La periodista Valentina Caff terminó de escribir sus cuentos en plena cuarentena. "Si bien el libro estaba proyectado antes, la cuarentena me ayudó a enfocarme mucho más, sobre todo en la corrección, y me dio tiempo para ajustar algunos finales que no me terminaban de convencer", dice la autora a BAE Negocios.

_¿Quién te impulsó a hacerlo?

_Hace varios años voy al taller de Virginia Janza en Siempre de Viaje Literatura en progreso. Con ella aprendí un montón y me entusiasmé muchísimo. Siempre me motivó a seguir escribiendo, a acentuar mi estilo, me propuso autores que yo no tenía en el radar. Después de un tiempo de trabajar los textos en su taller, me impulsó para que me animara a publicar y me guió en todo el proceso. A diferencia de otros proyectos profesionales, a los que le pongo tanta presión al punto de padecerlos, disfruté un montón todo el proceso de Piso 27.
 

¿Hay algún cuento con el que te sientas más representada?

Todos y ninguno al mismo tiempo. Nada de lo que el lector puede encontrar en Piso 27 es personal. Pero, por supuesto, son historias que surgen de mis inquietudes, observaciones y cuestionamientos. No me siento identificada con ningún personaje en particular, pero íntimamente comparto algo con todos. Hasta a los más rebuscados, en algún punto, los entiendo y los compadezco.
 

¿Por qué decidiste abordar distintas formas de ser mujer?

Siento que el rol de la mujer cambió muchísimo a lo largo del tiempo y eso me parece superinteresante. Siempre estamos sometidas a una mirada muy rigurosa. Los benditos "¿para cuándo?" que si los dejás pasar en tu conciencia vas a vivir a los trotes para llegar con todo. ¿Para cuándo el título? ¿Para cuándo irte a vivir sola? ¿Para cuándo la rutina fit? ¿Para cuándo el casamiento? ¿Para cuándo el bebé? ¡Basta! Basta de esperar tanto del otro. Resulta agotador.
 

¿Te parece que desde lo social hay una única mirada de lo que implica ser mujer?

No creo que haya una sola mirada, pero sí me parece que quedan muchas cosas afuera en el enfoque contemporáneo. Vemos mucho este nuevo estandarte de mujer superpoderosa que apuesta por su carrera, lo combina con una maternidad responsable y a eso le suma una vida social plena. En teoría suena maravilloso, pero a veces pienso si no será mucho. Siento que la mujer sigue cargando con un montón de presiones y hace malabares para atender todos frentes. Cuando son tantas las exigencias tenemos altas probabilidades de "fallar" y eso es frustrante. Y, sobre todo, muy injusto.
 

¿El deseo de ser la mujer perfecta puedo destruir al real deseo?

Creo que te puede marear. Entre los mandatos implícitos, publicidades en colores pasteles y tanta foto de vidas perfectas en Instagram, uno puede acobardarse un poco. ¿Yo también tengo que aspirar a una vida tan completa? Una a veces responde a los mandatos como atontada, dando explicaciones de por qué hace tal cosa, o de por qué decidió no hacer absolutamente nada de todo eso. Justificándose. Por eso temo que muchas veces el deseo verdaderamente personal puede quedar perdido entre tanta exigencia.
 

¿Hasta dónde se puede subir en la búsqueda de ese deseo?

Hay algo muy animal en el deseo. Considero que los humanos no dejamos de ser animales medianamente domesticados. Pero, cuando las circunstancias se desbordan y los niveles de autocensura bajan, todos sacamos las garras. Cada uno sabrá el costo que está dispuesto a pagar para saciar esa sed.
 

¿Qué te gustaría que encuentren los lectores en estos relatos?

Con los 17 relatos no busco dejar ningún mensaje, ni una moraleja. No me creo ese poder, y tampoco deseo tenerlo. Lo considero más bien como una serie de preguntas que lanzo al universo de los lectores. Los pienso como pequeños planteos que, en el mejor de los casos, te pueden dejar pensando.
 

Hay mucho de barrio en los relatos, ¿había una intención concreta de incorporarlo?

No fue una decisión pensada. Donde más se me ocurren historias es en la calle. Camino mucho siempre por los mismos barrios. Cuando uno transita por lugares desconocidos, todo te llama la atención. Pero cuando caminás siempre las mismas cuadras, conocés el barrio en todos los horarios y te acordás de cada detalle, surge algo ahí. Algo nuevo en lo conocido. Como un redescubrimiento de lo cotidiano que me tira para escribir. Además, hay barrios que transmiten algo especial. En San Telmo, Constitución o Monserrat se respira ese esplendor ensombrecido por el paso del tiempo y el abandono que para mí tiene una mística especial. Por eso la mayoría de los personajes de Piso 27 circulan por esas calles. También hay escenarios menos urbanos, bien ligados al interior. Soy entrerriana, entonces hay cuentos con mucha presencia del río y del campo, más ligados a la presencia infantil donde aparecen esos tratos tácitos en los que los adultos nos quedamos tan afuera. Como si nunca hubiéramos sido pibes.

El libro fue editado por GES Narrativa

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