Con el reconocimiento de la cláusula gatillo en el sector de Comercio que implica una recomposición salarial del 6% (por 2017) y la propuesta de suba salarial del 15% realizada por CAME para 2018, el aumento salarial "piso" para este año para este sector podría ser del 21%.

De este modo, éste incremento salarial "piso" ya implicará un ajuste mayor al aumento otorgado en 2017 del 20% e impondrá desde el inicio una presión de costos no menor. A su vez, en las próximas semanas terminarán reconociéndose nuevos ajustes salariales producto de las cláusulas gatillo acordadas en las paritarias de 2017 que en promedio para el total de los trabajadores formales podría implicar un reajuste de 3/4%.

Habrá una corrección alcista en la relación precios, salarios, tipo de cambio y tarifas

De este modo, los aumentos salariales del sector formal del 2018 tendrán dos componentes:

Uno de inflación "pasada" en torno al 3/4%, producto de la recomposición salarial demandada y acordada entre sindicatos y empresarios correspondientes al año 2017.

Y otro de inflación "futura" que sería como mínimo del 15%, si el Gobierno lograra imponer la meta inflacionaria para 2018 en las negociaciones salariales que están arrancando.

Naturalmente, si éste componente de inflación "futura" del 15% que quiere imponer el Gobierno, que depende de las expectativas de inflación futura de las familias y empresas, no es creíble, la presión inflacionaria de costos salariales para el 2018 será mayor al 18/19% y esto le impondrá un piso más elevado a la tasa de inflación del año.

Desanclado y con menor credibilidad

Las decisiones del Gobierno de disponer un ajuste de tarifas importante en 2018 (21.8% para el BCRA y 27% según nuestras estimaciones), de convalidar un deslizamiento cambiario del 12% en el año (100% anualizado) y de no frenar el ritmo de expansión monetaria que crece por encima del 25%, es claro que no serán gratis. En primer lugar, porque debilitan las anclas o las referencias inflacionarias existentes. La cambiaria por el deslizamiento del dólar convalidado por el Gobierno, mientras que es evidente que la que imponía antes con la meta de inflación ha perdido credibilidad luego del cambio de meta.

En segundo término, porque el crecimiento de la cantidad de dinero a más del 25% tenderá a convalidar la actual dinámica de precios-salarios-dólar.

Los modelos indican que la tasa de inflación se estará ubicando en niveles del 22% en 2018

Y, finalmente, porque esta situación lleva al Gobierno a reemplazar las anclas utilizadas por la salarial con los costos que ello implica: un mayor nivel de conflictividad con los sindicatos, un probable incremento del malestar social y una potencial pérdida de imagen positiva.

En la medida en que no se produzca un deterioro importante del contexto internacional, este escenario sin anclas entendemos que no implicará crisis en el corto plazo, aunque si una corrección alcista en la relación precios-salarios-tipo de cambio-tarifas con los riesgos y la mayor incertidumbre que generará durante el proceso de ajuste hacia la nueva trayectoria de equilibrio.

En 2018, con paritarias cerrando en torno al 21% (menores al 25.2% de 2017), ajuste de tarifas y precios reguladores de 27% (menor al 38.7% de 2017), un dólar subiendo 20% (mayor al 11.9% de 2017) y expectativas de inflación en niveles de 25% (29.1% según UTDT en 2017), nuestros modelos nos indican que la tasa de inflación se estará ubicando en niveles del 22% en 2018 (todos valores punta). Más aún, si tal como ya comentamos, la política monetaria continúa convalidando un ritmo de expansión de la oferta de dinero del 25% "plus".

*Consultor macroeconómico