El Indec publicará este miércoles el índice de precios al consumidor (IPC) de marzo que, según estimaciones privadas, interrumpirá el proceso de paulatina desaceleración que mostró el indicador en diciembre, enero y febrero. Según estos cálculos, a pesar del parate económico agudizado por la cuarentena, la inflación del mes pasado se ubicó en torno del 2,6%.

La medición de marzo tendrá una particularidad. Por el aislamiento, el Indec suspendió los relevamientos presenciales a partir de mitad de mes, por lo que tuvo que apelar a otras metodologías para completar los datos faltantes (ver aparte). Los analistas consultados por el Banco Central en su último Relevamiento de Expectativas del Mercado estimaron en promedio un IPC del 2,6% mensual, 6 décimas más que en febrero.

BAE Negocios realizó un sondeo propio entre distintas consultoras: Macroview estimó 2,5%; Ecolatina, 2,6%; Eco Go, 2,7%; Seido, 2,8%, y Orlando Ferreres y Asociados, 3,6%. Es decir, una reversión de la tendencia de los últimos meses, incluso en momentos en que la economía empezó a sentir el impacto del coronavirus, con muchos productos que ni siquiera pudieron venderse y otros que sufrieron fuertes remarcaciones pese a los controles de precios oficiales.

Matías Rajnerman, economista jefe de Ecolatina, lo explicó así: "Marzo es un mes estacionalmente alto de inflación en Argentina. Hay dos rubros, que son educación -por el comienzo de clases- e indumentaria -por el cambio de temporada-, que dan valores de dos dígitos. Pero, de todas formas, la inflación núcleo dio alta, casi 3%, porque el dólar venía subiendo desde febrero y en marzo también subió. Esos fueron los dos motores: la cuestión estacional y la cambiaria".

El economista Martín Kalos señaló que el salto en algunos rubros se debió, además de a factores estacionales, "a algunos cuellos de botella en la provisión de ciertos productos, como con artículos de higiene y algunos alimentos". "Aún así, la mayoría de los precios no tuvieron aumentos tan significativos porque muchas cosas se están vendiendo menos y dependen del delivery para llegar al consumidor. O sea, hay algunos precios que impactan, pero lo fundamental es la inercia que se arrastra. Además, en este contexto, hay problemas para medir muchos productos", consideró.

En paralelo al aislamiento obligatorio, el Gobierno anunció una serie de medidas para mitigar el impacto del parate económico en los sectores más vulnerables, que incluyó estímulos fiscales y un paquete de inyección monetaria que el CEPA calculó en 1,3% del PBI. Incluso lejos de las teorías ortodoxas, que ven en la emisión el único factor inflacionario, algunos analistas advierten que el shock de pesos volcado a la economía puede impactar a futuro en los precios.

"El Gobierno es consciente de que la fuerte emisión puede tener impacto inflacionario, pero no tener una política expansiva sería peor. El riesgo es que se dispare la brecha cambiaria. Esos pesos dirigidos a las clases más bajas se van a volcar al consumo y van a ascender en la pirámide. Y en los sectores más altos, pueden ir a parar al dólar paralelo en lugar de a la inversión o al consumo. El impacto del blue en la inflación es limitado, pero el BCRA no puede dejar que se amplíe mucho la brecha porque eso alimenta un comercio exterior informal", planteó Rajnerman.

Kalos matizó: "Es un futuro tan incierto que no es fácil saber cuándo y en qué magnitud puede ir a precios esta emisión. Y es un problema de segundo orden en este contexto. Será clave cómo se sale de la crisis y también hay que ver cómo se van a manejar las tarifas, el dólar y los salarios. En lo inmediato, está claro que el impacto de la emisión es muy menor".