo" como Avatar, pero en ese caso la "franquicia" era el director, James Cameron. El problema consiste en que este tipo de películas creó un público que solo responde a esos espectáculos. Si no los tiene, no va a ver otras cosas, lo que deja fuera de mercado a nueve décimas partes del cine. Que está encontrando un hogar en las plataformas.

El restreno de Harry Potter en China fue en versión Imax e Imax 3D. Como no hay películas "nuevas", se opta por remozar lo "viejo" con tecnología y apuntar no al filme sino a la experiencia. La tendencia era creciente antes, pero ante el cierre de muchos cines (se calcula en China que el 25% de sus salas cerrarán definitivamente) por la pandemia, se acelera. Lo mismo pasa en los EE.UU.: salvo algunas pocas producciones, básicamente solo hay "restrenos de tanques". De paso, esto también redora el valor de las películas ya hechas, que se vuelven lo más parecido a un commodity. Ese mercado de materiales también crece, especialmente en el caso de las plataformas (como informamos ayer) pero por otros motivos. El gran negocio de mañana es tener propiedades del ayer, que hoy están en -cada vez, concentración mediante- menos manos.

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