Arte contemporáneo

Murió Yayoi Kusama, la artista que convirtió sus alucinaciones en un universo infinito

La creadora japonesa tenía 97 años. Sus lunares, calabazas y salas de espejos nacieron de traumas y visiones que transformó en una obra reconocida en todo el mundo.

Las violetas comenzaron a hablarle cuando era una adolescente. Yayoi Kusama dibujaba en los terrenos donde su familia cultivaba semillas cuando levantó la vista y descubrió que las flores tenían rostros humanos. Las voces se multiplicaron, un perro empezó a perseguirla y ella corrió hasta su casa para refugiarse en un armario. Aquella alucinación marcaría el origen de una obra que convirtió el miedo y la repetición en una experiencia artística reconocible en todo el mundo.

Kusama murió el 14 de agosto en un hospital de Tokio, a los 97 años, según informó su compañía en un comunicado difundido este jueves. La artista japonesa continuó trabajando hasta sus últimos días.

"Durante una vida extraordinaria dedicada por completo a la creación artística, Kusama desarrolló una carrera de reconocimiento internacional como pionera de la vanguardia, con una práctica que abarcó las artes visuales, la performance, la ficción y la poesía", señaló el comunicado.

La empresa agregó que la creadora "continuó pintando hasta sus últimos días, sin dejar nunca el pincel", y prometió preservar su legado para llevar "esperanza y fortaleza para el futuro a personas de todo el mundo".

Los lunares que nacieron de una alucinación

Kusama nació en 1929 en Matsumoto, dentro de una familia adinerada dedicada al comercio de semillas. Desde pequeña sufrió alucinaciones en las que las flores, los animales y los objetos parecían hablarle o multiplicarse hasta cubrir las habitaciones, su cuerpo y el universo.

"Un día miraba los dibujos de flores rojas del mantel de una mesa y, cuando levanté la vista, vi el mismo patrón sobre el techo, las ventanas y las paredes, y finalmente por toda la habitación, mi cuerpo y el universo", recordó. Sintió entonces que comenzaba a perderse "en la infinitud del tiempo interminable y en el carácter absoluto del espacio".

Dibujar esas visiones le permitía registrar aquello que veía y reducir el temor que le provocaban. Con el tiempo, los patrones repetidos se convirtieron en las redes infinitas y los lunares que atravesaron su producción. Kusama llamó a ese procedimiento "autoobliteración": la desaparición del individuo dentro de una trama que parecía no tener principio ni final.

Las calabazas, otro de sus emblemas, también aparecieron temprano. Durante sus estudios en la Escuela Municipal de Artes y Oficios de Kioto, donde ingresó en 1948, encontró en ellas un "sólido equilibrio espiritual". Llegó a dedicar un mes entero a pintar una sola.

Nueva York, entre el hambre y la vanguardia

Antes de viajar a EEUU, Kusama inició una correspondencia con Georgia O'Keeffe, a quien admiraba y le pidió consejos para abrirse paso como mujer dentro del mundo del arte. La artista estadounidense la alentó, aunque también le advirtió: "En este país, a un artista le cuesta mucho ganarse la vida".

Kusama llegó a Seattle en 1957, sin hablar inglés y con dibujos, pinturas y kimonos para vender. Allí realizó su primera exposición internacional. Poco después se instaló en Nueva York, donde padeció frío, hambre, insomnio y ataques de pánico mientras intentaba ingresar en una escena dominada por hombres.

Su primera muestra individual en Manhattan, inaugurada en 1959, reunió cinco pinturas de gran formato cubiertas por redes blancas y negras sin un centro fijo. La reiteración desconcertó al público, pero también llamó la atención de artistas como Donald Judd, quien destacó la originalidad de su trabajo.

"Quería iniciar una revolución, utilizar el arte para construir el tipo de sociedad que yo misma imaginaba. A la vez, mi obra era un medio para curarme de mi enfermedad psicosomática", explicó Kusama en su autobiografía, La red infinita.

Falos, desnudos y protestas contra la guerra

A comienzos de la década de 1960, Kusama llevó la repetición de sus telas a los objetos. Cubrió sillas, sofás y embarcaciones con cientos de formas blandas similares a penes. La artista vinculó aquellas esculturas con el rechazo al sexo que arrastraba desde la infancia, cuando su madre la obligaba a vigilar las infidelidades de su padre.

"La gente suele suponer que debo estar obsesionada con el sexo porque fabrico tantos objetos de ese tipo, pero es un completo malentendido. Es exactamente lo contrario: los hago porque me horrorizan", escribió.

"Comencé a hacer penes para curar mi sentimiento de asco hacia el sexo. Reproducirlos una y otra vez era mi manera de vencer el miedo. Era una especie de autoterapia, a la que di el nombre de 'arte psicosomático'", explicó.

Kusama se definió como asexual, aunque convirtió la sexualidad en una herramienta artística y política. Durante los años sesenta organizó happenings con personas desnudas, pintó lunares sobre sus cuerpos y promovió protestas contra la guerra de Vietnam y el capitalismo. Decía que en 1968 había celebrado "la primera boda homosexual de EEUU", dentro de la denominada Iglesia de la Autoobliteración.

Al año siguiente realizó Gran orgía para despertar a los muertos en el jardín de esculturas del Museo de Arte Moderno de Nueva York. La performance reunió a un grupo de personas desnudas alrededor de las obras expuestas, como una provocación contra el conservadurismo de los museos. El personal de seguridad terminó por expulsar a los participantes.

Las salas infinitas y las acusaciones contra Warhol

En 1965 presentó Infinity Mirror Room: Phalli's Field, una instalación en la que los espejos multiplicaban cientos de formas fálicas hasta crear la ilusión de un espacio interminable. Aquellas salas inmersivas se convirtieron décadas después en una de sus obras más populares.

Al año siguiente instaló, sin invitación oficial, Narcissus Garden en la Bienal de Venecia. La obra estaba compuesta por cientos de esferas espejadas que ofrecía al público por USD 2 cada una. La organización le exigió que suspendiera la venta, pero la intervención instaló una crítica directa a la mercantilización del arte.

Kusama sostuvo que varios artistas varones obtuvieron mayor reconocimiento con ideas tomadas de su trabajo. Acusó de apropiación o imitación a Andy Warhol y Claes Oldenburg, entre otros contemporáneos.

La disputa más conocida con Warhol involucró una instalación de 1963 en la que cubrió una embarcación con formas fálicas y empapeló una habitación con 999 fotografías del objeto. Tres años más tarde, Warhol presentó una sala revestida con imágenes repetidas de una vaca. "Éramos como los cabecillas de dos bandas rivales, dos enemigos a bordo de un mismo barco", escribió Kusama.

El regreso a Japón y una consagración tardía

La exposición pública que alcanzó con sus intervenciones políticas y sexuales también dañó su posición dentro del circuito artístico. Kusama regresó a Japón en 1973 y, cuatro años después, decidió internarse en un hospital psiquiátrico de Tokio. Instaló su taller a pocos metros y sostuvo desde allí una rutina diaria de creación.

Durante años permaneció relegada de las grandes instituciones. Su recuperación comenzó a fines de la década de 1980, con retrospectivas que revisaron su influencia sobre el arte de posguerra. En 1993 representó oficialmente a Japón en la Bienal de Venecia.

Museos, galerías y marcas internacionales, entre ellas Louis Vuitton, impulsaron después una "kusamanía" que convirtió sus lunares, calabazas y salas de espejos en íconos de la cultura contemporánea. Una de sus pinturas alcanzó un precio cercano a USD 10,5 millones en una subasta de 2022. Otra de sus calabazas se vendió por el equivalente a USD 8 millones en 2023.

Su producción también incluyó novelas, libros de poesía, películas, publicaciones y diseños de moda. Kusama mantuvo hasta el final la misma explicación sobre el origen de su trabajo: pintar era el método que había encontrado para enfrentarse a sus alucinaciones.

"Todos vivimos en el misterio insondable y en la infinitud del universo", afirmó. Los lunares, las redes y los reflejos interminables fueron la forma que eligió para hacer visible ese mundo.

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