Desde que Alberto Fernández, ahora de Kirchner, fue ungido con la candidatura a presidente por Unidad Ciudadana-PJ, los interlocutores con la Santa Sede reunidos en el panperonismo esperan un fax membretado con la llave de oro y plata del Vaticano que apruebe el rumbo tomado. La tecnología usada por los que protegen la seguridad del papa Francisco ya no desconcierta a gremios, fiscales y jueces, quienes suelen recibir los mensajes de los voceros del obispo de Roma y a los que se les ha explicado que ese método es buenos por dos razones: es menos hackeable que las llamadas telefónicas por estar fuera del radar de muchas agencias de inteligencia del mundo y también complica su comprensión a quienes no están familiarizados con la semiología vaticana.

La aprobación de los planes trazados por la cúpula del Instituto Patria no es menor: en Santa Marta piensan que la situación de Argentina se parece demasiado a la atravesada hace mas de 39 años por Polonia, donde hubo un movimiento de unidad nacional llamado "Solidaridad", una unión sindical, política y social que logró vencer al comunismo soviético. Casi cuarenta años después, sin los soviets en el poder, los estrategas apostólicos ven cómo amenaza el "plan polaco" al capitalismo salvaje. Así las cosas, en Argentina el "plan polaco" -que no pocos llaman "plan Wojtyla", por el fallecido papa Juan Pablo II- está articulado por un hombre que participó de aquel proyecto europeo y, ahora, también de su versión vernácula, el actual canciller de las academias pontificias Marcelo Sánchez Sorondo.

Pero el "plan polaco" no sólo estructura gran parte de Unidad Ciudadana-PJ sino también a Alternativa Federal, y en especial a los dos hombres con mejor relación con la Iglesia Católica, Miguel Ángel Pichetto y Roberto Lavagna, y a todos los gobernadores peronistas. Incluso a los más díscolos Juan Schiaretti y Juan Manuel Urtubey. En rigor, aunque la discusión por dentro del panperonismo con el consejo de los papales se remite a algo que ven inevitable: la renegociación de la deuda y qué porcentaje sufrirán de quita los acreedores. El ala izquierda del "plan polaco" afirma que la quita no puede ser menor al 65%, mientras que el ala derecha afirma que podría ser menor al 40 por ciento.

Del otro lado de la grieta, en tanto, se ubica el oficialismo y el "plan Ucrania" que el equipo de Mauricio Macri propone para el próximo mandato del actual presidente. El programa de los economistas que rodean al mandatario significa abandonar el actual Acuerdo Stand-By con el FMI y pasar a un Extended Fund Facility (EFF) como lo hizo Ucrania en marzo de 2015. Los "ucranianos" en la Casa Rosada también quieren imitar lo hecho en Kiev, donde se pactó con los cuatro fondos principales que habían comprado su deuda y negociaron una quita del 20% del principal de la deuda a cambio de un aumento del 7,2% al 7,75% anual en el cupón, más un premio por crecimiento de la economía con cupones PBI y cuatro años de postergación de los vencimientos.

Sin embargo, aunque financieramente posible, el plan ucraniano es difícil de tragar políticamente. Y es que pasar a un acuerdo de EFF, donde el FMI da todos los desembolsos juntos y el programa de monitoreo es más laxo, viene acompañado de programas de ajuste estructural que tradicionalmente traen consigo privatizaciones (como podría ser la venta de los activos del FGS, de YPF o del Banco Nación), reformas jubilatorias y de flexibilización laboral. Un camino que el Gobierno ya exploró en diciembre de 2017 y terminó con el Congreso sitiado.