"Con el tiempo he llegado a sospechar que el hombre es capaz de generar el mal sin límite"
El abogado, músico y escritor paraguayo Juan Ramírez Biedermann estuvo en Buenos Aires presentado su nueva novela.
-¿Cómo surgió la historia?
-La exploración del mal es uno de los temas centrales de mi narrativa.
En el caso Mango, mi plan fue construir una novela en donde se aborde, por una parte, el enfrentamiento del ser humano con el mal físico, que se genera mayormente por factores exógenos, como sería la confrontación y padecimiento de enfermedades o patologías que pudieran poner en riesgo la vida. Por el otro lado, también quise generar un escenario en donde el ser humano enfrente al mal volitivo, al mal generado de manera natural o voluntaria o premeditada. A partir de allí, surge esa idea de curaciones milagrosas que no sólo benefician a personas que, en teoría deberían o podrían ser beneficiarias del prodigio (creyentes, gente que hace el bien, inocentes, rogantes), sino también a aquéllos que para nada reúnen las características de bien citadas precedentemente. Todo lo contrario.
-¿Por qué elegiste a un juez como protagonita?
-Para perfilar al personaje que impulsa una investigación, la necesidad de juzgar acerca de la veracidad o no de las sanaciones milagrosas. Felipe Bayón, este juez, es a su vez un escritor, y de alguna forma tiene la capacidad de abordar los hechos desde distintas perspectivas. Esto enriquece las modalidades de su búsqueda, de sus actos, de sus reacciones, de todo lo que genera su necesidad de encontrar esa verdad que busca.
-¿Cómo lo definis?
-Un hombre contradictorio, enérgico, entrañable, conmovedor, egoísta, un tanto narcisista, miserable, culto, profundamente humano.
-¿Por qué el título?
-El mango es una fruta típica de Asunción, donde transcurre el libro.
En los veranos, la ciudad se llena de mangos: los patios, los jardines, los parques, los baldíos. A veces, de tantos mangos caídos, las frutas son ignoradas por la gente, y terminan pudriéndose. La novela gira en torno a la búsqueda de la salvación. Una salvación física, que se manifiesta a través de las curaciones milagrosas, y también una salvación moral, ética, espiritual, que discurre mediante el actuar de los personajes, que persiguen desesperadamente una manera de limpiar sus culpas, de convivir con sus errores, de reencausar sus tragedias. En la mayoría de los casos, la salvación de estos personajes estaba ahí, al alcance de sus manos, y la ignoraron, la dejaron pudrirse. Es la metáfora del mango.
-¿En que género pones esta novela?
-Es un libro con mucho de posmodernismo, que acude a la novela negra, a los componentes del thriller, para configurar un relato coral.
-Este juez que es un intelectual se ve atravesado por situaciones extraordinarias, ¿qué le pasa con eso?
-Durante el relato, Felipe Bayón es el principal perseguidor de esa
salvación moral a lo que me he referido. En el marco de su búsqueda,
se cruza con milagros, con desapariciones, con tragedias, con la culpa, con la tentación, con el placer, con algo similar a lo que pudiera llamarse esperanza. Quizá lo distorsiona todo. Quizá, en su desesperación, no se detiene por nada del mundo.
-¿Cuál es el límite de la razón?
-La razón quizá sea la experiencia vivida. Toda la lógica del mundo no
puede transmitir lo que es perder a alguien, ni el vértigo de enamorarse, ni la certeza extraña de que algo es bello. Faulkner,
Proust, Woolf, todos ellos son cartógrafos de aquello que supera lo
que podríamos considerar la razón.
-¿Y del mal?
-Con el tiempo he llegado a sospechar que el hombre es capaz de generar el mal sin límites, en forma espontánea, natural, sencilla.
-¿Qué lugar ocupa la fe en la novela?
-Un lugar importante, aunque no protagónico. La mayoría de los
personajes demuestran que la búsqueda de una cura milagrosa excede a sus obligaciones como creyentes, como feligreses, como seguidores de un Dios. La mayoría simplemente busca salvarse, a costa de lo que
fuese.
-¿Cuánto del abogado estuvo a la hora de escribirla?
-Mi experiencia de haber trabajado en Tribunales, de seguir ejerciendo
la profesión, fue fundamental para describir varios pasajes del libro
en donde se involucra el pensamiento y la manera de razonar de las
personas que viven bajo la lógica jurídica, la dentología jurídica.
-¿El deseo y la culpa pueden convivir?
-Creo que lastimosamente son inseparables, y sin alimento uno del otro.
-¿Qué te gustaría que el lector encuentre en esta novela?
-Extrañeza, desesperación, risas, miedo, emoción, desasosiego, todo lo
que emanan los diversos personajes de la novela, cada uno en su clave,
cada uno en su posición única. Me gustaría que cierre el libro con enojo, con fastidio, y también temblando de emoción. El final de Mango es un final que les prometo impacta muchísimo.
-¿Cuándo supiste que querías ser escritor?
-Apenas terminado el primer relato breve que escribí, que se llamó
"Génesis de abril". Iniciar y culminar una obra genera un impacto único en el autor. A partir del "fin", la obra toma una autonomía que se impone al propio autor. Creo que saber que sería capaz de empezar y terminar relatos, validó en mí la idea de poder ser un autor.
-¿Qué te da a vos la posibilidad de escribir?
-La posibilidad de construir verdades y mentiras, de poner en boca de
personajes disímiles, ideas con las que estoy de acuerdo, o que podría
aborrecer. La posibilidad de aglomerar historias de vida, e inventar situaciones de las que jamás participaré. Es mi manera de encontrar
alivio a la desesperación que me genera la vida.
-¿Cuáles son los temas que te interesan abordar?
-El mal. El alivio. La explicación del presente. Los colores del placer.
-¿Te cuesta dejar a los personajes?
-Me acuesta abandonar mis libros. Tengo la impresión de que, ante una
relectura, podría reescribirlos, ampliarlos, mutilarlos, pervertirlos.
La primera versión de Mango tuvo unas 700 páginas. Estaba por publicar el libro cuando cayó la pandemia, y se suspendieron todas las
ediciones. Ese parate (marcado por el acercamiento tan cercano que
tuvimos con la muerte y las ansias de sanar y de no ser llevado al más
allá por el corona virus), me cambió un montón de perspectivas, y me
impulsó a replantear no sólo el carácter de ciertos personajes, sino
también todo lo relacionado al ritmo y a la cadencia del libro. Esto
generó una redefinición de los capítulos, y el otorgamiento de una
cadencia, de un ritmo mucho más dinámico, enérgico, definitivamente
cinematográfico, que permite que Mango sea leído casi de una tirada.
-¿Tenés miedo a la hoja en blanco?
-La hoja en blanco me encanta, me fascina. Significa que tengo ante mí
la posibilidad de crear un nuevo mundo, un universo que demandará
esfuerzos y sacrificio, porque para mí escribir no es un acto de
placer, sino un esfuerzo de desgaste y fricción, y que, con seguridad,
representará un camino fascinante hasta llegar al destino, la
culminación del libro.

