Alguna vez comentamos sobre esta película, pero fue hace tanto tiempo que bien justifica una segunda nota. Se llama Rêves de cuir. Pero antes de entrar en materia, vamos a tratar de explicarles por qué es importante, por qué vale la pena verla y después, sí, de qué se trata.

Más o menos a mediados de los años noventa, la revista Cahiers du Cinéma produjo una edición especial donde se presentaban las cien películas para una "videoteca esencial". Cahiers, hoy hay que volver a contarlo, fue la publicación más influyente de la historia del cine. Cuando apareció a principios de los años cincuenta, de la mano de André Bazin, creó lo que conocemos como crítica moderna. Allí se pensó como nunca la autonomía del cine, la idea de lo clásico y lo moderno y, por primera vez (en realidad, no la primera, pero requiere otro texto más largo), la noción de "autor" para el séptimo arte. Se sostenía que el cine era un arte tan individual y personal como la literatura o la pintura, y que el director era el auténtico creador. La validez de esta afirmación todavía se discute, aunque la noción de autor cinematográfico hoy es casi de uso común gracias al desarrollo que la teoría de autor (una invención estadounidense basada en lo que pensaba Cahiers y cuyo adalid fue el crítico americano Andrew Sarris). En Cahiers escribieron tipos que luego cambiaron definitivamente el cine como realizadores: Truffaut, Godard, Chabrol, Rohmer y Rivette, papás de la Nouvelle Vague. Y fue el lugar donde se dijo con todas las letras que el cine nació realmente, como arte, en Hollywood, y que Ford, Hitchcock y Hawks eran artistas como Renoir, Mozart o Dickens.

No vamos a contar la historia completa de la publicación, pero que quede el párrafo anterior como precedente para justificar su peso en la cultura cinematográfica internacional. En ese número para la videoteca ideal, se hacían eco del éxito universal del VHS, algo que tuvo consecuencias excelentes y también nefastas para el cine. La lista de películas recomendadas para tener algo que unía las posibilidades del video con las del cine incluía clásicos, rarezas (muchas, por ejemplo la versión del director de El Abismo, gran filme y gran fracaso comercial de James Cameron) y una película pornográfica.

Esa película era, justamente, Rêves de Cuir. En principio, dada la idea antológica de ese número especial donde se mostraba qué posibilidades tenía el video hogareño (aún hoy válida, dado que mucho de lo que vemos -más en pandemia- lo vemos en el hogar) debía incluir una pieza porno, ese género que creció en cantidad básicamente cuando pudo disfrutarse sin vergüenza lejos de la mirada pública. También eso causó que disminuyera en creatividad y calidad, por supuesto. Pero no era el caso de Rêves... (traduzcamos: "Sueños de cuero"), y los muchachos de Cahiers tenían razón: vale la pena ver esta película por varios motivos que exceden con mucho su muy pornográfico contenido.

La película fue dirigida por Francis Leroi, un veterano productor de porno francés con larguísima carrera. Fue realizada en 1992 y protagonizada por Zara Whites (luego actriz no porno, cantante, militante por los derechos de los animales, también alguien que aboga por las víctimas del trastorno bipolar; abajo tienen un lindo video con ella cantando), que se volvería una estrella del género en Europa, en gran medida por este filme, que tuvo un par de continuaciones más bien desafortunadas. Como el nombre lo indica, hay sueños y hay cuero, es decir que entramos en un terreno de fantasías seudo-BDSM, pero teñidas sobre todo por la relación de la protagonista con las imágenes de video. Ese punto es quizás el más importante. Lo vemos en el prólogo: es una secuencia pornográfica filmada con luz estroboscópica, lo que hace que los movimientos aparezcan entrecortados, como una serie de planos fijos aparentes. Si bien hay planos detalle del sexo en uso, hay muchos más planos de rostro. Es interesante, porque el solo efecto de la luz que se prende y se apaga vertiginosamente hace que veamos todo y creamos no ver nada, desear ver más. En un momento, a la mujer la secuestran dos encapuchados con máscaras de -obvio- cuero. Y vemos la típica imagen de un televisor sin señal, granuloso. Allí empiezan los títulos.

Luego, aparece nuestra protagonista, morocha, de ojos verdes y aparentemente aburrida. Un hombre le da un extraño paquete en la calle. Resulta ser una cinta de VHS que incluye solo ruido y algunas imágenes de una mujer en sesión sado. Pero esa cinta excita la imaginación de quien la ve y desata, a medida que transcurre la película (que prácticamente carece de diálogos, una gran virtud en realidad) fantasías de porno duro en la mujer. Lo interesante es que no sabemos dónde termina la fantasía y comienza la realidad.

En ciertos momentos, los dos mundos -el de la imaginación erótica, el de lo cotidiano- comienzan a mezclarse y el espectador cae en el mismo tipo de hechizo que la protagonista. Algunas imágenes, por cierto, son muy triviales (un orgasmo masculino montado con el chorro de champagne de una botella que se abre, por ejemplo) pero por norma todo es de buen gusto, incluso momentos muy hardcore como una triple penetración. En un momento, hay una experimentación clarísima: el cuerpo desnudo de la mujer en azul tocada por manos enguantadas en blanco (el efecto se logra con luz negra), montado en transparencia con una sesión voyeur. El sexo no se pierde pero las imágenes cobran sentidos mayores que la mera búsqueda de la excitación.

Hacia el final, la mujer comienza a tener sexo directamente con la pantalla de un televisor, de donde salen sexos masculinos. Es evidente -por la trama y por algunas de las imágenes- que esta película se inspira en Videodrome, clásico del cine de horror y erótico protagonizado por James Woods y dirigido por David Cronenberg a principios de los ochenta. De paso, película prohibida en la Argentina del final de la dictadura, y visible en cable con cortes, muchos años más tarde.

En Videodrome hay un video que muestra cosas terribles pero afecta la realidad de quien lo ve hasta devorarlo (hay un televisor con boca femenina enorme, por ejemplo), con lo que Rêves de Cuir funciona como una remake. Si tenemos en cuenta que uno de los temas de Cronenberg es la complementación erótica de lo orgánico y lo artificial (aparece en Pacto de amor y, sobre todo, en Crash y eXistenZ), Rêves... bien podría ser la porno que el canadiense siempre quiso filmar pero sus financistas impidieron. Es una película cuyo tema es cómo las imágenes afectan la imaginación, y cómo eso se potencia en el consumo privado. Habla del porno, sí, pero también del video en general y, las redes sociales no nos dejan mentir, del actual reino del streaming. Si se anima, está en el servidor tubepornclassics.com. De nada.

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