Entrevista

No es un libro de cuatro manos: dos amigas, dos poemarios y una misma zona de miedo

Adriana Fernández y Andrea Donnini son escritoras y amigas de hace más de treinta años. Publicaron un libro que reúne dos poemarios, La torpeza y No cerca del lobo, de atravesados por un mismo registro de la crueldad y el miedo.

Hay algunas amistades que primero comparten la vida y después, casi sin proponérselo, terminan compartiendo también un libro. Es lo que les pasó a Adriana Fernández y Andrea Donnini, que se conocen desde hace más de treinta años y que ahora presentan un volumen singular: no una obra escrita a cuatro manos, sino dos poemarios propios, "La torpeza", de Fernández, y "No cerca del lobo", de Donnini, que dialogan entre sí desde una zona común de crueldad, perversión y miedo.

 En diálogo con BAE Negocios, cuentan cómo la amistad se volvió método de trabajo y por qué, dicen, la poesía sigue siendo el espacio de mayor libertad.

-¿Cómo surgió la idea de este libro, que en rigor son dos poemarios y no una escritura a cuatro manos?
Andrea Donnini: Los dos poemarios ni siquiera fueron escritos de manera simultánea. Adriana escuchó que yo había leído parte del mío, que es "No cerca del lobo", y le llamó la atención un tono muy semejante a algo que ella había escrito unos años atrás. Ahí nos cruzamos, empezamos a leernos y surgió la idea de publicar juntas.
Adriana Fernández: Yo venía trabajando en mi poemario, me había llevado por lo menos cuatro años, y cuando la escucho leer algo tan parecido a lo que yo estaba haciendo, le paso lo que tenía, que todavía no estaba en este estado. Ahí empezamos a ir y venir con los textos. Ahí decidimos publicar juntas. 

No es un libro de cuatro manos: dos amigas, dos poemarios y una misma zona de miedo

-¿Ese ida y vuelta implicó también un trabajo de edición mutua?
- Andrea Donnini: Sí, ese trabajo sí lo hicimos juntas. Nos editamos mutuamente. El ser amigas te da una confianza que a esas cosas les quita cualquier tensión. Y hay una tercera amiga, Martina López Casanova, que es quien hace el prólogo. Todo esto tiene un antecedente en Locus Amoenus, un grupo de promoción de autores y autoras independientes del que también formamos parte, junto con otras amigas de toda la vida. Ahí siempre buscamos hacer las cosas en plural: correr el yo, el ego, e ir hacia un nosotras, y siempre para adelante.

-¿Es correcto decir, entonces, que no es un libro de cuatro manos sino de dos manos duplicadas y compartidas?
- Adriana Fernández: Exacto. A diferencia de otros poemarios que publicamos de esta misma manera colectiva, acá hay un tema en común: un registro de la crueldad y un aspecto dialógico y dramático que no fue buscado, pero que descubrimos que compartíamos. Fue un ejercicio de edición muy lindo. En algún momento pensamos en ponerle un título único a todo el libro y nos dimos cuenta de que no correspondía: eso hubiera remitido a un texto a cuatro manos. Así que decidimos que cada una eligiera su propio título, dos libros en uno. 

-¿Cómo llegaron a esos títulos?
- Adriana Fernández: El mío vino así desde el principio: "La torpeza".
- Andrea Donnini: El mío no. En la primera instancia se había llamado "El banquete". Lo trabajamos, lo charlamos entre nosotras y terminó siendo uno de los versos del poemario: "No cerca del lobo".

-¿El tema en común -esa zona de crueldad- fue casualidad o es un territorio en el que las dos suelen moverse al escribir?
- Andrea Donnini: Total casualidad. Nosotras nos leemos habitualmente lo que vamos escribiendo, hablamos de nuestras producciones, pero nunca lo planeamos.
- Adriana Fernández: Ella tiene mucha continuidad de producción. Yo no publicaba hacía veintidós años: había escrito, pero no había publicado. Fue en una conversación que surgió lo de hacer esto juntas, y para mí es una vuelta al ruedo impresionante. Yo sí me encuentro habitualmente en esa zona, pero que coincidiera en los dos textos fue pura casualidad.

No es un libro de cuatro manos: dos amigas, dos poemarios y una misma zona de miedo

-¿Por qué la poesía?
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Adriana Fernández: Yo no lo puedo evitar. Yo escribo para chicos también, y narrativa, pero nunca me hallé en los géneros de adultos que no fueran la poesía. Empecé muy joven y siempre pensé en esos términos para adultos: notas, ideas condensadas.
- Andrea Donnini: A mí la poesía me da algo de condensación de ideas y, por otro lado, algo rítmico que musicalmente me convoca muchísimo. Yo soy cantante, además de escritora, y cuando logro escribir a partir de cierta musicalidad, es el espacio en el que más cómoda me siento. Tengo cosas escritas en prosa, pero ahí siento que es más un ejercicio: mi espacio de confort tiene que ver con la poesía.

-¿Tienen la sensación de que el libro de poemas es de esos que quedan en la mesa de luz, como compañía, no necesariamente para leerse de corrido?
- 
Andrea Donnini: A mí me pasa eso con la obra de otros autores.
- Adriana Fernández: Tienen la enorme ventaja de abrir otros ingresos al libro material: la novela no te ofrece esa posibilidad, salvo excepciones, porque en general estás condenada a una cronología, a un capítulo detrás de otro. Un libro de poemas lo podés ingresar por donde quieras. A mí me gusta ver qué relato hay de un poema detrás del otro. Creo que hay una intención en la disposición. 

-¿Y creen que ese orden, esa disposición de los poemas, también está diciendo algo, como si fuera un relato?
- 
Andrea Donnini: Creo que sí, siempre. Toda selección, sea una antología o un poemario, debería estar diciendo algo con el orden en que un poema va detrás de otro. En nuestro caso hay dos historias, con toda la lógica de la narrativa: hay intriga, hay un estado inicial, hay un desenlace. Igual creo que esa condensación que tiene la poesía te permite acceder al texto por distintos motivos: porque te gustó, porque te llegó, porque te representó o porque te espanta.

-¿Qué les gustaría que el lector encuentre puntualmente en este libro?
- Andrea Donnini: Yo dudaba en dar una explicación previa, si debía aparecer en el prólogo o no. El origen de mi texto tiene que ver con una vuelta política muy compleja: después de la elección presidencial tuve una racha de taquicardias, quedé en observación con la pulserita puesta, y terminé entendiendo que estaba atravesando un ataque de estrés vinculado a esa sensación de "Dios mío, qué va a pasar". De ahí salió el primer origen del texto: una crueldad que sentí que me había pasado por el cuerpo, y que tocaba lo más sagrado de los vínculos amorosos. Por eso en el poemario esas relaciones amorosas aparecen desdibujadas, planteadas desde cierta perversión, cierto daño: como tocar lo más íntimo casi para destruirlo.
- Adriana Fernández: Nada que ver en mi caso. Pero sí en un sentido todo amor es político y nunca nada sencillo. Yo fui escribiendo por separado hasta darme cuenta que quería contar una historia y que quería dar miedo. Hay un personaje, el Gigante, que aparece tanto en este poemario como en "Querido Gigante", su última novela para chicos. Lo que me aparece es esta cosa del cuerpo enorme que aparece es este cuerpo que se va a imponer solo porque es enorme. Y en el medio de todo eso hay miedo: fui dando cuenta de que quería enfocarme en eso, en el miedo, mientras escribía.

-En un contexto de discursos violentos, ¿qué lugar puede ocupar la poesía frente a eso?
- 
Andrea Donnini: Estetizarlo. Es lo primero que me sale. Nunca habíamos hablado entre nosotras puntualmente de esto, de "dar miedo", pero me parece que el texto de Andriana busca dar miedo y el mío exorciza un miedo a través de la escritura. 
- Adriana Fernández: Dar miedo sin voluntad de lenguaje bello. Me interesa la llanura, la aparente denotación palabra por palabra, y que la intención poética aparezca en el conjunto.

- ¿Y el objetivo de esa sensación de miedo es que el lector reaccione ante algo puntual?
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Andrea Donnin: Sobre todo porque hay una situación de violencia contra la mujer que está más que a la orden del día. 
- Adriana Fernández: Hay una historia compleja, pero si tuviera que resumirla diría que hay una resolución, y en el medio también hay algo de venganza.
- Andrea Donnini: En mi caso también hay una violencia, pero es una violencia de exorcismo contra el amor.
- Adriana Fernández: Ella tiene una continuidad de estilo, una elegancia particular, que uno reconoce enseguida en su escritura. 

-¿Qué les dio a nivel personal poder escribir?
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Andrea Donnini: Es un espacio de libertad y expresión que enriquece, aunque suene un lugar común. 
- Adriana Fernández: Pero también es, para mí, un espacio de venganza: la literatura sirve para eso, es la venganza del lenguaje. Ahí podés hacer lo que en otros ámbitos no podés.
- Andrea Donnini: Y como amigas, nos dio una excusa más para hablar todos los días, aunque estemos a mil con el trabajo y con la vida. Experiencia de comadres.
- Adriana Fernández: El libro, como experiencia de publicación conjunta, nos abrió otras ideas para seguir adelante. Y de hecho ya tenemos ganas de explorar los aspectos dramáticos de los dos textos, porque sentimos que estas voces tienen un vínculo con la escena.

No es un libro de cuatro manos: dos amigas, dos poemarios y una misma zona de miedo

-¿Cómo describirían esta experiencia de compartir un libro después de más de treinta años de amistad?
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Andrea Donnini: Lo más natural del mundo, como hacer el almuerzo del domingo. Hay una confianza absoluta. Y lo que tiene Adriana es que tiene una mirada tan criteriosa, es tan inteligente, que da una tranquilidad enorme saber que estás en las mejores manos posibles.


-¿Cuál creen que es el rol de la literatura en este tiempo, marcado por una violencia particular?
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Adriana Fernández: Los tiempos de crisis dejan un espacio glorioso para la literatura, y lo digo en términos incluso de mercado. No hay demasiado consumo de los demás. Creo que estamos viviendo una crisis peor que la de 2001, porque es una degradación sostenida en el tiempo, no un estallido de pocos días. Y ahí la literatura ofrece esos búnkeres de juntarnos a hablar de lo mismo. No sé si usar la palabra resistencia, pero sí nos da ese espacio que nos leemos. 
- Andrea Donnini: Hay una necesidad de juntarse, de producir, de leer, de escuchar e intercambiar.

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