Un cantante de bajo perfil y alto talento
Se tomó su tiempo, literalmente 35 años. Pero ahora, cuando ya cuenta 63 en su calendario, el cantante Kenny Washington finalmente se decidió y lanzó su primer álbum como líder, toda una revelación para quienes no estaban al corriente de la carrera de este vocalista de bajo perfil y alto talento.
Para los seguidores del jazz el nombre Kenny Washington remite a otro enorme músico, baterista, hermano del gran bajista Reggie Washington y que acredita sesiones al lado de Dizzy Gillespie, Lee Konitz, Benny Carter, Teddy Edwards y muchos más.
Pero este Washington cantante –sin relación con el anterior- emerge ahora de su propia zona de confort, que él mismo eligió llevar a lo largo de varias décadas, para sorprender gratamente con un disco recién editado por Lower 9th, cuyo título acaso define su estilo de vida: What’s the Hurry?
Y sí, es verdad que nunca tuvo apuro para editar. El mismo confiesa que, siendo originario de New Orleans, se acopló a la serenidad local para encarar las cosas. “Nunca estuve apurado por hacer algo”, admite.
Durante años se estableció en Oakland y se contentó con surfear como una suerte de estrella doméstica. Su carácter tímido, que él reconoce expresamente, acaso le haya impedido una carrera más agresiva. Pero quienes lo escucharon desde temprano nunca dudaron de su talento. “Creo que es uno de los cantantes más importantes hoy en el mundo”, asegura el vibrafonista Joe Locke, que ha tocado con él en giras y grabaciones y que también participa de este nuevo álbum.
Locke considera que el sello distintivo de Kenny es su manera de narrar, su persistencia en contar historias aun cuando deba involucrarse en arreglos sofisticados y líneas complicadas. “Su entonación es asombrosa y su enunciación es natural y muy clara”, precisa Locke.
Este disco debut fue un trabajado producto que vio la luz luego de tres años de orfebrería, atento al perfeccionismo del autor. Su lanzamiento fue posible luego de que varios músicos lo animaran a encarar un registro como líder. Lo acompaña la banda con la que protagonizó varias giras por los Estados Unidos: Josh Nelson en piano, Gary Brown en bajo y Lorca Hart en batería, más invitados como Victor Goines en saxo y Jeff Massanari en guitarra. A pesar de haber tocado el saxo durante años, en esta ocasión Washington prefirió solamente cantar.
El disco incluye básicamente standards, desde Stars come out in Alabama hasta el ellingtoniano I ain’t got nothing but the blues. Todos temas que potencian su notable expresividad.
Después de haberse enrolado por casi 10 años en la Marina y de permanecer luego en San Francisco, el secreto de su voz comenzó a circular en las grandes plazas del jazz. Lo convocaron para una serie de shows en el neoyorquino Dizzy’s Club Coca Cola con una banda que integraban nada menos que George Mraz, Geoffrey Keezer y Clarence Penn, además de su amigo Joe Locke. En 2013 lo llamó Wynton Marsalis para cantar con la orquesta del Lincoln Center junto a otros grandes vocalistas como Gregory Porter y Paula West.
Washington todavía duda de su éxito. Humilde, además de tímido, sentencia que “cuando uno hace algo que ama, las cosas buenas suceden”. Este disco lo da por cierto.
