Claudia Piñeiro, escritora: "La literatura genera un mundo protegido donde los chicos puedan aislarse del maltrato"
Claudia Piñeiro publicó su cuarto libro infantil con una historia autobiográfica.
La escritora Claudia Piñeiro construyó una obra atravesada por temas actuales, que visibilizan situaciones difíciles que muchas veces la sociedad prefiere no mirar de frente. Además de los grandes éxitos en novelas, también encontró en los libros para chicos una de sus primeras puertas de entrada al mundo editorial: de hecho, fue ese el género que marcó su debut en publicaciones.
"Este mi cuarto libro para chicos. El primero se llama Seraphine, la escritora y la bruja. Fue el primero que me publicaron en mi vida. Un ladrón entre nosotros, ganó un premio muy importante de literatura infantil latinoamericana. El fantasma de las invasiones inglesas, nos lo habían propuesto: a cuatro escritores nos pidieron elegir un momento histórico y yo elegí ese", dice la autora a BAE Negocios.
- ¿Por qué escribir para chicos?
-Empecé a escribir para chicos cuando tenía a mis hijos chicos y tenía que contarles historias. Me empecé a preguntar cómo hacer para competir con tantos estímulos que tienen los niños para que les interese la historia que les querés contar. A partir de ahí me pasó que, mientras escribía para adultos, escribir para niños era como un respiro. Generalmente escribía, entre dos obras para adultos, una para niños o una obra de teatro, porque me permitía hacer otras cosas con el lenguaje, con la imaginación. Mis novelas para adultos están muy aferradas al aquí y ahora. Hay ciertos juegos más de fantasía o de poesía que en el teatro o en las historias para niños sí podía utilizar. Entonces era, de alguna manera, como descarbonizar las bujías.
Cuando yo gané el Premio Clarín, alguien decía que era escritora para niños porque tenía algún libro para niños publicado. En realidad, yo escribía para adultos. A veces es más fácil publicar para niños según cómo esté el mercado editorial. Tuve la posibilidad de publicar primero esas historias para niños, si bien yo venía escribiendo para adultos.
- ¿Los chicos son más exigentes?
-Una pregunta que yo me hago siempre es: ¿cómo logro que me den su atención hasta que entren en la historia y después se queden? Porque ya el hecho de empezar es el problema con los chicos. Vos después podés confiar en la historia que estás contando y en la escritura, pero que agarren un libro en vez de agarrar otra cosa, con tantos estímulos, ya es todo un desafío. A mí me parece que son un público súper exigente, al que hay que hablarle de manera directa. Por supuesto que hay un lenguaje que no usás, hay cuestiones que contás de otra manera, pero no por subestimación, no porque pienses que es una persona aniñada. Como es un niño, tenés ciertas consideraciones, pero en todos los libros que yo escribí siempre sentí que estaba hablando con un par. No tratar de explicárselo mejor "porque no lo va a entender", no usar diminutivos. Pero sí sé que es alguien que va a leer de otra manera, con otra exigencia. Que también conoce menos del mundo que los adultos cuando entra en una historia, y a su vez tiene mucha más avidez por descubrir ese mundo que muchos adultos.
- ¿La historia del libro te pasó a vos?
-Sí, es muy autobiográfico. El libro tramita primero la parte del miedo: tengo que levantarme de noche para ir al baño y eso da miedo. Y después la vergüenza de hacerte pis en la cama. Y de no poder ir a la casa de tus amigos a dormir porque tenés miedo de hacerte pis en la cama.
- Y poder hablar de hacerse pis sin esconderse.
-Lo que me parecía interesante transmitir también es que en algún momento se pasa. Porque la sensación de un niño es: "¿Cuándo voy a ser un señor que va a ir a trabajar a la oficina, una señora que va a ir a trabajar al colegio, un astronauta... y voy a seguir haciendo pis?".
- Están los planes que ella se va armando para controlar ese miedo.
-Son los recursos que encuentra para decir "no me voy a hacer pis". Que te digo que en la vida adulta uno también lo hace. Porque antes de salir de tu casa vas al baño, si tenés que estar mucho tiempo afuera no tomás tanta agua porque vas a necesitar un baño. Es algo que te queda de ese registro. Porque el control de los esfínteres es todo un proceso en los niños y genera también mucha angustia en los padres. A veces esa angustia no se trata del todo bien. En mi casa la estrategia era poner un plástico en la cama y dar vuelta el colchón. Cuando mis hijos eran chicos existía algo que te decían: que podías ponerles a los chicos en el pene una campanita que, cuando se levantaba el pene, sonaba, entonces se despertaban. Me pareció una cosa atroz. En un encuentro con libreros, una chica me contó que en Colombia se les da una mínima descarga eléctrica. Un horror. Que se hagan pis en la cama, ya se les pasará.
-Está también el secreto compartido y termina siendo risa.
-Ver que a otros les pasa lo mismo es muy aliviante. Que podés hacer una vida totalmente normal, exitosa o no exitosa, feliz o no feliz, pero que no tiene que ver con que te hacés pis en la cama. Eso va a pasar y no tiene ninguna importancia a futuro en tu vida. En todas las familias alguien me contaba que tenía a alguien con uno de estos problemas. Sí, a veces también hay retrocesos por traumas, cosas que les pasan y vuelven a hacerse pis. Entonces, en esos casos sí hay alguna dificultad que hay que ver. Pero cuando es un proceso normal de una evolución madurativa, eso después se va a solucionar. Fijate que uno de los insultos que más se usan en las redes, por lo menos hacia las mujeres de mi edad, es "vieja meada". O sea, sigue siendo un insulto, porque en definitiva, si una mujer se hace pis porque no pudo controlarse, evidentemente no es que tenía ganas. Pero fijate que se usa como insulto. Es algo que está muy instalado.
- Con los videojuegos y todos los estímulos audiovisuales, ¿cómo se llega desde el libro a los chicos?
-A mí me parece que con chicos tan chiquitos es fundamental la mediatización. Siempre el libro le llega al niño mediado por un adulto. Puede ser alguien que esté en su casa y que sea lector, alguien de su familia. O puede ser la escuela, porque no todos los niños tienen en su casa personas que les lean. Ahí es donde es fundamental el rol de la escuela, los planes de lectura, la incentivación de los niños en la lectura a través de la educación pública, la posibilidad de las bibliotecas. El niño tiene derecho a la lectura, tiene que poder ir a leer. Si no lo puede comprar en su casa, tiene que poder ir a una biblioteca donde encuentre ese libro. Nos olvidamos a lo mejor de las bibliotecas populares, que son tan importantes y que tienen a lo mejor menos visibilidad en estas discusiones.
- ¿La lectura en los chicos puede ser un refugio, un espacio diferente?
-Ya la actitud para leer, la actitud corporal, todo, es diferente a lo que te proponen los videojuegos. Fijate que vas a un restaurante y ves chicos con tabletas o con teléfono jugando, y ves pocos chicos con libros. Cuando mis hijos eran chicos, llevaba muchos libros porque si estaban aburridos en algún lado los sacabas. Pero ahora ya con el teléfono lo solucionás, con la tableta. Para colmo, eso hace ruido. A mí me parece que hay toda una actitud corporal de la lectura que hace que te tomes el tiempo para reflexionar. Probablemente el videojuego es más meter el dedito rápido para pasar etapas, para ganar puntos, para lo que sea, y te permite menos esa reflexión. O no te la permite. Tampoco te permite volver para atrás: acá no entendés algo, volvés para atrás, vas para adelante. Hay muchos chicos que quieren que les leas todo el tiempo el mismo libro, el mismo cuento, porque eso les da tranquilidad. Es una historia que conocen, les da tranquilidad saber lo que va a pasar. Eso también es un mecanismo que se pierde en el videojuego, que lo único que hace es siempre avanzar.
- ¿Y en este libro qué querías que encuentren los chicos?
-La sensación de que nada de lo que pasa... o digamos, no nada: hay cosas que pasan en la infancia que son muy graves. Pero muchas de las cosas que creemos graves en la infancia no son tan graves. Y que a veces las circunstancias, los adultos de alrededor o la sociedad misma te llevan a pensar que son gravísimas, y con el tiempo te das cuenta de que no era para tanto. Puede ser con este tema y puede ser con otros. No minimizo: en la infancia también te pueden pasar cosas graves, por supuesto, y es muy importante que se cuenten y que se digan. Pero hay algunas cosas que te pasan en la infancia que las vivís con una tristeza, con una angustia terrible, y que con el tiempo te das cuenta de que no era tan grave, tan importante. Entonces, un poco es eso: decir "bueno, esto a esta chica le generó un montón de miedo, un montón de vergüenza, pero en algún momento pasa y la vida sigue para adelante". Hoy esta chica es una escritora, y otra será una científica, otra una ama de casa, otra una médica, otra no sé, lo que sea.
- Lo que no sabía yo era la cantidad de formas de decir "pis" que había.
-En Brasil dicen "fazer xixi". Y es una forma también de reflexionar sobre el lenguaje, las distintas formas de decir algo. La palabra "mear" no me gusta y "hacer pis" es otra cosa. Entonces también uno elige con qué palabras. Como te decía antes, "vieja meada" es para insultar. Si vos decís "se me salió una gotita de pis", es otra cosa. Entonces también elegís las palabras para nombrar las cosas.
- La dedicatoria a tus hijos tiene que ver con esto: que escribir para chicos de alguna manera fue escribir para ellos
-Sí, tiene que ver con que empecé a pensar historias para contarles a los niños cuando tenía niños. Antes no se me había ocurrido.
- ¿Cómo estás viviendo los ataques a la cultura?
-Es más de lo mismo todo el tiempo, cada vez con un golpe un poco más grave. El grave problema de este Gobierno es no entender lo que son los bienes culturales y para qué sirven. Entonces, desde que empezó estamos siempre con problemas sobre la cultura, por eso: porque no entienden cuál es el valor de la cultura y no entienden qué es un bien cultural. Entonces, si van a tratar un bien cultural de la misma manera que van a tratar a un electrodoméstico, se están equivocando. Creo que básicamente ese es el problema. Más allá del desprecio hacia quienes generan cultura, hacia quienes trabajan en la cultura, hacia quienes en cualquier eslabón del libro hacen algo para que los libros circulen y sean leídos. Es agotador. Creo que básicamente la palabra es que es agotador. En el medio van quitando cosas, pero siempre hay algo que va saliendo. Está la ley de "falsa denuncia", que es pésimo, porque ya hay penas por falsa denuncia. No hace falta impedirles a las mujeres, u obstaculizar a las mujeres, que hagan denuncias simplemente porque hubo un caso, uno, dos o tres casos. Estuvieron mal, habrá que revertir esa situación, pero no vas a sacar la posibilidad de que las mujeres puedan hacer denuncia de una manera mucho más acorde con sus posibilidades.
- Tanto en lo infantil como en lo adulto, en tiempos de tantos discursos violentos, ¿qué puede hacer la literatura?
-Creo que por lo pronto puede generar un espacio de refugio del maltrato. A mí me pasa como adulta. Yo voy al teatro y me encuentro con gente que está en el teatro, que salió de su casa, que fue ahí, que compartimos un espectáculo, que nos reímos o que lloramos con ese espectáculo, y te sentís acompañada. Yo no sé qué piensan políticamente, no sé a qué se dedican, no sé nada, pero estamos compartiendo un bien tan glorioso como es el teatro. Y mientras tanto nos cuentan una historia y salimos de lo que nos pasa, de los problemas que tenemos. Me parece que en el caso de la literatura para los niños también es eso: generarle un mundo protegido donde puedan, sobre todo hoy, aislarse del maltrato. Porque si vos ponés la televisión, los noticieros, vos ves desde el poder maltratar gente, gritar, desde el poder usar un lenguaje absolutamente perverso y que no corresponde para los niños. Me parece que todo eso los va llenando de una forma de relacionarse con el otro que no es adecuada, ni para que ellos maltraten ni para que los maltraten a ellos. Me parece que la posibilidad de inventar otros mundos, otras situaciones, otros lugares, también es un refugio para estos tiempos.


