Recientemente el premio nobel de economía Paul Krugman, en declaraciones muy difundidas en nuestro medio, criticó duramente al oficialismo sosteniendo que, en materia económica, se caracterizó por haber conseguido al mismo tiempo cuantiosos déficits fiscal y externo.

Para nuestros lectores ello no constituye una novedad, sino la reafirmación de lo que en reiteradas oportunidades hemos venido definiendo como Supercrisis.

Adicionalmente, en el período post elecciones PASO, la dolarización de las carteras de inversión y el muy bajo o nulo "rolleo"1, agravó aún más el cuadro de una economía que desde hace tiempo no es capaz de generar la cantidad suficiente de dólares para su funcionamiento.

La actual coyuntura suele compararse con la atravesada en 1989, cuando colapsó el gobierno de Alfonsín, o bien con la crisis del 2001, cuando lo hizo el de De la Rúa. Sin embargo, al analizar las especificidades propias de cada uno de los tres momentos históricos surge que, lejos de ser similares, el presente resulta más gravoso que aquellos antecedentes.

1989: la híper
Agotado el Plan Austral, el gobierno decidió, en agosto de 1988, lanzar el Plan Primavera, tratando de generar un puente, aunque precario, que le permitiera arribar a las elecciones del año siguiente.

El déficit fiscal ya no se podía financiar con ahorro externo y tampoco con los recursos provenientes del festival de bonos2, con el cual el sector privado doméstico había fondeado al Tesoro Nacional. Y, a su vez, se agravaba mes a mes por el efecto Olivera-Tanzi3.

En consecuencia, sólo quedaba la posibilidad de seguir honrando los compromisos del gasto público devengado, monetizándolo vía emisión, o sea, poniendo a funcionar a pleno "la maquinita".

Naturalmente, ello aceleró el proceso inflacionario, y la única ancla que le restaba a aquel esquema era aplicar, a través del Banco Central, la administración del tipo de cambio para conseguir que un cierto "precio cierto" evitara la espiralización de la inflación. Primero el goteo, y luego la aceleración de la pérdida de reservas, hizo insostenible el proceso y esa política llegó a su límite.

El final de la historia es conocido. La hiperinflación se instaló en el mercado y Alfonsín tuvo que dejar el gobierno.

2001: la mega recesión
Hacia el final del período de la convertibilidad, alcanzado el límite de financiamiento del resto del mundo al déficit de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos4 vía su Cuenta Capital5, el gobierno se vio obligado a buscar otras opciones para paliar el defecto en la oferta de dólares al mercado.

Así recurrió primero al blindaje, un préstamo sindicado por 40.000 millones de dólares otorgado por diversos organismos multilaterales de crédito, países y empresas, que el Tesoro podía ofertar localmente; y posteriormente, cuando comenzó a evidenciarse la inminente cesación de pagos, se pergeñó el Megacanje6.

Ello, más allá de incrementar notablemente el principal y sus intereses, no dejó más alternativa que profundizar la recesión7 para, de esa manera, generar una caída de las importaciones que permitiera revertir el déficit comercial.

Las graves consecuencias sociales, por la espiralización del desempleo y la pobreza, se hicieron insostenibles para la población.

En diciembre de 2001, como es trágicamente recordado por todos, el gobierno de De la Rúa colapsó.

2019 ¿el desabastecimiento?
La actual supercrisis, generada por el gobierno de la alianza Cambiemos, llevó la macroeconomía a una fragilidad tal que, en las últimas semanas, se produjo una aceleración en el proceso de dolarización de las carteras de inversión en pesos.

En ese marco, el incremento de la demanda de divisas, que las autoridades intentaron paliar con políticas de administración en el mercado de cambios, causó el surgimiento de múltiples paridades (oficial, blue, dólar bolsa, contado con liqui, entre otros), con una dispersión en el entorno del 20%.

Concomitantemente con ello, tanto "aguas arriba" (proveedores) como "aguas abajo" (clientes), las empresas vieron desaparecer las señales de precios que orientan las decisiones de producción y comercialización de los bienes y servicios.

En este contexto, asistimos ciertamente a la posibilidad de que comiencen con un proceso, por ahora incipiente y focalizado, de no abastecimiento del mercado8.

Si la indeterminación del valor del dólar y la destrucción de los precios relativos continúa, similares situaciones alcanzaran al conjunto de la economía, volviéndose especialmente crítico si afectara la normal provisión de alimentos.

En este aspecto, cabe consignar que, según estimaciones privadas, el stock promedio en "la alacena de la familia argentina" sólo es suficiente para satisfacer el consumo de un día y medio.

La anomía que alcanzaría a nuestra sociedad, si estos acontecimientos se des encadenaran, es lo que deben evitar los actores políticos, económicos y sociales, encontrando, en conjunto, las mejores soluciones.

1 Se produce cuando, post PASO, los inversores no renovaron las LETES, LECAP, etc. y el Ministro de Hacienda declaró la cesación de pagos de algunas emisiones.
2 Entre otros, podemos mencionar: Tidol, Denor, Tacam, Ticof, Bagon, Ledo, Leda, Lefa, Barra.
3 Se conoce como efecto Olivera-Tanzi a aquel que se produce en un régimen de alta o hiper infl ación, cuando el Tesoro Nacional recauda impuestos sobre facturas que contienen precios “no vigentes” y debe ejecutar los gastos con los “vigentes”.
4 La Balanza de Pagos es una estadística que resume sistemáticamente las transacciones económicas entre residentes y no residentes desagregadas en reservas internacionales y cuentas: Corriente, Capital y Financiera.
5 Lo que aquí denominamos Cuenta Capital equivale a lo que en la actual metodología oficial de elaboración de la Balanza de Pagos se denomina Cuenta Financiera.
6 Así se llamó al proceso por el cual se intercambiaron bonos de corto plazo, que no podían pagarse, por otros de mediano y largo plazo.
7 Eso se consiguió elevando la tasa de interés real.
8 Como ejemplo, basta mencionar la situación del sector petrolero y sus derivados. Al verse obligado a congelar sus precios en el mercado minorista, aunque con cierto reconocimiento de mayores precios en el mayorista, necesitará una modificación de esa restricción (o una compensación, lo cual afectaría aún más la situación fiscal) para evitar ir hacia la decisión que cualquier empresario tomaría en igual circunstancia: no entregar mercadería a sus clientes.

* MM y Asociados

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