Una de las cosas interesantes de YouTube es la cantidad de películas completas que se pueden ver gratuitamente. No, es difícil que pueda acceder a grandes blockbusters por cuestión de derechos, pero se encuentra una grandísima cantidad de material que vale tanto -o más- que las películas más famosas por cero peso. En general, porque se suben con propósitos educativos y, muchas veces, con autorización del autor. En otros casos, han quedado en dominio público ya sea porque se venció el plazo de exclusividad del derecho de autor como porque los productores desaparecieron y el material quedó en el limbo. Aleluya por eso. En este caso, de todo ese material, vamos a recomendar documentales, muchos de ellos obras maestras que quedaron olvidados o enterrados. El documental no es, precisamente, el género más taquillero, pero en ocasiones es una auténtica obra de arte. Para buscar, ponga el título de la película más "subtitulado en castellano". De nada.

Empecemos pues por una obra maestra. Crumb es la opera prima de Terry Zwigoff, realizador de Ghost World (aquella en la que se sacaban chispas las adolescentes Scarlett Johansson y Thora Birch) y Bad Santa, sátira navideña con Billy Bob Thornton. Pero Crumb no solo es su primera película sino que además puede explicar la acidez y la cercanía al cómic incorrecto del resto de su filmografía. Sigue a Robert Crumb, el máximo prócer del comix underground estadounidense, y el propio dibujante, creador de Fritz el Gato, cuenta su historia de represión adolescente y obsesión sexual traspasada al dibujo. Pero es, también, la historia de sus hermanos, al lado de los cuales Robert parece la persona más normal del mundo. La película es un descenso alucinado a las consecuencias del "sueño americano" de los años cincuenta, a la escenografía montada el la era Eisenhower, a los rupturistas años de la psicodelia y al sentido del arte en sí. Es una película hipnótica.

Hablando de cosas "subterráneas", American Hardcore traza la historia, justamente, del hardcore y la furia post-punk en los Estados Unidos de la Era Reagan. Dirigido por Paul Rachman, cuenta con una enorme cantidad de testimonios de músicos que formaron bandas casi desconocidas, subterráneas, fugaces que, sin embargo, dejaron una huella indeleble en la historia musical de ese país y, de allí, en el mundo. Por momentos, el vértigo de la música y de los testimonios recupera el espíritu rebelde y desprolijo de aquel género musical. Entusiasmante, por cierto.

Otra obra maestra pero más antigua y con un director-faro detrás. Con intención didáctica, Roberto Rossellini realizó para la RAI una serie de biografías fílmicas que sorprenden por su modernidad. Entre ellas, Sócrates es una de las mejores (y de las que se pueden conseguir...) y narra la vida del célebre filósofo, así como sus problemas conyugales (su esposa era realmente una bruja, por decirlo suavemente). Lo sorprendente de Rosellini -método que utilizará en La toma del poder por Luis XIV, una de las grandes obras maestras del cine- es que no filma "con distancia histórica" ni con artificio, sino que lo hace "como si estuviéramos ahí", como si una cámara televisiva, justamente acompañase al maestro de Platón en la Grecia clásica. De allí que se acerque muchísimo más al documental que a la ficción, incluso si utiliza las herramientas de la segunda para lograr los objerivos del primero.

Si quiere divertirse y al mismo tiempo, preocuparse (mucho), The Atomic Café. Realizada completamente con material de archivo, la película parte de la primera prueba de la bomba atómica en Álamogordo más las imágenes de la bomba (siempre es "La Bomba") en Hiroshima y Nagasaki, y de allí hay discursos políticos, noticieros, propaganda que enseñaba a protegerse de los efectos de "La bomba" y mucho más. Lo que resulta divertido y trágico alternativamente, y nos recuerda -no es mal momento para recordarlo, dicho sea de paso- lo que fue vivir bajo la amenaza de la aniquilación total por el fuego radiactivo. De paso, también se encuentra en YouTube la ficción El día después, de Nicholas Meyer, que mostró un ficcional ataque soviético con misiles a los EE.UU.; esa película tuvo una influencia notable en instalar en el público universal la necesidad del desarme.

Finalmente, tienen otra obra maestra absoluta: El desencanto, del español Jaime Chávarri, todavía considerada una de las cumbres del género. El hombre entrevista a la viuda y los hijos del poeta Leopoldo Panero, un falangista que apoyaba fervientemente el régimen de Francisco Franco. Pero mientras hablan, estas personas deciden despojarse de todos los trazos de la apariencia, y desnudan la absoluta decadencia de esos valores antiguos que el franquismo sostenía e idealizaba. Por momentos, recuerda una película de terror gótica; en otros, surge el humor y la sátira. Lo mejor es que Chávarri nunca juzga: son sus propios personajes los que hacen todo el trabajo. Uno termina conmovido.

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Leonardo Desposito

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