Acá al ladito venimos hablando en estas semanas con entretenimiento restringido de las sorpresas incluidas en Archive.org, un reservorio de películas, textos, música, programas de TV, documentos y software que incluye casi un millón de ítems. Entre todos esos ítems, es bastante enjundiosa y sorprendente la sección de programas. No solo se pueden encontrar (100% jugables) videogames de consolas históricas -de la seminal Atari 2600 hasta la primera PlayStation, pasando por Commodore 64 y Nintendo- o una increíble colección de películas caseras en Super8 que harían las delicias de cualquier trabajador del Found-Footage sino que también, qué raro, hay sexo

Dos colecciones dos son las que llaman la atención en esa sección. Una, Adults CD-Roms; la otra, Mature TItles. La primera tiene una cantidad inenarrable de disquitos donde se guardaban clips pornográficos, fotografías, incluso algunos juegos. Era comunes verlos en la década de los noventa, cuando una bandeja de CD era una cosa cara para el poseedor de una PC, en las casas que vendían programas. También era posible ir a Parque Rivadavia y, en esas carpetas negras, detrás de un velo nada rosado, pedir "déme el número 456" y ahí mismo venía el copiado. Eran los tiempos pre-Internet, cuando aún el negocio del XXX no tenía pensado mudar sus petates y videos a la digitalidad absoluta. En esa colección, más allá de que puede causar el solaz del erotómano más exigente, uno puede apreciar modas, modos, formas, cuerpos y maquillajes que nos hablan mucho de la época. Sobre todo estos CD sexuales, más que los de juegos (que siempre transcurren en una realidad estilizada o ni siquiera en una realidad), el potencial documental es enorme. 

Pero la mejor colección, la más curiosa y quizás la más inquietante, es la otra, Mature Titles. Allí hay también colecciones de fotos y videos, dibujos y caricaturas que circulaban piratescamente en los 80 en los diskettes en los que se incluían juegos (querido centennial: si no sabe lo que es diskette, lo envidiamos por un lado y le sugerimos Wikipedia por el otro, de nada). Pero, sobre todo, hay juegos. Aclaración importante: tambén, en la sección dedicada al Atari 2600, están los primeros videojuegos porno de la historia. Estos son más sofisticados, en general. Aunque el principio básico de la mayoría sigue siendo el mismo: desnudar a una chica o acceder a una postal o video pornográfico de baja resolución tras resolver algún juego o ganarle una mano de póker o dados a una preciosa, enjundiosa y nada realista croupier. Aunque algunos se destacan.

A ver, empecemos por los de Atari. Custer's Revenge causó un escándalo. Hay una india desnuda atada a un poste y Custer debe llegar y, sí, violarla. Para ello, tiene que esquivar flechas, que van haciendo que su evidente erección decrezca. Fue denunciado por comunidades indígenas (no, no por negros, la lucha contra el racismo en los EE.UU. es más compleja de lo que se cree) y retirado de la venta "legal". Pero sobrevivió y ahí está para quien quiera saber de qué se trataba. O Cum'em Eat'em, donde desde la terraza de un edificio un hombre arrojaba el lácteo producto de sus gónadas a señoritas que no debían perder ni una gota para pasar de nivel. Ese era un poco más inocente, vamos a decirlo de ese modo.

Más divertido es el Sex Olympics, de Commodore 64, donde hay que llevar a una pareja al orgasmo en diversos niveles. Tampoco es una genialidad, pero los gráficos son mucho menos elementales. ¿Erotismo? Bien, gracias: se trataba más bien de una humorada para la naciente raza nerd que ya comenzaba a fantasear frente a sus televisores y consolas. También podían ir por el lado de los juegos de texto, esos programas del tipo "elige tu propia aventura" aderezado con gráficos, donde hacer el amor a más y mejor aumentaba las posibilidades de supervivencia... y de acceder a una de esas elusivas imágenes pixeladas de chicas en posiciones nada inocentes.

Hay algunos juegos (Fuck Game 2, por ejemplo) donde lo que prima es el humor: esta es una aventura de texto para PC donde el protagonista, tras dos años sin tener ninguna clase de aproximación sexual a otro sexo, decide ir a por todo y conquistar a una estrella de la televisión, lo que lo lleva a situaciones bastante insólitas. No, no hay demasiado sexo, en realidad, pero el tema es el que guía las elecciones del protagonista.

Y sí, lo que más éxito tuvo en aquellos tiempos fue el strip-poker. Entre los mejores, porque además implica un uso aún pionero de la inteligencia artificial, conviene probar el Strip-Poker Professional. Ese juego tiene dos características importantes: fotos reales (ni dibujos, ni digitalizaciones de baja calidad) y una posibilidad de juego que es bastante superior al mero azar. Realmente implica hacer cálculos y pensar muy bien cada apuesta. No es Texas Hold'em, sino el póker cerrado de cinco cartas. 

En fin, hay más: en general estos juegos y todas sus variantes de imágenes pornográficas servían sobre todo para reírse un poco del sexo. Incluso los juegos pornográficos de hoy van por esos caminos, y en todos los casos se trata más de cómo manejar el joystick de manera más o menos precisa que de sentir alguna de las vibraciones del auténtico erotismo. Porque sí, a diferencia de la pornografía per se, que erotiza desde la imagen, el jugar implica un movimiento vicario donde la idea de pasar niveles, sobrevivir o ganar puntos está por encima del contexto en el que se desarrolla -o el tema que rige- la trama de estos entretenimientos. Por ahora, el sexo y los videojuegos no encontraron una complementación muy precisa, pero estos juegos e imágenes que mencionamos permiten ver, sobre todo, cómo se movía la imaginacion adolescente en los albores de la era digital.

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Leonardo Desposito

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