El consumo en supermercados se desplomó 12,1% interanual en febrero, mientras que el de los shoppings sufrió un derrumbe incluso peor y llegó al 17,6%. De la mano de un ingreso deprimido frente a los altos niveles de inflación, las facturaciones de los comercios cayeron con fuerza en términos reales. El programa anunciado la semana pasada por el Gobierno para intentar apuntalar el consumo definitivamente se dio en un contexto complicado para los indicadores de ese componente de la demanda.

Los datos fueron publicados ayer por el Indec a través de las encuestas de Supermercados y Centros de Compras de febrero. Las recaudaciones, en ambos casos, se movieron bien por debajo de la inflación. De hecho, los shoppings vendieron por $5.506 millones, apenas 22,6% nominal por encima de febrero del año pasado. Los supermercados recaudaron $44.592 millones, sólo 40,5% del mismo mes del 2018.

Desde la consultora ACM afirmaron: "Las novedades del INDEC indican que el consumo en supermercados y centros de compras distan de recuperar los niveles de comienzos del año pasado, por lo contrario, exhiben caídas muy elevadas, incluso superiores al 15% en el caso de los centros comerciales".

Y adelantaron acerca de lo que viene: "En los meses próximos las altas tasas de interés junto con los malos resultados en materia de inflación y la caída del salario real que esto implica, esperamos que las ventas minoristas sigan mostrando variaciones interanuales negativas muy pronunciadas. En particular creemos que se observará una mayor caída en las ventas de bienes durables, dado que son aquellos bienes que requieren de financiamiento para su consumo".

De hecho, tal lo esperado, en marzo la dinámica continuó en la senda negativa. Según el indicador de consumo del Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala (ITE-FGA), la contracción interanual fue de 10,2%. Pero además hubo empeoramiento contra febrero, libre de factores de estacionalidad. Fue de 0,6% y mostró que al menos hasta acá la caída no encontró piso.

Hacia adelante la dinámica es enigmática. Contra los niveles deprimidos del primer trimestre, que según el ITE-FGA cerró "con una baja del consumo de 9,9% interanual y una de 2,4% respecto del ultimo trimestre de 2018", difícil es seguir cayendo. Sin embargo, la nueva escalada del precio del dólar, repleta de otras amenazas como la suba del riesgo país y los seguros de default, permite imaginar un escenario de mayor deterioro.

El programa oficial anunciado la semana pasada, y especialmente el congelamiento de los precios y tarifas y la nueva partida de créditos del Anses, tienen algún potencial cortoplacista. Pero, justamente, el éxito y la sostenibilidad de ambos dependerá de que el dólar se mantenga calmo.

Desde el CESO analizaron: "Las medidas pueden generar cierta alza del consumo en la previa electoral de hasta un 5% del consumo privado trimestral del país. Pero la política cambiaria continúa siendo el talón de Aquiles, ya que si el dólar se fuera cerca de los $50 implicaría un costo fiscal muy grande para mantener el congelamiento de las tarifas. Y un deterioro del consumo que anularía el efecto expansivo".