El alivio que la coyuntura de una inflación a la baja para el mes de abril parece traerle al Gobierno aún no ha logrado trasladarse en alegría para los argentinos, que en un año de elecciones presidenciales son mucho mas importantes para el Gobierno como votantes que como consumidores.

 

Pero así como política y economía son hermanas de un mismo padre, el poder, la inflación y los votos caminan juntos. Acaso por eso, a pesar de los festejos aparentes en el territorio y las redes sociales por parte de los militantes de Cambiemos, los hacedores de la comunicación oficial saben que éstos números no dejan nada que festejar en términos politicos si se los saca del ”relato”: los precios minoristas crecieron 3,4% en abril, la inflación acumula en el primer cuatrimestre del año es del 15,6% y el alza del costo de vida asciende a 55,8% en los últimos doce meses.

 

El estado de malestar entre quienes perciben un salario que corre de atrás al costo de los alimentos y la educación, que fueron los que más subieron en el primer cuatrimestre, junto a los de los servicios públicos -por los ajustes de tarifas- y los combustibles, se hace evidente en las recientes encuestas. Una de ellas, hecha por la consultora Opinaia, muestra que el 74% juzga negativa la situación económica del país y pone a la inflación como el problema más grave del país en el mes de abril.

 

Es que pese a la desaceleración del 6% de marzo al 2,5% en abril del precio de los alimentos, la marca indeleble que dejó la suba del precio de los alimentos básicos, que aumentó hasta un 164% en el último año, estaría logrando un especie de efecto de “pass trough” en la política del malestar que causa la inflación en la economía. Y si bien originalmente el pass through hace referencia al impacto que tiene en los precios una suba del tipo del cambio, en este caso, el traslado negativo no se daría por un cambio en los valores del dólar, si no por el enojo que causa con los oficialismos la pérdida de poder adquisitivo de los asalariados. Muchos de ellos, votantes de Cambiemos.

 

Así las cosas, es claro que de seguir la inflación en este números lesiona cualquier ideología, dato no menor en un año electoral y en que el gobierno busca ser reelecto. Si a eso se la suma que inflación promedio interanual durante los gobiernos de Cristina Fernández – la aun no definida pero posible contendiente del oficialismo en las urnas- fue de 25% ,en tanto que la del gobierno de Macri alcanza el 38%. Datos que ponen en peligro cualquier estrategia electoral. Porque aunque desde la Casa Rosada se repita hasta el hartazgo los errores de los últimos 70 años, muchos en secreto acuerdan con una frase que parece escrita en piedra para los políticos: el músculo mas sensible del hombre es el bolsillo.