"Perturbadora", "asquerosa" y un éxito comercial: los perros-robot que defecan imágenes en Art Basel
Beeple sacudió Art Basel Miami con “Regular Animals”, una manada de perros-robot con rostros de artistas y magnates que defecan imágenes y desató un debate sobre arte y tecnología
La escena irrumpió sin aviso y dejó a muchos con gesto torcido: una manada de perros-robot avanzó por el piso de Art Basel Miami con cabezas hiperrealistas de Elon Musk, Andy Warhol, Mark Zuckerberg, Pablo Picasso, Jeff Bezos y del propio Beeple, autor de la obra. Cada uno se detuvo, se incorporó hacia atrás y expulsó una imagen impresa mientras la pantalla posterior activaba el mensaje “poop mode” (modo caca). Varios visitantes reaccionaron con rechazo inmediato y, según registraron medios, usaron dos palabras para describir lo que veían: “perturbadora” y “asquerosa”.
El gesto del artista y su mensaje
El proyecto, titulado Regular Animals, nació como advertencia. Beeple —Mike Winkelmann— plantea que la velocidad del cambio tecnológico supera la capacidad de adaptación social. Durante la primera jornada de feria se mantuvo dentro del corral donde se movían los robots y recogió las impresiones para entregarlas a quienes se acercaban. Dos de los animales replicaron su cara, completando un elenco que unió tradición artística, poder tecnológico y mirada contemporánea.
El funcionamiento también generó curiosidad. Cada robot tomó fotos de lo que tenía enfrente y produjo una imagen impresa reinterpretada según el estilo del personaje cuya cabeza llevaba. Winklemann mostró ejemplos concretos: una estampa al modo de Warhol, otra filtrada por el prisma de Picasso. En el caso de los robots con rostros de magnates tecnológicos, el artista vinculó esa lógica con el poder que ejercen sus algoritmos en la vida cotidiana, al definir qué contenidos ve el público y cómo se forma su percepción del mundo.
La obra desató reacciones cruzadasLa instalación se convirtió en uno de los polos de atracción de la sección Zero 10, dedicada al arte digital y las nuevas tecnologías. Desde el inicio dividió al público. Hubo quienes sacaron el celular para registrar la escena absurda y quienes se retiraron sin disimular el rechazo. Las descripciones se repitieron: “perturbadora”, “asquerosa”, “brillante”.
La confrontación visual fue parte central del dispositivo: la mezcla de caras icónicas de la cultura y magnates que controlan plataformas globales sobre cuerpos caninos que defecan arte intensificó la incomodidad. Los críticos describieron la estética como inquietante, cercana a una distopía posible. Otros destacaron la carga simbólica de la obra: una reflexión sobre el control de la información, la construcción de la mirada pública y el poder de los algoritmos en la circulación de imágenes. Lo provocativo y lo literal provocaron un abanico de respuestas que osciló entre la repulsión y el entusiasmo, sin escalas intermedias.
El contexto de una feria en transformaciónLa ubicación de la obra dentro de Zero 10, el sector dedicado al arte digital, reveló otro punto de debate. Art Basel profundizó su giro hacia las prácticas basadas en inteligencia artificial, robótica y NFT. Ese desplazamiento tensionó al ambiente artístico: para algunos, estas propuestas continúan una tradición experimental; para otros, se acercan demasiado al espectáculo. Regular Animals dejó en evidencia esas diferencias y reabrió discusiones sobre los límites del arte en la era tecnológica.
La trayectoria de Beeple alimentó ese debate. Desde la venta de su collage digital por USD 69,3 millones en 2021, en pleno auge de los NFT, su figura quedó asociada a la intersección entre arte y tecnología. Después del derrumbe del mercado NFT, él mismo calificó como “inevitable” aquella explosión por la abundancia de obras menores.
Hoy, con el repunte del arte digital señalado por el informe de Art Basel 2025, su presencia en Miami refuerza la idea de un campo en transición, donde conviven escultura, performance, programación, robótica y blockchain.
Una vida útil definidaWinkelmann explicó que los perros-robot tienen un ciclo vital limitado. Durante tres años registrarán imágenes y las guardarán en la blockchain. Después conservarán el movimiento, pero sin la capacidad de generar material visual. Esa fecha de vencimiento forma parte del concepto de la obra y acota la vida simbólica de estas criaturas híbridas.
En la primera hora de la feria, todos los robots quedaron vendidos. Los pequeños Musk, Zuckerberg, Warhol, Bezos, Picasso y Beeple mecánicos ya tienen nuevo destino. Detrás quedó un debate abierto sobre provocación, tecnología y percepción: una división que, a juzgar por el impacto inicial, parece inseparable del dispositivo que Beeple puso en juego.

