"El Jefe del Jefe": la comedia de enredos que hace estallar de risa a la calle Corrientes
Diego Peretti y Federico D'Elía se reencuentran en una sátira ácida sobre el mundo empresarial que agota entradas en el Complejo La Plaza. Una historia de mentiras y ambición donde el humor absurdo no da respiro.
En el corazón de la avenida Corrientes, una oficina de tecnología se convierte cada noche en el escenario de un delirio absoluto que pone a prueba la ética de sus protagonistas. Gabriel, el dueño de una empresa interpretado por Federico D'Elía, decide vender su firma a un grupo de inversores extranjeros, pero se enfrenta a un problema que él mismo fabricó años atrás. Para evitar el costo de tomar decisiones impopulares y quedar siempre bien con sus empleados, inventó la existencia de un presidente ficticio que vive en el exterior y da las órdenes más duras.
Ante la exigencia de los compradores de negociar cara a cara con la máxima autoridad, Gabriel no tiene mejor idea que contratar a Cristian, un actor desocupado encarnado por Diego Peretti. El plan parece sencillo: un guion preciso, una charla rápida y la firma del contrato millonario. Sin embargo, Cristian es un artista del método y la improvisación que decide tomarse el papel como el desafío más importante de su carrera, empezando a salirse del libreto y poniendo en jaque toda la operación comercial.
"El jefe del jefe" está basado en la película cineasta danés Lars von Trier, propone una crítica feroz al capitalismo y a la deshumanización de los vínculos laborales. Bajo la dirección minuciosa de Javier Daulte, la obra logra que el espectador pase de la carcajada limpia a la reflexión incómoda sobre la avaricia.
El reencuentro de dos de los ex "Simuladores" en escena es, sin dudas, el gran imán de esta propuesta. La química entre Peretti y D'Elía funciona como un mecanismo de relojería suizo; mientras uno intenta mantener la cordura y el patrimonio, el otro se sumerge en un juego de máscaras cada vez más peligroso. Peretti, en un verdadero estado de gracia interpretativo, utiliza recursos del clown y el "verso" argento para sortear los momentos donde su personaje no sabe qué responder frente a los empleados que sospechan de su identidad.
El elenco se completa con las actuaciones de Ariadna Asturzzi, Juan Isola, Cristian Jensen y Andrea Lovera, quienes interpretan a esos trabajadores que, de un momento a otro, ven cómo su estabilidad laboral depende de los caprichos de un jefe que acaba de aparecer de la nada. La tensión sube cuando una de las empleadas comienza a dudar de la veracidad de este nuevo directivo, generando momentos de un humor físico y verbal que estalla en la sala Pablo Neruda.
Lo que comienza como una estafa necesaria para concretar un negocio termina transformándose en una bola de nieve incontrolable. El actor contratado para ser un títere se convierte, poco a poco, en un monstruo que empieza a disfrutar del poder, tomando decisiones que afectan la vida de todos. El juego de mentira-verdad propuesto por la versión de Ricardo Hornos y Pablo Kompel es tan desopilante como agudo, dejando al desnudo las miserias que florecen cuando hay mucha plata en juego.
La puesta en escena de Daulte apuesta por escenas breves y un ritmo vertiginoso que mantiene al público en constante ebullición durante los 75 minutos que dura la función. A diferencia de la frialdad estética que suele manejar Von Trier en sus filmes, aquí la escenografía de Julieta Kompel y el vestuario de Ana Markarian aportan una calidez que resalta el grotesco de las situaciones cotidianas de oficina, donde un exabrupto o una reacción exaltada pueden cambiarlo todo.
"El Jefe" no es solo una obra para ir a reírse de los equívocos; es una sátira social que analiza cómo nos comportamos cuando nos sentimos acorralados por el sistema. La dirección de Daulte logra que cada remate tenga el peso justo, apoyado en una iluminación de Matías Sendón que subraya el clima de farsa que rodea a los protagonistas. Es una invitación a mirar por el ojo de la cerradura de una empresa donde nadie es quien dice ser y donde la lealtad es un bien que cotiza a la baja.
Las funciones se realizan en el Complejo La Plaza, ubicado en Corrientes 1660, de miércoles a domingos.

