Teatro

Dos voces, un camarín y la música que no necesita traducción

Gardel recibe a un Sinatra de 19 años en Nueva York. A más de 600 funciones, "Cuando Frank conoció a Carlitos" se toma una pausa y vuelve para despedirse de Buenos Aires antes de cruzar fronteras.

Hay encuentros que nunca ocurrieron y, sin embargo, parecen haber sido inevitables. Basta imaginar a dos hombres de mundos distintos que se cruzan en un camarín, uno ya consagrado y el otro lleno de sueños, para que la conversación empiece a escribirse sola. Hablarán del barrio, de la amistad, de las elecciones que cambian un rumbo, y la música. "Cuando Frank conoció a Carlitos" parte de esa fantasía, un encuentro ficticio pero verosímil, y la convierte en una ceremonia de dos voces que, al cerrar los ojos, parecen devolverles la vida a Gardel y a Sinatra por unas horas.

Un camarín en Nueva York

La obra imagina a Carlos Gardel después de una presentación en la NBC de Nueva York, ya convertido en figura consagrada. En su camarín irrumpe un joven Frank Sinatra de 19 años, que apenas comienza a abrirse camino y que está fascinado por el músico rioplatense. Al principio, Gardel se fastidia ante la irrupción de ese admirador. Pero la charla se abre y abarca mujeres, pasiones, barrio, dinero, alcohol, amigos y malas compañías, mientras el joven estadounidense escucha con atención y hasta toma nota de lo que dice el experimentado cantor.

Dos voces, un camarín y la música que no necesita traducción

Así, lo que empieza como un malentendido avanza hacia una amistad hecha de canciones, confesiones y mucho humor. Esa química entre los dos protagonistas es uno de los puntos fuertes del espectáculo.

La pregunta de Sinatra encierra la clave de la obra. El joven se sorprende de las emociones que la música le provoca, incluso cuando no entiende una sola palabra de español. Al comienzo, Gardel se queja de la radio, que quiere traducir los tangos al inglés. Los intercambios entre ambos terminan demostrando lo contrario, que la música es un lenguaje capaz de atravesar fronteras, idiomas y épocas.

Por eso el musical puede disfrutarlo cualquiera, más allá del universo tanguero. Se sostiene en un enorme despliegue vocal y actoral y en canciones que forman parte del imaginario popular del Río de la Plata. Los fragmentos cantados en inglés pueden seguirse a través de subtítulos.

Oscar Lajad compone un Gardel carismático y bien porteño. Lucas Gerson construye un Sinatra de enorme precisión interpretativa y solvencia vocal en inglés. Ambos enfrentaron el mismo desafío, el de encontrar al hombre detrás del mito.

 Oscar Lajad
 Oscar Lajad

Lajad ya había encarnado al cantante en un musical anterior, pero para esta obra tuvo que imaginarlo lejos de los escenarios. El personaje nació entonces de un trabajo conjunto con la directora Natalia Del Castillo y los autores Raúl López Rossi y Gustavo Manuel González. También contó con el aval de los admiradores de Gardel. Lajad mantiene vínculo con asociaciones gardelianas y participa de homenajes, y ese contacto le dio confianza con ciertos detalles.

Lucas Gerson
Lucas Gerson

Gerson, en cambio, llegó con una motivación casi de espectador agradecido. Era fanático de Sinatra y ya había visto la obra. Llegaron entonces las audiciones, con videos cantando tango y haciendo escenas, y después la prueba presencial con Lajad.

La obra, ganadora del premio ACE a Mejor Musical entre otros reconocimientos, acumula casi 600 funciones y más de 150.000 espectadores.

Hará una pausa durante octubre y regresará el miércoles 4 de noviembre para seguir hasta el lunes 7 de diciembre, con un regreso por partida doble. Alan Madanes, quien interpretó a Sinatra en el estreno teatral, volverá a ese papel durante esas cinco semanas. Las funciones serán de miércoles a viernes a las 20.30, sábados a las 19 y 21, y domingos a las 19, en el Multitabarís, Corrientes 831.

Después, la temporada porteña se cierra y empiezan nuevos desafíos. El espectáculo continuará su recorrido en el Centro de Artes Escénicas de Adrienne Arsht, en Miami, y está previsto que llegue a Uruguay

Quizás la fuerza de esta obra esté en que no explica el tango, lo deja actuar. Un muchacho que no entiende el idioma se estremece igual, y un cantor consagrado descubre que su música no necesitaba traducción. Mientras haya dos voces dispuestas a cantar en un camarín, aunque sea de ficción, esos dos mundos seguirán cruzándose una vuelta más.


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