En varias ocasiones hablamos aquí del porno feminista. Para ser más precisos, de películas pornográficas producidas por mujeres para mujeres, desde una perspectiva en principio diferente de cómo se produce desde el mainstream. Lo interesante de esta discusión es que -como todas las que rodean al sexo y la pornografía- ponen en negro sobre claro y de un modo muy evidente cuestiones complejas que recorren todo el cine o, para ser aún más precisos, todo el arte en la era de su reproductibilidad técnica (como decía Walter Benjamin, pero no se preocupen, es la última cita "culta" de este texto).

Empecemos por la primera división: "mainstream" versus "el resto". "Mainstream" significa, literalmente, "corriente principal"; es decir, todo aquello que es masivo. Suele seguir ciertas reglas y formas consagradas por el éxito numérico, aunque en ocasiones estas reglas cambian cuando se agotan y aparecen nuevas. Pero es lo diseñado para la mayoría de los consumidores, lo que implica que, para no dejar a nadie afuera, opta estética y temáticamente por el (mínimo) común denominador. ¿Es malo el mainstream? No por sí mismo. ¿Puede haber arte y originalidad y discurso personal en el mainstream? Sí, de hecho el Hollywood de oro funcionaba como puro mainstream y eso no evitó a Hitchcock, Ford, Hawks, Minelli y mil maestros más. Pero sigue fórmulas.

"El resto" puede ser "alternativo", "experimental", "independiente". En cualquier caso, es donde se toman más riesgos o se discuten -o combaten- las normas del mainstream. Es cierto que puede considerarse más "personal", pero también resulta más difícil que las obras sincronicen con su tiempo o sus espectadores, requiere de éstos una apertura y un grado de curiosidad mayor que en el primer caso. ¿Es bueno "el resto"? No por sí mismo. ¿Puede haber cálculo y clichés en "el resto"? Sí, de hecho mucho de lo que se ve en el circuito de festivales como "magistral" no es más que puro cálculo: la "independencia" no evitó a Gaspar Noé, González Iñárritu, Winding Refn y miles de abonados a Cannes más. Pero no siempre sigue fórmulas.

En el porno hay mainstream y "resto". En "el resto" hay que separar aquello que es personal e innovador y lo que solo es marginal por presupuesto (hay mucho porno realizado con nada de dinero ni cuidado, en los límites de lo legal, no solo sexual, sino sobre todo, laboral), que equivale a la clase Z del cine no porno. Una vez quitado esto, el mainstream porno tiene cuerpos muy trabajados, tanto en hombres como en mujeres, en general ficticios, con mucho artificio encima. La iluminación es cuidada y abundante, y los cuerpos se disponen al sexo casi sin excusa. Por lo general, las películas porno actuales no son más que compilación de secuencias siempre de alrededor de veinte minutos. En el conjunto se ven entre cuatro a seis secuencias heterosexuales y una o dos lésbicas o de trío. En el último caso, si se trata de dos mujeres y un hombre se incluye sexo lésbico (besos o caricias entre mujeres) pero en el otro, el sexo es exclusivamente heterosexual (es muy impresionante ver cómo en un trío de dos hombres con una mujer los señores hacen contorsiones inverosímiles -y los cineastas, fintas impresionantes- para que nada aluda siquiera a placer entre ellos). Estamos hablando, claramente, de producciones que no son de nicho: el mainstream presenta siempre producciones para algunos nichos, desde el BDSM hasta el sexo de tercera edad, pero siempre representan la menor parte de la producción. Se hacen porque un nicho pequeño igual genera audiencia y porque es sencillo de realizar.

Ahora tenemos "lo otro". Ahí existe una serie de cineastas que deciden experimentar con el sexo como discurso político, el caso de Bruce LaBruce, por ejemplo, de quien en los festivales argentinos hemos visto buena parte de la producción. Pero LaBruce no es estrictamente un pornógrafo sino alguien que usa sus herramientas para otra cosa. No es lo mismo que sucede con el porno feminista, que se está convirtiendo en una categoría por sí misma. Ya que estamos, el término es muy amplio y abarca mucho que no es estrictamente "porno". Suele usarse para cualquier cosa que incluya la representación (repetida) del actos sexual, pero dejemos de lado estas sutilezas. Hoy pueden ver completa en Eroticage.net Cabaret Desire, de Erika Lust, sueca radicada en España -especialmente en Barcelona- que hace años se dedica a revisar el porno y realizar películas del género orientadas a las mujeres. Son, efectivamente, porno: hay planos de penetración o de caricias íntimas suficientemente explícitos. Lust es, de hecho, una cineasta dotada que sabe usar todas las herramientas del cine con buen gusto, desde la decoración hasta la luz. Lo interesante es qué se entiende, a partir de estas películas -especialmente de Cabaret...- como "porno feminista".

En general, las mujeres de estas películas son menos artificiales que las del mainstream. Los hombres, en cambio, son igualmente artificiales: musculados, en general lampiños, etcétera. Es decir, hay un cambio mínimo al menos en cuanto a la representación de los cuerpos. Luego viene qué y cómo se cuenta. Las viñetas sexuales están relacionadas con el placer, pero ese placer incluye muchos besos y caricias, un ritmo mucho más pausado que en el mainstream y escenas más breves en general. No solo eso: los planos detalle se utilizan en menor cantidad salvo los que refieren a la expresión del placer (rostros, gestos, etcétera). El plano medio, que permite ver parte de los cuerpos y la expresión de la cara al mismo tiempo, son la norma. No implica que no haya fantasías un poco más vertiginosas o -relativamente- violentas, sino que están integradas en una forma que tiende más a la relajación, a la creación del clima que a la acción genital directa. Es allí donde se refleja mejor el imaginario femenino respecto del sexo. Como en el buen cine, se trata del cómo más que del qué. ¿Si cumple con el mandato de excitar al espectador? Amigos: como con la risa, nunca se sabe qué es lo que nos causa tal o cual reacción. No hay reglas y eso es lo interesante de estas películas al margen de la corriente principal.

Aviso parroquial: el viernes desde las 19 y el sábado desde las 11 se realiza la Sexmaratón internacional, un evento vía Instagram donde se va a hablar de todos estos temas, coordinado por Francesca Gnecchi (@alasparatusexualidad), periodista diplomada en sexualidad y género y directora de Erotique Pink, y Sandra López (@sandrixlopez), psicóloga y sexóloga. Vale la pena darse una vuelta por esas direcciones de Instagram. De nada.

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