Hay quienes interpretan que el "acuerdo revisado" entre el gobierno argentino y el Fondo Monetario Internacional, aun sujeto a la aprobación de su Directorio Ejecutivo, es en esencia la cesión de todas las decisiones económicas al organismo multilateral.

Queda implícito en tal enfoque, la existencia de un plan injusto pero sustentable, así como la persistencia de una autoridad capaz de implementarlo.

Pero, más allá de que la lamentable imagen del ministro Dujovne y la titular del FMI bajo la enseña nacional diera pábulo a esta hipótesis, la realidad es, infelizmente, aun peor.

Lo que verdaderamente se deduce de las nuevas pautas del acuerdo, es que también el Fondo considera insostenible la política económica en curso, y ante el irremediable final, apuesta a transformar la explosión en implosión.

Por ello, la prohibición de expandir la base monetaria tiene como objeto evitar que se dilapiden los fondos desembolsados (como ocurriera durante la era Caputo en el BCRA) y que se apliquen a garantizar su finalidad original, esto es, el pago de la deuda soberana a los tenedores no residentes, considerando que es posible establecer una renegociación voluntaria con los locales.

Así, cual el domo invisible de la novela de terrori, el FMI intenta contener las ondas expansivas del colapso de la economía nacional, dentro de nuestras fronteras.

Desde su óptica, imposibilitado el éxito de cualquier salvataje, sólo le queda prevenir los contagios, a la región y al mundo, de la entropía argentina.

Argentina en cuarentena

En ese contexto, la restricción monetaria comprometida por el gobierno a través del BCRA, explicitada por su nuevo titular: "tomaremos las medidas necesarias para que la base monetaria crezca cero por ciento, en términos nominales de acá a junio del año que viene", es absolutamente descabellada dada la inflación inercialii, ya que lleva a la disminución de los saldos monetarios reales, provocando una espiralización de las tasas de interés, elevándolas a niveles ignotos para nuestra economía, incluso hasta su potencial indeterminación.

Esto genera incertidumbre en el cálculo de costos que deben realizar las empresas para operar en el mercado, dejando los precios de producción y comercialización, en las diversas cadenas, también indefinidos.

Oportunamente sostuvimos ("Subir la tasa de interés, un remedio peor que la enfermedad" BAE Negocios, 23/7/18), que "fiel a su impronta de la improvisación como ´modus operandi´, y con su característica incapacidad de caminar mientras masca chicle, el gobierno ha concentrado todos sus esfuerzos en la contención de la tendencia ascendente del tipo de cambio, elevando la tasa de interés, y en consecuencia el costo del crédito, a niveles inauditos". Por ello el impacto de este salto de nivel, sobre el ya deteriorado funcionamiento de la actividad económica, será de una severidad inédita, afectando a las compañías en un gradiente asociado a la elasticidad ingreso de la demandaiii de los bienes o servicios que ofrecen.

Como si esto fuera poco, la emisión diaria de Leliq, letras del BCRA a 7 días de plazo, rememora a las fallidas políticas implementadas entre el segundo semestre de 1988 y el primero de 1989, cuyo final es por todos conocido.

Ante el fracaso, no dilapidar los fondos del Fondo

El diseño económico pergeñado por el oficialismo está condenado a un estrepitoso fracaso.

Marcábamos la semana pasada ("Simuladores y negligentes", BAE Negocios,, 1/10/18) que el gobierno nos ha conducido hasta el borde del precipicio, y que había que evitar que nos llevara al fondo del abismo.

Bajo estas circunstancias, resulta clave que no se continúen dilapidando los fondos obtenidos del FMI, ya que todo será peor si se compromete el repago de la deuda soberana.

En el mismo artículo, también apelábamos a la responsabilidad de los actores que dieron sustento a la gestión de la alianza Cambiemos.

En esa dirección, resulta significativa la declaración emitida por el cónclave del partido centenario en Tucumán, que denota un principio de disposición a poner coto al comportamiento irresponsable de las autoridades gubernamentales.

De nada sirve sucumbir a la angustia y la desesperanza. Los caminos de superación de la Supercrisis serán tortuosos, pero posibles, en tanto se articulen los esfuerzos, más temprano que tarde, de quienes hoy representan a la oposición, e incluso, de los actuales y futuros desencantados de la alianza gobernante.

Esto es así ya que, hacia el fin de 2018, la deuda externa pública y privada argentina alcanzará los u$s435.000 millones, estableciendo un piso de servicios, en concepto de interés, en torno a los u$s20.000 millones para cada año.

Consecuentemente, será necesario generar un superávit, en el entorno de esa cuantía, en la balanza comercial, objetivo que no puede ser logrado de inmediato, aun contando con un tipo de cambio competitivo y la invaluable herramienta de la administración del comercio exterior.

Tampoco es esperable una repentina mejora de la recaudación de una magnitud que permita equilibrar de inmediato las cuentas fiscales.

Entonces, en ese "mientras tanto", los desembolsos del FMI representan una invalorable reserva para dotar a la economía, en un plan de contingencia, de los recursos faltantes hasta alcanzar su consistencia endógena.

En este marco, es imprescindible que los argentinos, ante este contundente diagnóstico, apelemos al espíritu patriótico que anida en el seno de nuestro pueblo, neutralizando a los "cipayos"iv, generando los consensos necesarios para que un gobierno de transición establezca las sólidas bases sobre las que se asentará el próximo Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable.

I. Under The Dome, novela de Stephen King.
II. Inflación incluso incentivada por el gobierno a través del aumento de tarifas y combustibles, entre otros.
III: Inflación incluso incentivada por el gobierno a través del aumento de tarifas y combustibles, entre otros.
IV. Soldado de la India de los siglos XVIII y XIX al servicio de Francia, Portugal y Gran Bretaña. Secuaz a sueldo.

*MM y Asociados

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