Nunca hay que despreciar el carácter documental del cine. Incluso hoy, cuando la mayoría de las películas importantes están hechas con una computadora, uno puede averiguar muchísimo de la sociedad y el mundo en el que aparecen. El cine pornográfico tiene una característica más interesante: también podemos ver cómo han cambiado los cuerpos y las fantasías respecto de él con el correr de las décadas, por lo menos desde los años setenta hasta hoy.

Es cierto que debemos ser cautos sobre todo en estos tiempos. Dado que hay muchísima pornografía amateur, "fatta in casa", y que se multiplicaron los nichos específicos con cuerpos de todo tipo, color, identidad y edad, resulta menos sencillo establecer un patrón como sí sucedía en la década de los 70 o, hasta cierto punto, en la de los 80. Así que, para ser más o menos ecuánimes -y ecuménicos- vamos a tener en cuenta solo el porno industrial, mainstream. Va a funcionar bien, porque el mainstream (en el cine o en cualquier arte) implica algo así como el común denominador, lo que la mayoría está dispuesta a aceptar. Se construye, por imperativos industriales y económicos, desde ahí, con una estética consensuada. No es diferente en el porno, por cierto, y lo que digamos vale también para el "otro cine".

Veamos. Antes de los años setenta, es decir antes de que comenzara la legalización global, era lo que había, porque todo era clandestino. Las mujeres en general eran prostitutas que en ocasiones usaban máscaras; los hombres, los que se prestasen. Esas mujeres solían ser muy curvilíneas, enjundiosas sobre todo en senos (en los EEUU) y en glúteos (en Europa) porque era lo que pedían los clientes de las profesionales. Pero había un poco de todo, no un estándar. Esas películas, en ese sentido, son auténticos documentales.

En los años setenta las cosas cambiaron un poco. Primero, las chicas empezaron a ser muy jóvenes, con cuerpos en general delgados. Si no, sí, delgados, con tendencia a lo núbil, sobre todo en el porno europeo. Pero como no había -o no se habían generalizado- las cirugías, eran cuerpos bastante normales, incluso si estaban más cerca de la delgadez que de la enjundia. Los hombres, por el contrario, eran de diferente tipo y sí se acomodaban a las tramas de las películas. Un ejemplo: el profesor de un colegio de señoritas era un treintañero, y las chicas, veinteañeras reales "maquilladas" y vestidas como colegialas.

Por cierto, estas temáticas de adultos con chicas hoy tampoco se filma en el porno mainstream, porque la corrección política abarca todo. Algo extraño consiste en que es muy frecuente que el hombre no esté todo el tiempo en estado de excitación visible, sino que veamos el proceso (oral o manual por acción de la partenaire) de llegar al punto óptimo. Pero como se pagaba por horas, a veces la cosa de la cosa está a medias. Dicho esto, los cuerpos tienen vello en todos los casos, y suele haber poco maquillaje salvo en las películas del porno-chic europeo, con mucho más presupuesto.

Los ochenta fueron, directamente, los años del video. También fueron los años en los que comenzó cierta tendencia atlética en los actores del porno, y cuando se popularizaron los implantes. Las mujeres pasaron a ser más grandes que la vida, y en cuanto a los hombres se privilegiaban los cuerpos masivos y dotados. Ahora sí todo estaba en tamaño y forma, porque el video permitía filmar y refilmar de un modo más económico. Tambien comenzó a usarse un maquillaje mucho más brillante, con pieles que refulgían y se cubrían de sudor de un modo más claro. El propio sexo era mucho menos suave, más "sucio" en cierto sentido. Había mucha más fantasía en cuanto a peinados, vestuario más colorido, mucho látex y fue clara la aparición del lycra en la ropa, que marcaba mucho más las formas.

Hay algo en el porno de los ochenta que lo volvió mucho más kitsch, probablemente porque -como reflejo del resto del cine- optaba por la sátira, por la inspiración por fuera del sexo, por tomar elementos de la cultura popular e incorporarlos al relato del coito. También la gestualidad era más marcada, y los colores muchísimo más fuertes, en parte por la luz y la imagen más parecida a la TV en vivo. Hay otro factor: el sistema NTSC estadounidense -a diferencia del PAL N o PAL B que había en Europa o la Argentina- era de colores más contrastados y brillantes. Puro flúo y oscuridades más oscuras.

Hasta la llegada de Internet, las cosas siguieron así. Con Internet, hubo un cambio muy fuerte. Los consumidores empezaron a exigir una fantasía única, y los cuerpos se estilizaron a límites casi antinaturales. Los cuerpos femeninos son muy delgados pero, al mismo tiempo, con muchas curvas. Desapareció el vello púbico, primero en las mujeres y luego -ya bien entrado el nuevo siglo- el masculino. De hecho, los hombres comenzaron a optar por depilación total. Todo se volvió más plástico: los hombres son muy delgados y musculosos sobre todo en espalda y hombros. Las mujeres, algunas con músculos marcados pero todas perfectamente "lisas" en cuerpo, y el resto del cuerpo con un grado de perfección artificial que solo se consigue si uno es, en la vida real, menudo y bajo. Es así: las pornostars digitales suelen ser "chiquitas", solo que la cámara, el gran angular, etcétera, las vuelve "enormes". Lo mismo pasa con los hombres, salvo excepciones. La ausencia de vello también logra el efecto de penes enormes aunque sean más o menos normales. Y como las mujeres son pequeñas, la sensación de algo gigante se incrementa. El maquillaje se perfeccionó hasta volverse casi invisible, aunque está ahí y no suele correrse.

Es decir: pasamos de la realidad al puro artificio, de cuerpos deseables a cuerpos inventados, en general producto de la influencia del dibujo, aunque parezca increíble (el porno es algo de personas en general jóvenes, muy cercanas al manga o la animación estilizadísima). Pasamos de un cine para adultos a otro para "chicos", aunque mayores de edad (legalmente hablando). Y si lo piensan, lo mismo pasó con el resto del cine.

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