A veces resulta difícil entender cuál es la verdadera posición de los estadounidenses respecto del sexo y la pornografía. Por un lado, son los mayores productores del planeta de material XXX; por el otro, si un acusado por delito u ofensa sexual tiene un ejemplar de PlayBoy bajo la cama (un viejo ejemplar, de paso sea dicho), puede considerarse un agravante. En realidad esta es una falsa contradicción, toda vez que cualquier país de la Tierra tiene, en diferentes proporciones por cierto, personas que gustan del entretenimiento sexual, personas indiferentes y personas que lo condenan. Y si seguimos hilando fino, lo mismo pasa con los dibujos animados, las películas de superhéroes o los dramas políticos. Sin embargo, el sexo tiene dos cualidades que lo hacen especialmente complejo. La primera, que requiere intimidad. No porque uno se encierre para practicarlo (algo no necesariamente cierto en todos los casos) sino porque se desnuda íntegramente ante otra persona. La segunda, que ese acto íntimo es probablemente lo más "animal" que podemos ejercer, puro instinto. Y la cultura -que incluye la religión- parece tener como mandato alejarnos de todo lo que es puro instinto. Es cierto que hay un sexo alambicado y estetizado (casi todas las prácticas BDSM requieren el juego y la representación, lo que implica necesariamente un prisma cultural donde el coito resulta altamente ritualizado y teatralizado), pero no es lo más frecuente. El porno se filma siguiendo el imperativo mismo de cualquier otro género cinematográfico: que lo artificial se vuelva, ante nuestros ojos, lo más "natural" posible. Lo que sería, con trazo grueso, una definición de realismo. Pero no nos vayamos por las ramas.

El puritanismo estadounidense es una fuerza enorme que penetra no solo a los conservadores sino también a los más liberales. De otra forma, no se comprendería el peso que tiene la corrección política en ese país tan vasto y tan lleno de culturas diferentes (aunque muchas veces lo que nos llega de allí parece ser una estandarización "yanqui" que en realidad no existe como tal). Y, por otra parte, está inscripta a fuego en esa misma cultura la libertad individual y de expresión. Como verán, con el porno -que en última instancia es bastante inofensivo-, sucede lo mismo que con el aborto: fueron uno de los primeros países del mundo en legalizarlo y también constituye el que más -y más violentas- manifestaciones en su contra genera. Justamente eso es la libertad de expresión, no solo dejar decir aquello que nos gusta o con lo que acordamos, sino todo lo contrario.

Entre los grandes cineastas que han tematizado esta ambigüedad, aparece Brian De Palma. Es una pena que sus últimos dos thrillers (los brillantes Pasión y Dominó) no hayan llegado ni de lejos a nuestras salas, o que el documental kilométrico que le dedicó Noah Baumbach solo se haya visto en algún festival. De Palma no es solamente el creador de algunas obras maestras totales como Carrie, Scarface, Carlito's Way o Blow Out, de películas igualmente geniales pero casi secretas como La Furia, Ojos de serpiente o Demente; de grandes espectáculos como Los Intocables o Misión: Imposible; obras de culto como Sisters o Fantasma en el Paraíso o Intimidades de un director; o de evidentes filmes de condena política como Greetings, Hi, Mom!, Pecados de Guerra o Redacted. Es, también, quien mejor meditó sobre el peso del sexo y el erotismo en la cultura estadounidense. Especialmente en dos películas que deberían verse juntas: Vestida para matar y Doble de cuerpo. A simple vista, las dos son reflexiones sobre obras gigantes de Alfred Hitchcock, especialmente La ventana indiscreta, Vértigo y Psicosis, que aparecen no solo "citadas" sino retrabajadas desde la parodia hasta la tragedia. Porque esas tres películas son centrales -junto con Frenesí y Marnie- en el tratamiento directo de la perversión sexual en el cine de Hitchcock. Ventana... es puro voyeurismo; Vértigo, un acto de necrofilia trágica; Psicosis, la explosión terrorífica de la represión sexual. En Vestida... De Palma abre con una mujer que se baña (Angie Dickinson): un hombre entra en la ducha y comienza a tener sexo con ella, una mezcla de acto consentido y violación. Pero es, descubrimos el sueño de una mujer frustrada. Que, luego, empieza a ser seguida por un hombre en un museo (ahí tenemos Vértigo), con quien termina yendo a un hotel. Donde descubre que el tipo tiene una enfermedad venérea. Huye horrorizada y, en el ascensor, una figura femenina la asesina copiando el crimen de la ducha de Psicosis. Luego el hijo de esta mujer y una prostituta investigan el crimen, de paso generando una cómica condena al psicoanálisis. En Doble... un actor clase B (Craig Wasson) se va de su casa tras encontrar a su mujer disfrutando sexualmente con otro. Le ofrecen un lugar desde donde, con binoculares (Ventana indiscreta) puede ver que todas las noches una bella mujer se masturba. El hombre mira (podría no hacerlo) y eso termina en un crimen sangriento del que es testigo. Pero algo le dice que sucede algo extraño: investiga y descubre que alguien sustituyó a la víctima en las performances eróticas. Y allí se sumerge en el mundo de la pornografía y conoce a la sustituta (Melanie Griffith). Lo que nos lleva a Vértigo (de paso, el rodaje de la película porno tiene como banda sonora "Relax", hit muy erótico de Frankie Goes to Hollywood).

En las dos películas, el sexo reprimido se transforma en perversión y esta, en perdición. Como si De Palma comprendiera que esa ambigüedad y la conversión del sexo en pornografía hueca, pura exhibición genital y artificial, fuera la coartada de los puritanos en lugar de su blanco. Dicho de otro modo: el producto porno en sí mismo, la repetición mentirosa de lo genital, adormece el sentido crítico. Y la pelea es una manera de desviar la discusión moral, de no atacar el verdadero mal que se esconde (en ambas películas los asesinos se disfrazan) detrás de la pura ficción que -de allí Hitchcock- toma el cine como modelo. No es que De Pama odie la pornografía ni, mucho menos, el sexo, sino su exhibición industrial sin sentido. Sí, De Palma habla en realidad del cine y de su vaciamiento de sentido, especialmente de sentido moral. Vale la pena revisar esta obra, que además es entretenimiento en estado puro y lleno de humor. ¿Acaso el chiste no es un ejercicio intelectual?

Más notas de

Leonardo Desposito

China autorizó el estreno en salas del tanque de Disney Mulan, aunque sin fecha

Mulan, lista para salir en los cines de China

Alien, El Padrino y más, en casa

Alien, El Padrino y más, en casa

El Festival de Locarno se lanza al negocio on line

El Festival de Locarno se lanza al negocio on line

Cómo disfrutar en casa del fin de semana

Arte, música, cine y teatro para disfrutar en casa

Plataformas: dónde y cómo ver películas en la Argentina

Plataformas: dónde y cómo ver cine y series

Hater y Casa propia, estrenos en el hogar

Hater y Casa propia, estrenos en el hogar

Disney, con problemas: Mulan no llegará a los cines de los EE.UU.

Disney, con problemas: Mulan no llegará a los cines de los EE.UU.

Ayer y hoy en el cine erótico

El cine sexual de ayer a hoy

La prensa extranjera de Hollywood, en la mira de la justicia

Unveiling Of The New 2009 Golden Globe Statuettes

Una semana a puro cine

Reír y emocionarse con noches de películas