El empleo asalariado formal en el sector privado cayó 2,1% interanual en julio, lo que significó la destrucción de 131.200 puestos de trabajo. Con este derrumbe, la cantidad de personas contratadas bajo esta modalidad bajó a 6.083.900, un nivel incluso menor al del mismo mes de 2013. Es decir que, para encontrar un dato peor, hay que remontarse siete años atrás.

Según un sondeo oficial, hay más empresas que esperan despedir en los próximos meses

Los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), la mayor base de información del empleo registrado, publicados ayer por el Ministerio de Producción y Trabajo mostraron que, incluso antes del estallido de la corrida posterior a las PASO, la crisis laboral no se había detenido. Es más, la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) de agosto, un sondeo elaborado por la cartera que conduce Dante Sica que funciona como predictor del SIPA, que también se difundió este lunes, anticipó que el deterioro se profundiza al compás del recrudecimiento de la crisis económica.

En julio el SIPA contabilizó 12.107.100 trabajadores registrados, 106.400 menos que un año atrás, lo que implica que el ritmo de caída se desaceleró levemente al 0,9%. Respecto al mes anterior, la serie desestacionalizada se mantuvo sin variaciones, lo que muestra que la desaceleración se debe a una menor base de comparación, ya que en la segunda mitad de 2018 comenzó a plasmarse el impacto de la recesión.

El monotributo, una categoría de inscripción cuentapropista que suele encubrir relaciones de dependencia, fue el único motor a favor con la inscripción de 13.800 personas. Todas las demás modalidades expulsaron empleados. Es decir que, además de transferir trabajadores del sector formal al informal, la precarización también se da al interior del empleo registrado.

Por caso, en un mes se destruyeron en total 4.000 empleos asalariados, de los cuales 3.000 corresponden al sector privado. De esta forma, el trabajo privado en relación de dependencia se ubicó en julio en el nivel más bajo desde 2012. Si se toma en cuenta que la población crece alrededor de 1% por año, el cuadro se torna aún más preocupante.

Una vez más, la industria tuvo los peores números sectoriales (ver aparte). En plena primarización de la economía, la actividad manufacturera destruyó 54.500 trabajos en un año y desde noviembre de 2015, antes de la asunción de Mauricio Macri, expulsó a 147.000 obreros, el 11,7% del total.

Pero todos estos datos ya son historia antigua. Con el estallido de la corrida de agosto, que disparó la inflación e implicará un nuevo golpe para la ya deprimida actividad económica, la crisis laboral se acentuará en los próximos meses.

"La actividad de agosto no fue buena, como adelantan algunos indicadores. Eso debería tener un impacto en el mercado de trabajo", admitió Bernardo Díaz de Astarloa, subsecretario de Planeamiento Productivo, durante la presentación de los datos.

La única categoría que creció en el séptimo mes fue el monotributo, aseguró el SIPA

La EIL de agosto lo ratifica. Las 3.500 empresas encuestadas en 12 aglomerados informaron que el empleo privado cayó 2,5% interanual. En el Gran Buenos Aires, la baja fue del 2,9%. Además, las expectativas empresariales para los siguientes tres meses mostraron un nuevo deterioro: con más firmas dispuestas a despedir que a contratar, las expectativas netas fueron negativas en 1,1%.

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