Después de una semana de fuertes tensiones, el dólar minorista cayó hoy 74 centavos a $57,38 en el promedio de los bancos porteños, mientras que el mayorista cedió 25 centavos a $54,75. La baja llegó tras los discursos del flamante ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, y el presidente del Banco Central, Guido Sandleris, en los que no se anunciaron nuevas medidas pero se buscó transmitir un mensaje unificado de mayor firmeza para contener la corrida.

Otra vez se registró un muy bajo volumen de operaciones al pactarse nada más que US$544 millones. Casi la tercera parte de ese monto correspondió a las intervenciones de la autoridad monetaria que se mostró más activa: vendió US$112 millones propios en tres subastas y adjudicó los US$60 millones diarios que licita a cuenta del Tesoro.

El arsenal desplegado hoy se completó con algunas ventas puntuales de bancos públicos que ayudaron a moderar el precio de la divisa, participación oficial en el mercado de futuros y una fuerte absorción de $43.080 millones a través de las dos subastas diarias de Letras de Liquidez (Leliq), cuya tasa promedio se mantuvo en 74,96%.

"En una rueda con magro volumen de negocios, la estrategia oficial logró recortar levemente la fuerte suba de la semana pasada, acomodando los precios (mayoristas) debajo de los $55. Máximos en $55,80 y mínimos en los $54,50 dieron cuenta del extenso recorrido de los precios en la primera sesión de la semana", señaló Gustavo Quintana, operador de PR Corredores de Cambio.

Por su parte, Fernando Izzo, de ABC Mercado de Cambios, apuntó: "En el inicio de la jornada, el dólar abrió con un gap de 48 centavos a $55,48 y llegó a un máximo en la primera hora de operaciones de $55,80, pero en cuanto comenzaron las licitaciones del BCRA empezó a bajar".

No bien asumido Lacunza y antes de la apertura del mercado local, los funcionarios brindaron sendas conferencias de prensa con la intención de mantener un discurso unificado respecto de la importancia de reforzar la intervención oficial para "estabilizar las variables nominales" luego de la escalada del 25% que tuvo el dólar la semana pasada en medio de una estampida de fondos especulativos del país que se activó tras la contundente derrota de Mauricio Macri en las PASO. Una escalada que volverá a disparar la inflación y a hundir los salarios.

Luego de que el Alberto Fernández y sus economistas de cabecera dieran dijeran que el dólar  a $60 es "recontraalto", el objetivo del Gobierno será que la cotización orbite en torno a ese número. Así, se terminó de despedir formalmente a la banda de referencia ($39,75/$51,45), que en los hechos ya se había extinguido.

"La estabilidad nominal y financiera, tanto para el período electoral como para el posterior al 10 de diciembre, es nuestro objetivo prioritario", dijo Sandleris. Y agegó: "Hay un amplio consenso de que el tipo de cambio es ahora muy competitivo. El BCRA continuará utilizando una política monetaria restrictiva y las intervenciones cambiarias como instrumentos centrales para moderar la volatilidad nominal".

Luego de confirmar que "no hay plan B", el titular del BCRA ratificó la continuidad del actual esquema cambiario. Pese a que el mercado esperaba el anuncio de nuevas medidas, recibió con buenos ojos la unificación del discurso económico en torno a una premisa más clara luego de los erráticos vaivenes de la semana pasada y la insistencia en que se mantendrá el diálogo con los equipos económicos de la oposición.

En medio de las fuertes preocupaciones por la pérdida de casi US$4.000 millones de las arcas públicas en plena corrida, Sandleris afirmó que "las reservas internacionales son esencialmente para moderar la volatilidad en el tipo de cambio y garantizar la estabilidad del sistema financiero" y ratificó que "no se usarán para contener cotizaciones de activos financieros alejadas de sus fundamentos económicos", es decir, para recomprar títulos de deuda, como sugerían algunos analistas.

Sin embargo, las reservas volvieron hoy al centro de la escena ya que el Tesoro debió gatillar el pago anticipado de $2.600 millones por la cancelación de un contrato de recompra (Repo) con bancos privados extranjeros ante el desplome de la cotización de los bonos en dólares que actuaban como contraparte del préstamo.

Si bien el Gobierno se deshizo así de deuda por US$12.810 millones, el desembolso significará un duro golpe a las divisas del BCRA que no estaba previsto en el programa financiero de este año.

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