Una recesión más profunda que la esperada, el dólar sin un techo en el corto plazo y una inflación que aún no logra domar el Banco Central ya están afectando las proyecciones de crecimiento del 2019. La posibilidad de que el 2018 fuera el año en el que se rompía la dinámica de serrucho, con años impares y electorales creciendo, y años pares cayendo, una idea con la que el Gobierno se ilusionó, ya está perdida. El derrumbe del PBI en junio que se conoció la semana pasada, y ya da una caída de 0,6% para el acumulado del primer semestre, eliminó esa chance. Ahora la ilusión oficial se redujo a lograr mantener el famoso serrucho durante el 2019. Pero entre analistas la cuestión está cada vez más discutida: crece la duda acerca de que eso vaya a ocurrir.

De hecho, tras la publicación del dato del PBI de junio, algunos modificaron sus proyecciones 2019 para mal. Fue el caso del director del CESO, Andrés Asiaín, quien cambió desde una caída de 1,5% a una de 2,5%. Al respecto, explicó: "Lo revisamos a la baja porque la caída de la actividad viene más abrupta de lo que predecíamos". También fue el de ACM, que bajó desde un crecimiento de 1,4% a uno de apenas el 0,6%.

Otros ya venían revisando en los días previos, por la propia crisis cambiaria y la incertidumbre acerca de su estabilización. Ahí se anotó el director de FyE Consult, Hernán Hirsch, que ahora prevé una mejora del PBI de 0,6% en 2019 y explicó: "Vengo revisando hacia abajo. El programa con el FMI no está funcionando, el riesgo país se mantiene en niveles elevados y eso hace que la restricción financiera que enfrenta el país se torne aun más severa y se prolongue".

Y es que si no vuelven a ingresar dólares que apuntalen por el lado de la oferta de divisas, ayudando a compensar una demanda que este año está convirtiendo a la fuga y el rojo de la cuenta corriente en récord histórico, nuevas devaluaciones podrían seguir generando inflación, afectando al salario real, al consumo y a la inversión, que además sufre por una tasa de interés demasiado alta (que para colmo ahora recibe nuevas presiones, ante la nueva depreciación que el tipo de cambio registró la semana pasada).

A ese problema, que genera incertidumbre, se le suma otro que también se desprende de la crisis cambiaria y la necesidad que la zozobra generó, en el Gobierno, de ir a financiarse con el FMI. Algunos analistas consideran que el 2019 será un año atípico para ser eleccionario: por primera vez desde que se inauguró el serrucho, la capacidad de meter tirón de demanda vía obra pública dependerá del permiso del FMI. Lo explicó Guido Lorenzo, de ACM: "Sí, va a ser un año electoral atípico porque el gasto público no va a estar ayudando. Nos van a estar auditando. Vamos a depender de los permisos que nos pueda conceder el Fondo".

Ahora la pregunta es de cara al 2019. El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, previó hace unos días una sólida expansión punta a punta para el año que viene. El director de Eco Go, Federico Furiase, trabaja con dos escenarios: uno optimista en el que se restablece la confianza y vuelven a ingresar dólares, con un crecimiento de 1,5% gracias a las exportaciones del agro y la apreciación cambiaria. Y otro escenario más pesimista, que en los últimos días fue ganando terreno, donde los dólares no ingresan y se sigue devaluando, con una caída del PBI que podría llegar al 3% en 2019. "Más allá de estos escenarios de simulación, en 2019 no hay drivers nítidos de crecimiento más allá de la recuperación de las exportaciones por la normalización de la cosecha", explicó Furiase.

El director de Consultora Ledesma, Gabriel Caamaño Gómez, suscribe con el escenario optimista de Furiase y prevé un crecimiento de 1,7% en 2019. Pero aclara: "Para eso tenes que estabilizar la macro y eso todavía no se hizo. No es poca cosa. Pero con eso y la cosecha recuperando, alcanza para que dé positivo". Faltan 18 meses para saber si el Gobierno logra mantener el efecto serrucho. Chances hay, pero parecen ser cada vez menores.