Cuatro chilenas que cometieron impactantes homicidios fueron investigadas durante años por la escritora Alia Trabucco Zerán, quien dialogó con BAE Negocios.

—¿Por qué escribir ahora sobre mujeres asesinas?
— Los casos extremos permiten revisar con gran claridad qué es lo que consideramos "normal" en materia de género. Y eso, lo "normal femenino", es algo que me interesa interrogar. El caso de Rosa Faúndez es un buen ejemplo de lo que quiero decir. Ella era una vendedora de diarios que mató a su marido, lo descuartizó y arrojó su cuerpo al río Mapocho. Fue tan disruptivo su crimen, tan "increíble", que tanto la prensa como los tribunales cuestionaron su feminidad. Dijeron: "No es una mujer normal, es una mujer masculina". Esto refleja un punto clave: una mujer que mata no solo transgrede las leyes penales, sino también las leyes de género, esas que nos dicen desde niñas qué es una mujer y cómo se debe comportar. Entonces, cuando se califica a Faúndez como masculina y a otras mujeres como locas o histéricas, lo que se busca es reafirmar lo "verdaderamente femenino", es decir lo que la violencia puso en jaque. Lo interesante es que esta reacción no es muy distinta a la que ocurre ante otras transgresiones. Cuando se titularon las primeras mujeres abogadas, también se dijo: "Son masculinas". Se trata de operaciones retóricas del patriarcado que yo quise desmontar en Las homicidas, precisamente porque van mucho más allá de las mujeres que matan. Por eso son importantes.

—¿Cómo eligió los cuatro casos?
— Son casos emblemáticos en Chile. Y digo emblemáticos porque no solamente tapizaron las portadas de los diarios sino que se transformaron en películas, obras de teatro, canciones y novelas. Y aunque se trata de casos chilenos, la reacción ante estas mujeres es idéntica en otros países. De hecho, una de las lecturas fundamentales de mi investigación fue la argentina Josefina Ludmer y su magnífico libro El cuerpo del delito, donde escribe sobre las mujeres que matan en la ficción argentina. Su perspectiva es otra, los casos son otros, pero el punto sobre la transgresión y la normalidad se sostiene más allá de las fronteras.

—¿Por qué matan las mujeres?
—Estadísticamente, la mayoría de las mujeres mata en defensa propia, para protegerse de la violencia machista. Yo, sin embargo, preferí tomar casos donde las causas no están del todo claras aunque la prensa haya intentado reconducir el relato hacia el amor o los celos. En mi investigación entendí que había que desconfiar de ese relato porque ocultaba otros factores. La rabia, por ejemplo. María Teresa Alfaro era una trabajadora doméstica que asesinó a los hijos de sus empleadores. Aunque ella menciona la rabia durante el juicio, este elemento fue desestimado en la sentencia. Ese borrón me interesó. ¿Por qué borrar su rabia? La filósofa Marilyn Frye explica que la rabia es una emoción política porque apunta con el dedo a una injusticia, al responsable de esa injusticia y exige una reparación. Y es peligrosa porque conforma al sujeto político. Por eso se borra. A las mujeres nos ocurre muy seguido pero no es algo exclusivo de las mujeres. También lo vemos hoy en las protestas en Chile. Hay mucha rabia acumulada y esa rabia apunta a la desigualdad y exige una reparación. La estrategia del gobierno, entonces, es repetir una y otra vez que se trata de vándalos o de "actos de maldad", como ha dicho Piñera. Así, borra al sujeto político y sus legítimas demandas. Lo que yo planteo, y que es aplicable a las mujeres y a las protestas, es que es importante retornar a ese y otros afectos y tomarlos en serio. Y tomadas en serio las mujeres matan por distintos motivos. No por celos o amor, sino por tramas más complejas.

—¿Los medios tratan diferente a un crimen cometido por un hombre que por una mujer?
—Así es. Las mujeres que matan causan gran ansiedad debido a su doble transgresión: penal y de género. Esta transgresión es castigada por los tribunales, pero también por la prensa y la cultura. Un hombre que mata, en cambio, aunque transgrede las leyes penales no transgrede las leyes del género, no pone en jaque su masculinidad, sino que incluso la reafirma. Y esto es extremadamente peligroso. Su violencia es vista como un rasgo "natural" y por esos sus asesinatos se han normalizado durante tanto tiempo. El feminismo ha denunciado este fenómeno a través de movimientos como Ni una menos o Un violador en tu camino. Y la denuncia justamente apunta a desnaturalizar esa violencia.

—¿Cómo trata la sociedad a las mujeres asesinas?
—Las mujeres asesinas suelen ser calificadas como locas, monstruosas o comparadas como figuras míticas como Medea o Medusa. O sea, se patologiza, se vilifica o se mitifica a esa mujer para así no tomar en serio su violencia y volver su transgresión algo irreal. Esta estrategia no va dirigida exclusivamente a la que cometió el asesinato, sino a todas las mujeres. A través de ellas se nos dice a todas lo que es "normal" no solo en términos de conducta sino en términos afectivos. Es una suerte de pedagogía de las emociones, bastante cruel, y que a mí me interesaba desentrañar.

—¿Cuánto de experiencia como abogada está en este libro?
—Creo que mi formación como abogada aflora en algunas preguntas que tienen que ver con la normatividad y el género. Pero sobre todo creo que solo alguien que conoce muy bien el derecho y sus trampas puede desconfiar tan sistemáticamente del discurso de la ley. Y yo desconfío muy profundamente.

—¿Que le gustaría que el lector encuentre?
—Herramientas para desmontar otros discursos que acotan el significado de "ser hombre" y "ser mujer" y profundizan, intencionalmente o no, la desigualdad y la injusticia.

—¿Por qué quiso escribir estas historias ?
—Me interesa la transgresión femenina. Como dice la filósofa Sara Ahmed, la historia del feminismo es una historia de transgresión. Y en esa historia hay figuras que no son en absoluto modelos de conducta pero cuyas acciones sí permiten ver la reacción de la sociedad ante otras transgresiones menos violentas. Es incómoda esa historia, pero la incomodidad tiene dobleces que son especialmente ricos para la reflexión y el pensamiento crítico.

—¿Por qué hay menos mujeres criminales ?
—Prefiero invertir la pregunta: ¿por qué hay tantos hombres asesinos? Y la respuesta es clara: porque se ha construido una masculinidad fundada en la violencia. Esta masculinidad ahora está en crisis gracias a una profunda y radical interrogación feminista pero aún hay muchísimo camino por delante.

—¿Hay ficción en el texto ?
—Las homicidas es, sobre todo, un ensayo, pero hay además insertos de un diario que escribí mientras investigaba y donde narro las dificultades que enfrenté. Hay, también, elementos de la crónica y del policial en el modo en que narro los crímenes e incluso, en uno de los casos, hay un relato ficcional. Así, tal como el crimen femenino es inclasificable, el libro intenta evadir etiquetas. Es un libro algo incómodo, tal vez, lleno de preguntas difíciles, pero creo que el rol de la literatura, al igual que el del feminismo, no es complacer.

Título: Las homicidas
Autora: Alia Trabucco Zerán
Editorial: Lumen
Páginas: 230
Precio: $799

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