Nuestro país ha acumulado años de populismo, reflejado en su sistema impositivo. Se repitió muchas veces en gobiernos de todos los partidos, no sólo en el peronismo -antes y después de Perón-, sino incluso bajo los militares, con el objeto de ganar el favor de los votantes, persiguiendo el deseo de quienes estaban al mando de permanecer en el poder.

Populismo lo defino como el otorgamiento de derechos materiales permanentes a la sociedad, sin explicarles de donde saldrán los recursos (siempre se utilizó la emisión de moneda o la deuda para engañar un tiempo y no subir los impuestos para que no se note). Ejemplo de esto son Jubilaciones a gente que no aportó, el empleo público, el reparto de bienes o servicios como la electricidad gratis o subsidiados, los dólares a valores regalados para consumo de baratijas o viajes a Miami.

Para poder regalar esto, nuestro país cada vez ha aumentado más los impuestos a las empresas, que luego se lo trasladan al consumidor. Consumidor que es muchas veces quien votó a aquellos que le regalaron las cosas, y que también es empleado del gobierno o empleado de las empresas que fabricamos y comercializamos los productos que deben comprar ahora más caro, a partir de los impuestos contenidos en los precios (mas del 100 % sobre el costo). Ese mismo consumidor luego se queja de las empresas, hasta que el gobierno que se lo regalaba y ya no lo puede hacer más, realiza una devaluación o les quita los ahorros, lo que genera una gran crisis. Ahora el consumidor se queja del gobierno y los deja de votar, iniciando un nuevo ciclo de populismo, eligiendo un gobierno que reemplaza al anterior y que promete que viene a hacer las reformas, pero que una vez que gana, se da cuenta que le gusta el poder, y quiere quedarse gobernando.

Todos subieron el costo de producir en Argentina y ninguno bajó el gasto público y los impuestos

Como el Estado cobra cada vez más impuestos y éstos se trasladan a los precios, los sindicatos estatales (que cuanto más suben los precios, más poder tienen) que representan a los empleados, a las maestras , a los policías, a las enfermeras, les reclaman al Estado que les suban los salarios a sus representados. Y el gobierno que quiere ganar elecciones, con alguna pequeña discusión para que no parezca que es dadivoso con la plata que no es suya, siempre termina otorgando este aumento que se le reclama, ya que luego ese aumento simplemente se lo traslada al resto de la economía como más emisión, más deuda y finalmente más impuestos.

La izquierda ha pedido que se den más beneficios para compensar el hambre y la crisis, aumentando el gasto. La derecha ha pedido que se abra la economía para bajar precios, sin bajar los impuestos, con lo que aumentó el gasto por la desocupación que generó. Todos subieron el costo de producir en Argentina y ninguno bajó el gasto público y los impuestos en 70 años.

Este es el fenómeno del perro que se persigue la cola. Aumentos de impuestos que finalmente requieren de más aumentos de impuestos. Diagnósticos errados generan uso de remedios ineficaces.

Muchos defienden como normal y soportable el Estado actual de los tributos como porcentaje del PBI, aduciendo que otros países también tienen esta presión, pero no es cierto. Mas que el porcentaje sobre el PBI, es importante saber a qué se le pone impuestos.

En otros países las empresas pagan impuestos solamente cuando ganan dinero, no como en Argentina que aún antes de empezar, las empresas comenzamos a pagar IVA e Impuestos al Cheque sobre la inversión, infinidad de trámites y tasas, impuestos al trabajo y demás, mucho tiempo antes de que el consumidor final haga su compra; impuestos que además debemos financiar a tasas exorbitantes.

En nuestro país el 80% o más de los impuestos, el Estado lo recauda a través de las empresas (que no votan) y en los países de los que tienen similar presión a la nuestra (y que desde hace años vienen bajándolo pues las inversiones se les están yendo a otros países), el 80 % se recauda a las personas (que votan) y por ello en el resto del mundo civilizado las empresas tienen prestigio y en la Argentina no. Por eso también en otros países las personas controlan el gasto público y en Argentina no.

Los productos en esos países son más baratos, la gente los consume; las empresas ganan dinero, invierten, emplean personal; el Estado les provee de servicios de buena calidad, no se convierte en empleador de gente sin habilidades; la sociedad se convierte en meritocrática, la gente estudia porque ser educado paga; la salud es buena porque las empresas privadas cuidan a su personal; y el Estado tiene buenos hospitales y la seguridad es buena pues existe empleo y no se requiere del robo para sobrevivir; y los policías, que son muchos menos pero son educados y entrenados, tienen los recursos suficientes para hacer su trabajo con respeto y con cuidado por su integridad física.

En nuestro país no podrían existir Amazon, Tesla, Apple, pues hubiesen sucumbido ante los impuestos, los frenos administrativos, las pérdidas periódicas del patrimonio por causas ajenas a la capacidad de quienes las crearon y dirigen.

Nuestro país debe, para lograr ser un país que crece y genere más de 500 mil empleos privados por año (300 por crecimiento demográfico, 100 para pasar del empleo en negro al blanco y 100 para pasar del Estado al privado), reducir de más de 105 impuestos y tasas a sólo 8 (en las que por supuesto está el impuesto a las ganancias de las empresas) para simplificar, eliminar incoherencias, y disminuir costo de pago y costo de cobro. Debe pasar de ser un país de recaudación unitaria y gasto federal, que promueve el gasto desenfrenado a todo nivel, a uno donde la mayoría del impuesto lo recaude y gaste la intendencia, luego la provincia y finalmente lo menos, el Estado nacional. Y debe dejar de recaudar sobre la generación de valor agregado, que es regresivo pues paga mas en relación a su riqueza el que consume más en el país (y dificulta además el empleo en blanco) a uno que recaude sobre lo que uno tiene y no puede llevarse (la propiedad de tierras libre de mejoras, el subsuelo y viviendas, es decir la riqueza). Finalmente debe recaudar sobre las cosas que perjudican su población o no tenemos en exceso, es decir el consumo de tabaco, alcohol y el juego y la energía domiciliaria.

El cambio bajaría los costos, aumentaría la oferta, disminuiría el volumen del Estado, y traería aparejado una disminución rápida del 70% del precio de los productos manufacturados en dólares, un aumento significativo del empleo privado, del consumo, de la exportación, una disminución de la importación de bien finales, un aumento de la importación de máquinas, del capital con su consiguiente aumento de productividad per cápita, de recaudación por aumento de actividad y una disminución del costo del Estado por salarios más bajos en dólares, pero con mas capacidad de compra. La inflación desaparecería y los ciclos económicos no serían tan violentos. Esto es un real aumento de la competitividad.

Esta es la alternativa a matar el enfermo para que no tenga fiebre. A la de destruir el patrimonio de los argentinos para que estos no tengan pesos para comprar dólares, y de ese modo extraño, destructivo, querer controlar la inflación, donde para controlarla estamos destruyendo la ya poca capacidad del país de generar riqueza.

Mi propuesta está basada en un modelo dinámico (a diferencia de uno estático) de la economía argentina con sus particularidades como la de ser una economía bimonetaria, con un estado elefantiásico, con sindicatos poderosos y jubilaciones que se indexan por inflación, con impuestos sobre las empresas y un gran sector informal, con una tendencia a la importación de bienes finales y un mercado de capitales muy chico, entre otras características. No está basado en un modelo teórico de un país que no existe.

Ante aquellos que sostienen que se produciría un cambio importante con nuevos ganadores y nuevos perdedores, debo recordarles que este año pasado hubo una devaluación de 100% donde todos perdieron, incluso los bancos; y que lo que yo propongo es que ganen aquellos que generan valor, que generan empleo. Y que, si alguien pierde, sean quienes sólo traen dinero para rapiñar con el Carry Trade.

Lo que propongo es que los argentinos debemos promover, removiendo los impuestos, el trabajar más; y que porque los argentinos mostramos que trabajamos y ganamos dinero, vengan inversiones del exterior a sumarse a nuestro proyecto de país en crecimiento, iniciando así nuevamente el círculo virtuoso que teníamos antes de que el populismo destruyera lo que hasta entonces se había logrado.

* Presidente y CEO de TN&Platex

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