Entrevista

"El genocidio y enterarme de que era adoptada hicieron que revisara mi historia con lupa"

La primera novela de la socióloga y psicóloga Patricia Salinas trata de una búsqueda personal y de la herencia de la memoria colectiva. La autora dialogó con BAE Negocios.

-¿Cuanto tiene que ver con tu propia historia familiar?

-Por suerte, puedo decir, que no soy hija de un militar, aunque viniera un ADN a decírmelo. Pero dadas las circunstancias, ¿no somos en el país, todos hijos de los que ha pasado y no tenemos que hacer algo todos con eso? Yo sentí esa necesidad. Mi familia, es la que siempre estuvo a mi lado, mis padres del corazón, mis hijos, los de siempre. Y sí, tiene mucho que ver porque mi papá fue jugador de fútbol y textil, y es un tipo que no para, y mi madre fue maestra de las que eran 100% maestras. Definitivamente, soy su hija, el genocidio en nuestro país, y el enterarme de que yo era adoptada, hicieron no obstante que yo tuviera que revisar toda mi historia con lupa, es decir, soy doblemente su hija. Porque tuve que reescribir mi historia y lo que descubrí fue lo que había ya sentido en el cuerpo, que a pesar de haber nacido cerca de la época tormentosa, había tenido la suerte de ser muy deseada, y que me habían criado con un amor tal, y tan grande, que es el material con el que sigo en pie y reescribiéndome. Las casas al fin y al cabo están hechas de material. Nosotros de palabras. Y entre telas, textos y afecto, he crecido muy bien. Siempre pude fantasear, escribir y comunicarme.

-¿La casa está a metros de donde funcionó el Pozo de Quilmes?

-Si, acá atrás de la pileta funcionó el Pozo de Quilmes. Laura Rosso lo describe muy bien documentado en la Brigada que fue pozo, lo mío es puro surrealismo, pero también es que creo que a veces por la tangente de la imaginación se llega a todos lados.

-¿Cuáles son las preguntas que aparecieron?

-¿Por qué vivo acá? ¿Por qué esta casa me llamó justo después de terminar Sociología, cuando sentía que el guion de mi vida se había de cierta forma terminado? Yo había venido de vivir en Capital, que para vivir no me gusta para nada, porque es muy ruidosa, y la gente suele estar apelmazada, pero siempre rescaté de ahí sus centros educativos, o más bien padecí la centralización. Otra pregunta que se me apareció, es qué se hace con un hijo en este mundo, lo concebí muy enamorada, y fue muy deseado pero luego ellos nos dejarán a nosotras si está todo bien, a nosotras las madres, y hace rato resulta por suerte que la madre cae un tiempo antes que en otra época que es mujer, pero nunca la misma de antes de ser madre, por suerte. O por lo menos eso me pasó a mi. La maternidad también atraviesa la novela, porque la chica es hija adoptiva y antes no se podía hablar del aborto. Bueno por la tangente se habla de eso, de la posibilidad de no querer, y en el otro extremo el querer demasiado.

"El genocidio y enterarme de que era adoptada hicieron que revisara mi historia con lupa"

-¿Los barrios guardan secretos?

-Los barrios guardan secretos. La gente guarda secretos. A veces también necesitan hacer que guardan secretos porque guardan mucho vacío.

-¿Las casas tienen vida propia?

-Para mi desde chica las casas son una obsesión. No me gustan los departamentos y mucho menos estos de ahora que son de cartón y todos tan genéricos e iguales. Creo que mi papá activó esa imaginación en mí. Me paraba con el auto a la vuelta del colegio frente a una casa abandonada, que estaba cerca de casa, y me decía "Patri, imagina, ¿para vos qué pasa ahí adentro?". Lo cierto , y en el contexto también de violencia doméstica que vivimos como sociedad, es que en la casa pasa de todo y que de afuera nunca se ve. Uno puede armar historias, el vecindario chusmear pero no se sabe. Lo que no entiendo es como no se escuchaban las torturas en esa época, eso lo sigo sin entender. También hay gente que sigue no queriéndose meter.

-¿Cuánto tiene que ver la novela con la construcción de la identidad?

-Yo creo que bastante, porque empecé a escribir sobre el tema en el que más desamparada me sentía. Incluso también respecto a la identidad de escritora, si puede decirse que exista algo así, porque es verdad que desde mi origen todos los estudiantes de letras con los que me cruzaba me parecían pedantes y como dueños de la razón. Digamos que con "Casa con Pileta" me autoricé como escritora porque me rendí al hecho que si había algo que siempre había hecho había sido escribir. 

-¿Cuándo supiste que querías ser escritora?

-Supe que quería ser escritora siempre, desde chica sola en mi habitación rodeada de libros de hija única. Pensé que ya no tendría que lidiar con la gente. Pero no es tan así, porque los libros son casi gente. Recuerdo un día fumando en la puerta de mi casa, en el barrio del que soy, pensé quisiera escribir y solo soy una chica de quince años mirando tontos en la televisión. Me sentí triste pero nunca perdí el entusiasmo, creo que si tus papás te aman mucho podes atravesar lo que sea. Y bueno, acá estoy.

Esta nota habla de: