Tras la frustración más grande de su ciclo, Sampaoli debe reinventarse
El DT, entre la espada y la pared: seguir probando o morir con una idea
La gira europea que nació marcada con la definición del entrenador de que Argentina “es el equipo de Messi”, terminó cerrada con un golpazo para -exceptuando al astro- todos los actores involucrados, jugadores y cuerpo técnico.
El triunfo ante Italia, que fue un aprobado con pinzas, sirvió. Pero la catastrófica derrota por goleada (1-6) a manos de España, orienta los cañones de las críticas a un destinatario principal que es el entrenador Jorge Sampaoli, a quien en diez partidos (5 ganados, tres empatados y dos derrotas) al frente del Seleccionado nacional de fútbol, se lo ha visto saltando de esquemas de modo desesperante poniendo en evidencia búsquedas estériles.
Probar es parte de su trabajo y se acepta. Pero no encontrar es lo que gana hoy la escena en torno a un Seleccionado inconexo y aturdido cuando la carrera a Rusia está a poco más de diez semanas, nada si se tiene en cuenta que el DT podrá encontrarse con sus jugadores -y quizá no todos- recién el 21 de mayo, cuando falten solo 26 días para el debut de Argentina en la Copa del Mundo contra Islandia.
Tan solo 90 minutos alcanzaron para que al técnico se le caiga toda la biblioteca dejándolo en una encrucijada compuesta de montones de interrogantes por resolver.
Los nombres definitivos de sus convocados, y máxime, qué estilo y dibujos tácticos debe enlazar cuando en sus diez encuentros al frente del equipo seis fueron los esquemas utilizados, y no por necesidades sujetas a si Lionel Messi estaría en cancha o no.
El propósito de dar con una identidad futbolística concreta es la gran materia pendiente de Sampaoli, que pasó de un 3-3-3-1 en su debut con Brasil (1-0 gol de Mercado, en Australia) y la débil Singapur (6-0, Fazio, Joaquín Correa, Papu Gó- mez, Paredes, Alario y Di María) a su primer retoque, un 3-4-2-1 por las Eliminatorias, en los empates con Uruguay (0-0) y Venezuela (1-1, Rolf Fletscher hizo en contra el tanto para Argentina).
De allí en más la búsqueda se tornó tortuosa y desconcertante.
En la antesala del duelo con Perú en la Bombonera (0-0 y el equipo fuera de zona de clasificación para el Mundial a una fecha de la finalización de las Eliminatorias), el casildense probó tres sistemas nuevos en Ezeiza (3-3-1-3, 4-2-3-1 y 4-3-2-1) para quedarse otra vez con su 3-3-3-1 con el que había iniciado su ciclo.
Tras cartón, con la soga al cuello, tres perlas de Messi en Quito (3-1 a Ecuador) taparon todo, un compromiso afrontado por primera vez con un dibujo con línea de cuatro en la defensa (Mercado, Mascherano, Otamendi y Acuña), 4-4-2.
Con el alivio del boleto mundialista el técnico volvió a plantar, en la visita a Rusia (en Moscú, 1-0 gol de Agüero), una variante de su idea original de tres en el fondo (Mascherano, Pezzella y Otamendi), 3-4-2-1, días antes de la estrepitosa caída 2-4 (Banega y Agüero) con Nigeria, partido jugado con otro esquema, 3-3-3-1.
Contra Italia, el pasado viernes en Manchester (2-0, Banega y Lanzini), Bustos-Fazio-Otamendi y Tagliafico asomaron como última línea para el ensayo de un 4-3-2-1, deformado a un 4-2-3-1 con Bustos-Otamendi-Rojo-Tagliafico atrás en la debacle contra los españoles en Madrid.
Si algo ha quedado claro es que si Argentina es uno de los candidatos a quedarse con la copa es porque tiene al mejor jugador del mundo. No porque su DT haya encontrado un equipo.

